Las raras focas monje usan cuevas ocultas en Formícula para descansar sin contacto humano durante el verano
Una sombra bajo el agua basta para alterar el descanso de una foca. En el mar, estos animales conviven con tiburones, orcas y grandes depredadores que aprovechan cualquier descuido para atacar, sobre todo a las crías o a los ejemplares jóvenes. Esa presión obliga a muchas focas a vigilar incluso mientras descansan, cambiar rutas habituales o permanecer cerca de zonas donde puedan desaparecer rápidamente.
Algunas se lanzan hacia aguas poco profundas para ganar tiempo; otras buscan entradas estrechas entre rocas o túneles donde un perseguidor más grande tendría dificultades para avanzar. El cansancio también influye, porque escapar durante horas consume energía y reduce el tiempo disponible para alimentarse. Esa pelea por encontrar un lugar seguro acaba alterando hábitos enteros de la especie.
La revista Oryx describió escondites usados bajo el Mediterráneo
La revista Oryx publicó hace unas semanas un trabajo que describe un comportamiento poco habitual de la foca monje del Mediterráneo. Según el estudio, varios ejemplares empezaron a usar pequeñas cavidades submarinas llenas de aire, conocidas como cuevas burbuja, para descansar lejos de embarcaciones y visitantes.
El trabajo fue desarrollado por investigadores del Tethys Research Institute y de la Octopus Foundation, que documentaron cómo estos animales pasaban largas horas flotando dentro de refugios casi invisibles desde el exterior.
El hallazgo apareció de forma accidental en el islote griego de Formícula. En 2019, el equipo instaló un sistema automático de vigilancia dentro de una gran cueva marina para seguir la presencia de focas monje. Durante una inspección posterior localizaron un corredor sumergido muy estrecho que conducía hacia una cámara oculta bajo el agua.
Aquella cavidad apenas tenía unos metros de extensión y permitía respirar gracias a una bolsa de aire situada en la parte superior. Los investigadores explicaron que solo podía alcanzarse atravesando túneles submarinos a más de un metro de profundidad, una característica que la convertía en un escondite extremadamente difícil de detectar.
Las grabaciones mostraron animales dormidos durante largos periodos
Las cámaras submarinas empezaron a registrar imágenes entre 2020 y 2021. Durante 141 días de observación, las focas aparecieron en la cueva principal únicamente en 30 jornadas, mientras que la pequeña cavidad inundada fue utilizada en 119 días. Las grabaciones mostraban ejemplares flotando inmóviles en la superficie, descansando sobre el fondo rocoso o permaneciendo suspendidos en posición vertical dentro del agua. El estudio también recogió escenas de animales dormidos boca abajo, con los orificios nasales sumergidos y largos periodos de apnea mientras descansaban.
Los investigadores detectaron además que aquellas cuevas podían albergar hasta tres focas al mismo tiempo. El comportamiento llamó la atención porque estos espacios carecen de plataformas secas donde los animales puedan salir del agua, secar el pelaje o regular la temperatura corporal.
J. Gonzalvo y el resto del equipo señalaron que la elección de estos refugios parece relacionada con la seguridad que ofrecen sus accesos ocultos. En este sentido, los animales se han dado cuenta de que estas entradas submarinas funcionan como barreras naturales frente a visitantes y embarcaciones recreativas.
La persecución humana expulsó colonias de numerosas playas
La situación contrasta con la historia de la especie. La foca monje del Mediterráneo estuvo durante siglos playas abiertas del sur de Europa, el norte de África y Oriente Próximo. Distintos trabajos científicos citados en Oryx recuerdan que aquellas colonias descansaban al sol en zonas costeras accesibles antes de que la persecución humana, la pesca intensiva y la transformación del litoral alteraran su distribución.
Hoy sobreviven apenas unos cientos de ejemplares repartidos entre Grecia, Turquía y varias áreas del Atlántico oriental. La Lista Roja de la UICN mantiene a la especie en situación vulnerable pese a la lenta recuperación observada durante los últimos años.
La presión turística aparece como una de las principales explicaciones del cambio de comportamiento. Los autores del estudio describieron episodios en los que visitantes accedían a cuevas usadas por las focas o se acercaban demasiado a los animales durante el verano. En situaciones extremas, esa presencia puede provocar que una madre abandone el refugio o se separe de su cría.
El trabajo también recuerda que algunas focas volvieron a descansar en playas abiertas de Grecia durante meses tranquilos, lejos de la temporada turística, un detalle que los científicos interpretan como una reacción directa a la reducción de molestias humanas.
Grecia limita embarcaciones alrededor del islote de Formícula
El descubrimiento ha abierto un debate sobre la protección de hábitats que hasta ahora se consideraban poco útiles para la especie. Los investigadores creen que las cuevas burbuja deberían incorporarse a los programas de conservación porque ofrecen zonas de descanso relativamente seguras en un Mediterráneo saturado de actividad humana.
A finales de 2024, el gobierno griego aprobó una zona de acceso restringido alrededor de Formícula y limitó parcialmente la entrada de embarcaciones en áreas sensibles. El estudio deja una imagen difícil de ignorar: uno de los mamíferos marinos más raros del planeta acaba refugiándose bajo el agua para poder descansar sin molestias.