Entre fuentes, jardines y mosaicos árabes: el alcázar almohade de València que recuerda a la Alhambra de Granada

El agua ha marcado durante siglos la identidad de Anna, un municipio valenciano situado en la parte baja de la Canal de Navarrés. El nombre de la localidad suele relacionarse con el Lago de Anna, sus gorgos, las cascadas del entorno y un casco urbano en el que todavía se conservan fuentes, lavaderos y distintas construcciones ligadas al aprovechamiento de este recurso. Dentro de esa conexión entre patrimonio, paisaje y memoria local se encuentra también uno de sus edificios más reconocibles: el Castillo-Palacio de los Condes de Cervellón.

El inmueble se ubica en pleno centro histórico, rodeado de calles tranquilas y de espacios donde el agua sigue muy presente. Sus orígenes se remontan a un alcázar almohade de los siglos XII y XIII, aunque el edificio actual es el resultado de varias etapas. Antes de convertirse en palacio, fue una fortaleza musulmana; más tarde pasó a manos de familias nobles cristianas y, con el tiempo, acabó transformándose en residencia señorial.

La comparación con la Alhambra de Granada cobra sentido al recorrer las zonas de inspiración árabe, donde aparecen patios, fuentes, mosaicos, yeserías y estancias que remiten al pasado andalusí. El apodo de “pequeña Alhambra valenciana” no implica que sea una réplica del monumento granadino, pero sí ayuda a entender por qué este castillo-palacio se ha convertido en una de las visitas más conocidas de Anna. Su interés reside tanto en esa huella islámica como en las estancias posteriores, las colecciones visitables y la conexión constante con la historia del municipio.

El Castillo-Palacio de los Condes de Cervellón

El Castillo-Palacio de los Condes de Cervellón tiene su origen en una fortaleza almohade levantada entre los siglos XII y XIII. Tras la conquista cristiana, el edificio pasó por distintas manos nobiliarias y fue adaptándose a las necesidades de cada momento. A lo largo de su historia estuvo vinculado a linajes como los Borja, los Condes de Cervellón o los Condes de Trenor, hasta que en el siglo XVII adquirió un uso más claramente residencial.

Esa evolución explica la mezcla de ambientes que se percibe durante la visita. El conjunto pasó de fortaleza defensiva a castillo señorial y, posteriormente, a palacio. Los Condes de Cervellón lo habitaron antes de venderlo en 1890. Ya en el siglo XX, el inmueble pasó a ser de titularidad municipal y, entre 2000 y 2007, fue sometido a una restauración orientada a recuperar su lectura histórica y a reforzar los elementos de inspiración islámica.

El recorrido interior permite conocer distintas partes del edificio. En las zonas inferiores se encuentran el aljibe y varios espacios que ayudan a entender cómo se gestionaba el agua en otras épocas, especialmente en un territorio donde este recurso ha sido clave. Las antiguas caballerizas albergan una colección etnológica relacionada con la vida cotidiana del municipio, mientras que otras salas se centran en explicar la historia local y la evolución del propio castillo-palacio.

Las áreas de inspiración árabe concentran buena parte del interés. El patio, el jardín de aire almohade y las estancias decoradas con fuentes, mármoles, mosaicos y yeserías evocan la etapa andalusí del edificio. Junto a ellas, la Sala Borja y la Capilla de Santa Ana reflejan la herencia de periodos posteriores, con una presencia vinculada al barroco. Las exposiciones y proyecciones completan el recorrido y ayudan a situar el monumento dentro de la historia de Anna.

Qué ver en Anna

La visita al castillo-palacio puede completarse con un recorrido por otros puntos del casco urbano. Anna conserva numerosas fuentes, como las de Santa María o la Balsa de Abajo, además del lavadero de la Plaza de la Alameda. También destaca el Camino de las Fuentes, un paseo ajardinado con una glorieta decorada con azulejos. En los campos del entorno aparecen acequias y construcciones hidráulicas que refuerzan la relación del municipio con el agua.

Uno de los espacios más conocidos es la Albufera o Lago de Anna, un entorno de agua dulce rodeado de vegetación que suele formar parte de las escapadas a la localidad. Es un lugar habitual para pasear, descansar o pasar el día, con zonas de pícnic y áreas acondicionadas según la época del año. Además, desde el entorno del lago se pueden plantear rutas hacia otros espacios naturales cercanos.

Entre los parajes más citados destacan los gorgos y cascadas que rodean la localidad. La ruta de las Tres Cascadas permite enlazar varios saltos de agua en un itinerario corto, mientras que el Gorgo de la Escalera es uno de los puntos más conocidos de Anna por su acceso mediante escaleras y su zona de baño interior. También figuran en el entorno lugares como el Gorgo Gaspar, la Fuente Negra o la Fuente de Marzo, todos ellos vinculados a ese paisaje de pozas y cursos de agua.

El recorrido patrimonial puede completarse con la ermita del Santísimo Cristo de la Providencia, situada en el barrio de las Eras. Su construcción está relacionada con el terremoto de 1748, cuando los vecinos se refugiaron temporalmente en los corrales y eras de esta zona. El edificio, finalizado hacia 1760, se levantó en honor a una talla del Cristo conocida en la localidad desde antes de 1703. De estilo barroco y planta de cruz latina, presenta una fachada rematada por una espadaña con una sola campana, un reloj solar de diseño valenciano en uno de sus laterales y piezas repujadas en cobre en su interior.