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La intrahistoria del adelanto electoral: “Es ahora o nunca”
Feijóo frenado por Vox y la izquierda activada: la jugada que vio Sánchez
'Construir más no solucionará la crisis de la vivienda', por Alberto Garzón

CRÓNICA

La campaña será un espectáculo digno de verse pero no apto para menores

5 de octubre de 2026 23:09 h

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Tanto especular con que Pedro Sánchez es imprevisible y genial, según sus partidarios, demoníaco en sus tramas con las que engañar a la población, según la oposición y su coro mediático, y al final el presidente hizo lo que se esperaba de él. No más conejos que salen disparados de la chistera. Puso fin a la legislatura sin dejar que las (malas) encuestas le condicionaran. No iba a encontrar una coyuntura mejor para ir a las urnas y la cita será cuanto antes, el 29 de noviembre. La derecha, siempre enfurecida, se puso aún más furiosa y se preparó para el combate definitivo.

En la España en la que el salario ya no garantiza tener medios suficientes para encontrar una vivienda que comprar o alquilar, Sánchez decidió que esa bandera es la única que le puede salvar. Quizá no esté claro qué significa salvarse para él, si le vale con ser el partido más votado aunque la derecha y la extrema derecha sumen la mayoría absoluta. Lo que es indudable es que un referéndum sobre la vivienda, si eso es posible, le conviene más que un referéndum sobre él mismo.

En la demonización del adversario que ha inspirado al Partido Popular, no es extraño que Alberto Núñez Feijóo dijera después que “esto va de que España gane a Sánchez”. No es la primera vez que afirma o sugiere que la verdadera España está con él y contra el Gobierno. La de los demás es una cosa rara y extraña. “Por fin, decidirán los españoles”, dijo Feijóo. Será que en 2023 decidieron los bosquimanos.

El PP tenía preparado un vídeo por si Sánchez convocaba elecciones con el eslogan “Por fin”. Aparecían muchos planos —la mayoría o todos sacados de bancos de imágenes, uno de ellos de Corea del Sur— con jóvenes subiendo escaleras a la carrera con la lengua fuera. No menos de la mitad podría formar parte de un anuncio de compresas o tampones. Igual es por lo de la alegría de vivir. Antes daban por hecho que la victoria sería un paseo porque los españoles no soportan a Sánchez desde hace tiempo. Ahora entrarán las lógicas dudas para que no se repita el fiasco de 2023.

Las encuestas dan al PP una ventaja que solo es real si se suma a Vox como futuro socio del Gobierno de coalición. Las últimas de El País y El Mundo, publicadas el lunes, colocan al PP en torno al mismo resultado que obtuvo hace tres años. Una legislatura repleta de contenidos explosivos y no les ha dado un voto más. Todo el malestar con el Gobierno ha caído en beneficio de Vox.

Sánchez sacó pecho en su discurso de los enemigos que ha acumulado en Moncloa. En la lista, aparecieron el Parlamento —“un Congreso muy bronco en el que absurdamente muchos confunden pactar con traicionar”— y la oposición. Con un toque populista, también se refirió de forma genérica a las elites: “Hemos tenido también que batirnos contra elites económicas y sociales muy poderosas que no se presentan a las elecciones”. Por definición, un Gobierno de un país desarrollado también forma parte de las élites.

“Ellos han comprado áticos y han privatizado hospitales”, anunció Sánchez. Tendrá que emplear cualquier recurso para movilizar a una izquierda deprimida por el desgaste de gobernar desde 2023 sin una mayoría segura en el Congreso. El truco de última hora fue la previsible aprobación en el Consejo de Ministros del martes de los dos decretos de vivienda rechazados por el Congreso la semana pasada y que serían ratificados un mes después en la Diputación Permanente del Congreso.

Eso se ha hecho antes, porque la Diputación Permanente, con sus 69 miembros, conserva las atribuciones del pleno durante este periodo de transición. La derecha lo considerará un ataque a la Constitución, aunque la Carta Magna establece simplemente que su función es “la de asumir las facultades que correspondan a las Cámaras en caso de que estas hubieren sido disueltas o hubiere expirado su mandato”.

En la izquierda, y de forma que no puede sorprender a nadie, el anuncio de elecciones pilla a Sumar, Izquierda Unida, Podemos y otros grupos sin los deberes hechos y la confusión de costumbre. Ante la negativa de Pablo Bustinduy a ser candidato de todos y que Ada Colau solo se ha dejado querer, Mónica García parece ser la candidata por defecto sin que haya empujones para disputarle el primer puesto. García no llega en una situación de fortaleza a causa de la huelga de la profesión médica contra su proyecto de estatuto profesional, que ahora ha decaído por el fin de la legislatura.

Podemos propone unas primarias con la esperanza de que Irene Montero destaque sobre las demás candidatas, pero lo hace porque las encuestas le dan solo un 2%. Por eso mismo, Sumar no muestra ningún interés en unirse a la idea.

La crispación y el juego sucio han sido tan abundantes en esta legislatura que se puede suponer que la campaña electoral será una pelea de barro. Por otro lado, se ha llegado a un nivel tan alto que no será sencillo superarlo. Isabel Díaz Ayuso y Santiago Abascal acudieron raudos a la cita. “Le pido a todo el mundo que ni se le ocurra votar por correo”, dijo Ayuso, confesando su debilidad por las conspiraciones. Abascal hizo la misma petición.

Se acerca bastante a lo que ha dicho Donald Trump en numerosas ocasiones, desde la campaña de 2020 hasta este año. “El fraude en el voto por correo es legendario”, dijo en marzo al firmar un decreto para restringirlo que fue anulado por los tribunales. A los republicanos no les convencía nada su actitud, porque podía desalentar a sus votantes de más edad que utilizan ese método. Curiosamente, hace unos días, Trump dijo lo contrario y recomendó que se ejerza el derecho al voto por cualquier medio, incluido el voto por correo.

La campaña del PP describirá un escenario infernal del que los auténticos creyentes se podrán salvar. Habrá otros que abandonen el camino de la verdad y serán arrojados al averno. Ahí Ayuso siempre tendrá un sitio en la mesa. Sánchez se juega su supervivencia política, pero Feijóo también, porque es su último intento de llegar a Moncloa. No habrá más oportunidades. Será intenso, pero no será bonito de ver. No se regirá por las reglas del marqués de Queensberry, sino por las de la Cúpula del Trueno (dos hombres entran, uno sale). Mantengan a los menores alejados de las pantallas.