¿Qué significa ser normal? María Velasco explora en La Abadía las heridas de quienes nunca encajaron en ese concepto
Hay palabras que parecen fáciles de definir hasta que alguien pregunta qué significan. “Normal” es una de ellas. Se utiliza para hablar de lo habitual, de lo esperado, de aquello que se considera dentro de los límites aceptables. Pero ¿quién decide dónde están esos límites? ¿Qué ocurre con quienes quedan fuera? ¿Y cuánto de lo que consideramos normal aprendemos a serlo desde niños?
Son algunas de las preguntas que atraviesan Mantener fuera del alcance de los niños, el nuevo espectáculo de María Velasco, producido por La Abadía y Pecado de Hybris, que llega al teatro entre el 29 de octubre y el 22 de noviembre. La dramaturga, directora y Premio Nacional de Literatura Dramática 2024 se sube por primera vez al escenario de este teatro para recuperar, desde la experiencia personal, una infancia marcada por la sensación de no pertenecer.
La obra parte de una vivencia concreta: la de una niña que pasó por un aula de educación especial y que creció sintiendo el peso de las etiquetas y de la necesidad de encajar. Pero el recuerdo individual sirve a Velasco para abrir una cuestión más amplia: la de la norma como una construcción que determina quién pertenece al grupo y quién queda en sus márgenes. La infancia aparece así como el momento en que muchas de esas reglas empiezan a aprenderse.
En el colegio, en las pandillas, en las fiestas o en el aula, la pertenencia puede convertirse en una medida de valor. Ser diferente puede significar quedarse fuera, convertirse en objeto de burlas o aprender a ocultar aquello que no encaja con lo esperado. Mantener fuera del alcance de los niños mira precisamente hacia esas experiencias y hacia las huellas que pueden dejar muchos años después, cuando quienes las vivieron ya son adultos.
La propuesta se mueve entre el recuerdo y la fantasía para hablar de los “tormentos de no pertenecer”, pero también de la capacidad de imaginar otras formas de vida. Velasco recurre al lenguaje del terror y a figuras como Carrie, el personaje creado por Stephen King que convierte el rechazo sufrido durante la adolescencia en una fantasía de venganza. En este caso, la revancha también aparece ligada a la propia biografía de la autora y adopta la forma de una performance.
La obra se pregunta así qué sucede cuando la necesidad de ser aceptado termina imponiéndose sobre la propia identidad. La tiranía de la normatividad, el apego a la pertenencia, la meritocracia o la presión por responder a determinados modelos atraviesan una pieza que pone el foco en quienes han aprendido demasiado pronto que no cumplen con las expectativas de su entorno.
También en quienes observan desde fuera. Porque la pertenencia no se construye únicamente entre víctimas y quienes ejercen la exclusión. La obra introduce la figura de quienes participan de manera indirecta, quienes callan o siguen al grupo para no perder su propio lugar. Una dinámica que Velasco relaciona con el comportamiento de una manada: la necesidad de pertenecer puede llevar incluso a participar en aquello que hace daño a otros.
Desde esa perspectiva, la infancia deja de ser únicamente un territorio de juegos y aprendizaje para convertirse también en el lugar donde se ensayan las primeras jerarquías. El colegio, las amistades, la familia y el entorno social enseñan qué comportamientos son aceptables y cuáles deben esconderse. Para algunas personas, esa experiencia puede llegar a convertir la escuela en un espacio de trauma.
La obra recupera además otras formas de quedar fuera de la norma: el capacitismo, la discriminación racial, las dificultades de quienes crecieron sin referentes o la experiencia de niños y adolescentes que durante los años noventa todavía no podían vivir abiertamente su identidad. Son distintas caras de una misma pregunta: qué sucede cuando la sociedad establece un modelo de normalidad y alguien no encaja en él.
Del aula al escenario
Velasco no aborda estas cuestiones desde un formato teatral convencional. Mantener fuera del alcance de los niños combina texto, música en directo, danza contemporánea y performance en una propuesta a medio camino entre lo confesional y lo fantástico. La propia dramaturga escribe y dirige el espectáculo y comparte escenario con el cantaor flamenco Al-Blanco y el bailarín y performer Mario Patrón.
El flamenco funciona también como una vía para poner en diálogo dos formas de expresión. El “quejío” se encuentra con el “quejido” de unas infancias que no encontraron su sitio, mientras la música y el cuerpo amplían un relato que parte de la memoria personal pero busca trascenderla.
Es un territorio que Velasco ya ha explorado en trabajos anteriores, donde el teatro se encuentra con la música y la performance. En esta ocasión, esa mezcla sirve para convertir la experiencia de no encajar en materia escénica y, al mismo tiempo, para preguntarse qué hacemos con las etiquetas que recibimos durante los primeros años de vida.
Porque la cuestión no termina cuando acaba la infancia. Como recuerda una de las ideas que atraviesan la propuesta, todos los adultos han sido antes niños. Las formas de relacionarse, los miedos, la vergüenza o la necesidad de aprobación que se aprenden entonces pueden acompañar durante años a quienes las experimentaron.
Pero Mantener fuera del alcance de los niños no plantea la infancia únicamente como el origen de las heridas. También reivindica la capacidad de imaginar otras posibilidades. Frente a una norma que parece inamovible, la fantasía permite inventar otros futuros y cuestionar la idea de que aquello que se ha vivido necesariamente tiene que determinar quiénes somos.
En ese recorrido, la obra desplaza la pregunta desde quienes “no son normales” hacia la propia idea de normalidad. ¿Por qué unas formas de ser, de comportarse o de relacionarse se consideran naturales y otras necesitan una explicación? ¿Qué ocurre cuando alguien pasa demasiado tiempo intentando convertirse en aquello que los demás esperan?
La respuesta de Velasco no pretende establecer una nueva definición de lo normal, sino ponerla en cuestión. Y hacerlo desde el escenario, recuperando los recuerdos de una infancia que quedó fuera de determinados lugares para convertirlos en una experiencia compartida.
Mantener fuera del alcance de los niños podrá verse en la Sala Juan de la Cruz del Teatro de La Abadía del 29 de octubre al 22 de noviembre. La obra está coproducida por La Abadía y Pecado de Hybris, productora de María Velasco y Ana Carrera.