La ruta senderista de València entre puentes colgantes que avanzan por un desfiladero hasta una piscina natural espectacular

Charco Azul de Chulilla.

Edu Molina

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Chulilla se ha consolidado como uno de los destinos de interior más populares de la provincia de València para quienes buscan una ruta de senderismo junto al río Turia. El municipio está rodeado de un entorno marcado por paredes de roca, barrancos y varios miradores naturales, donde el paso del agua ha ido dibujando un paisaje muy característico dentro de la comarca. Entre sus recorridos más conocidos destaca la Ruta de los Puentes Colgantes, un itinerario que permite adentrarse en el Cañón del Turia y acercarse a uno de los puntos más visitados de la zona: el Charco Azul.

Uno de los principales atractivos de esta ruta es la variedad de escenarios que se suceden a lo largo del recorrido. El itinerario arranca en el propio casco urbano de Chulilla, una localidad de aspecto medieval, y desciende de forma progresiva hasta el fondo del desfiladero. A medida que se avanza, las calles del pueblo quedan atrás y el paisaje cambia hacia la roca caliza, las paredes verticales y el cauce del río, encajado entre cortados que en algunos tramos superan los 80 metros de altura. Esta transición hace que el interés visual esté presente desde los primeros metros.

Aunque suele catalogarse como una ruta sencilla y accesible, no conviene afrontarla como un paseo sin esfuerzo. El recorrido presenta desnivel, con un primer tramo de bajada y otro posterior de subida, y hay zonas donde es necesario caminar con cierta atención. Aun así, su duración moderada y las distintas opciones de recorrido hacen que sea habitual entre familias, senderistas con poca experiencia y visitantes que buscan una escapada de naturaleza cerca de València. En este contexto, el Charco Azul, con sus aguas tranquilas rodeadas de roca, suele funcionar como uno de los principales puntos de llegada.

La ruta por los puentes colgantes y el Charco Azul

El itinerario comienza en Chulilla, lo que permite conocer el municipio antes de adentrarse en el entorno natural. Desde el casco urbano, la ruta desciende hacia el Cañón del Turia por un tramo con cierta pendiente, donde se concentra buena parte del esfuerzo inicial. Esta bajada acerca de forma progresiva al cauce, en un paisaje que se estrecha y en el que aparecen los primeros tramos del desfiladero. En este punto conviene avanzar con calma, sobre todo si se realiza con niños o con personas poco habituadas a caminar por senderos.

A medida que el recorrido se aproxima al río, aparece una bifurcación en la que es necesario continuar por el sendero principal en dirección a los puentes. A partir de ahí, el camino sigue por una pasarela de madera entre paredes de roca caliza. Este tramo permite observar cómo el Turia ha excavado una garganta profunda, con cortados verticales que marcan el paisaje y explican la presencia de pasos elevados para cruzar el cauce.

Los puentes colgantes de Chulilla se construyeron en los años cincuenta, durante las obras del embalse de Loriguilla. Su objetivo era facilitar el paso de los trabajadores que se alojaban en el municipio y necesitaban acceder a la zona de construcción. Estos pasos permitían acortar distancias en un terreno complicado, condicionado por el río y la profundidad del cañón. Con el tiempo, han pasado a ser uno de los principales atractivos senderistas del entorno.

Puentes colgantes de la ruta.

El puente más alto se sitúa a unos 15 metros sobre el cauce y tiene una longitud de algo más de 20 metros. El segundo, más bajo, ronda los 5,5 metros, aunque su recorrido supera los 28 metros. Ambos permiten cruzar el Turia y observar el desfiladero desde otra perspectiva, con las paredes rocosas a ambos lados y el río bajo la estructura. Es, además, el tramo más reconocible de la ruta y uno de los puntos donde más se detienen los visitantes.

Tras cruzar los puentes, el recorrido continúa entre barrancos, miradores naturales y zonas próximas al río. En algunos puntos se puede ver Chulilla en la distancia, mientras el sendero alterna tramos de roca y vegetación. La ruta completa hasta el embalse de Loriguilla, ida y vuelta, puede realizarse en algo más de dos horas y media, aunque el tiempo depende del ritmo, las paradas y la afluencia en los tramos más estrechos.

El acceso al Charco Azul es una alternativa más corta para quienes prefieren centrar la excursión en este enclave. El recorrido circular tiene unos 3,6 kilómetros y un desnivel acumulado de alrededor de 220 metros. También se puede realizar solo la bajada y volver por el mismo camino, en un trayecto de unos dos kilómetros y cerca de 120 metros de desnivel. En ambos casos, la dificultad es moderada, principalmente por la subida de regreso.

El Charco Azul es un remanso del río Turia situado cerca del casco urbano, al pie de las paredes del cañón. Una de sus imágenes más conocidas es la del embarcadero de madera junto al agua, rodeado de roca y vegetación. Durante los meses de calor, este espacio se utiliza como zona de baño, aunque es necesario respetar el entorno, utilizar los accesos habilitados y evitar conductas que puedan afectar a la conservación del paraje.

La ruta reúne así algunos de los elementos que explican el interés senderista de Chulilla: un inicio desde el propio municipio, el descenso hacia el Cañón del Turia, los puentes colgantes vinculados al embalse de Loriguilla y un enclave natural como el Charco Azul. Sin ser un recorrido largo ni técnico, requiere una preparación básica, con calzado adecuado, agua y atención al desnivel, lo que la convierte en una de las opciones más conocidas del interior valenciano.

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