Descubren en Argentina una extraña momia de mono vestida con plumas que pudo tener un uso chamánico
Una momia de mono aullador negro y dorado hallada en una colección museística alemana está ofreciendo nuevas pistas sobre las prácticas rituales y chamánicas de algunos pueblos indígenas del Gran Chaco sudamericano. Un estudio publicado en Archaeological and Anthropological Sciences ha permitido caracterizar con gran detalle la antigüedad, el recorrido histórico y el posible significado ceremonial de este singular ejemplar, considerado una de las únicas dos momias de primates conocidas en Sudamérica.
El espécimen pertenece a un mono aullador negro y dorado (Alouatta caraya) y destaca por conservar elementos decorativos elaborados con textiles indígenas y plumas de ñandú y de garza o cigüeña del Chaco. Según los investigadores, estos adornos podrían indicar un uso ritual o chamánico relacionado con creencias indígenas del Gran Chaco. La momia forma parte actualmente de la colección del Museo de Arqueología del Castillo de Gottorf, en Alemania, aunque antes había permanecido en el Museo de Etnografía de Kiel desde finales del siglo XIX.
Una pieza única llegada a Europa en el siglo XIX
La investigación ha permitido reconstruir parcialmente el recorrido histórico del ejemplar. Los registros del museo indican que la momia fue donada en 1892 por una persona identificada como “Th. Lamp” y enviada desde Montevideo, aunque su origen habría estado vinculado al Gran Chaco argentino. Durante décadas apenas existía información sobre el espécimen y había sido tratado sobre todo como un objeto etnográfico contemporáneo.
El nuevo estudio aplicó análisis genéticos, isotópicos, fenotípicos y dataciones por radiocarbono para determinar el origen y la antigüedad del animal. Los resultados identificaron a la momia como un ejemplar joven macho procedente probablemente de la región argentina de Misiones-Corrientes, relacionada por el estudio con el ámbito cultural del Gran Chaco. Además, la datación reveló que murió entre 1475 y 1644 d.C., situando el ejemplar entre finales del periodo prehispánico y comienzos de la etapa colonial.
Los investigadores concluyen que el cuerpo fue preparado de forma deliberada mediante un proceso complejo de secado y relleno. El mono fue vaciado parcialmente y rellenado con un material vegetal similar a la paja, mientras que sus ojos fueron extraídos y las fosas nasales ampliadas. La boca quedó abierta para mostrar los dientes, una decisión cuya función exacta todavía no está clara. Según el estudio, estas modificaciones indican una preparación intencionada mucho más elaborada que una simple conservación accidental.
La posible relación con rituales chamánicos
El trabajo también presta especial atención a la vestimenta de la momia. El animal conservaba una faja de algodón adornada con plumas de ñandú, otra elaborada con hilos de lana y un collar compuesto por plumas blancas de garza o cigüeña del Chaco. Los autores señalan que la faja blanquecina adornada con plumas recuerda a elementos utilizados históricamente por chamanes del pueblo indígena Ishir, lo que refuerza la hipótesis de un uso ceremonial.
La interpretación ritual se apoya además en distintas tradiciones indígenas recogidas en etnografías del Gran Chaco. Entre los pueblos Qom, por ejemplo, existían creencias según las cuales ciertos chamanes podían aprender de los monos aulladores y comunicarse con fenómenos atmosféricos como el viento, la lluvia o los relámpagos. Algunas tradiciones también atribuían propiedades rituales y curativas a máscaras elaboradas con piel de mono aullador. Entre los guaraníes, estos animales aparecían igualmente asociados a transformaciones humanas y a significados espirituales relacionados con los cantos y la enfermedad.
Para los autores, el hallazgo constituye una de las caracterizaciones científicas más completas realizadas hasta ahora sobre una momia de primate sudamericana y refuerza el interés creciente por la llamada arqueoprimatología. El estudio destaca que la pieza no solo aporta información sobre prácticas rituales indígenas, sino también sobre la intensa circulación de objetos etnográficos entre Sudamérica y Europa durante el siglo XIX, cuando numerosos materiales arqueológicos y culturales fueron trasladados a colecciones europeas.