Descubren en Cerdeña un pozo ritual con cerámicas llegadas de otros territorios hace más de 2.800 años

Un equipo internacional de investigadores ha identificado en el yacimiento nurágico de Barru, en el sur de Cerdeña, evidencias de un complejo episodio ritual ocurrido hace más de 2.800 años que combina depósitos votivos, armas simbólicas y cerámicas llegadas desde distintos puntos de la isla. El estudio, publicado en la revista Open Archaeology, concluye que el lugar dejó de tener únicamente una función defensiva o residencial y pasó a desempeñar también un importante papel simbólico y ritual durante el tránsito entre la Edad del Bronce Final y la Edad del Hierro.

La investigación se centra en el Nuraghe Barru, un complejo de varias torres situado en la región histórica de Trexenta. Allí, las excavaciones arqueológicas localizaron una cisterna-pozo sellada deliberadamente con losas de piedra caliza que contenía huesos humanos y de animales, fragmentos de cerámica y un gran recipiente ceremonial de cuatro asas depositado en el fondo del pozo. Muy cerca apareció además un depósito metálico con una espada de bronce y tres objetos interpretados tipológicamente como posibles navajas o cuchillas.

Los autores del trabajo sostienen que todos estos elementos forman parte de un acto ritual estructurado y no de un simple abandono del lugar. El análisis arqueológico indica que la escalera que conducía a la parte superior del nuraghe fue clausurada tras la deposición de los objetos metálicos, en un gesto que los investigadores interpretan como una forma de “sacralización” del espacio y de retirada de ese sector del uso cotidiano.

Una fortaleza reutilizada para prácticas rituales

Los nuraghes son las construcciones prehistóricas más características de Cerdeña: torres de piedra con falsa cúpula levantadas entre aproximadamente 1600 y 850 antes de nuestra era. Se calcula que llegaron a existir unas 7.000 repartidas por toda la isla. Aunque tradicionalmente se han asociado a funciones defensivas o residenciales, cada vez existen más pruebas de que algunos de estos complejos adquirieron también un papel ceremonial durante las últimas fases de la civilización nurágica.

El estudio explica que, a partir del final de la Edad del Bronce, comenzaron a proliferar en Cerdeña santuarios, pozos sagrados y templos específicamente dedicados al culto. En ese contexto, algunos antiguos nuraghes fueron reutilizados para prácticas rituales relacionadas con el agua, las ofrendas o el prestigio de las élites locales. Barru sería uno de los ejemplos más claros de esa transformación simbólica.

Cerámicas llegadas desde otras regiones de la isla

Uno de los aspectos más llamativos del trabajo es el análisis petrográfico realizado sobre 23 piezas cerámicas recuperadas en el interior del pozo. Los investigadores identificaron ocho tipos distintos de composición mineral y concluyeron que siete de ellos no eran compatibles con la geología inmediata del entorno del yacimiento. Eso sugiere que buena parte de los recipientes llegaron desde otras regiones de Cerdeña, algunas posiblemente situadas a varias decenas de kilómetros del complejo.

La investigación considera que esta diversidad refleja la existencia de redes de intercambio activas entre distintas comunidades nurágicas durante la transición hacia la Edad del Hierro. Los recipientes incluían jarras askoides, ánforas miniaturizadas y cuencos asociados en otros contextos al consumo ritual de bebidas fermentadas. Según los autores, la acumulación de objetos procedentes de distintos territorios refuerza la hipótesis de que Barru desempeñó un papel relevante dentro de una red regional de contactos, movilidad y ceremonias colectivas.

Espadas votivas y objetos de función incierta

El análisis químico de los objetos metálicos también aportó pistas importantes sobre su posible función simbólica. La espada hallada en el yacimiento, de 94 centímetros de longitud, estaba fabricada con una aleación muy pobre en estaño, algo habitual en las llamadas “espadas votivas” nurágicas, consideradas objetos ceremoniales más que armas funcionales.

Los tres objetos identificados como posibles navajas presentaban además una composición muy rica en cobre y con escasas proporciones de estaño, similar a la de la espada. Los investigadores consideran que estas características refuerzan la posibilidad de que se tratara de piezas con un valor ritual o simbólico más que utilitario.

El estudio señala además que estos objetos muestran ciertas similitudes con piezas documentadas en la Italia peninsular y en zonas del occidente europeo, lo que apunta a conexiones culturales más amplias en el Mediterráneo de la época. Aun así, los autores subrayan que todavía no existen pruebas de producción metalúrgica dentro del propio yacimiento y que serán necesarias nuevas investigaciones para determinar el origen exacto de los materiales. Para los investigadores, el yacimiento demuestra que algunos nuraghes siguieron desempeñando un papel relevante en la vida política y simbólica de sus comunidades incluso después del final de la gran época constructiva de estas monumentales torres de piedra.