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Coyuntura perfecta

La profunda descomposición del sistema por un lado (“no nos representan”), y la abrumadora y creciente desigualdad social están haciendo aparecer la Coyuntura Perfecta para romper con toda la situación actual.

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En muy contadas ocasiones se da el extraño fenómeno de coincidir “aquí y ahora”, algunos hechos sociales de la envergadura suficiente como para poder originar rupturas sociales y políticas casi inimaginables y difícilmente previsibles.

Sin embargo, y en mi opinión, hoy nos encontramos en Canarias y en España ante una de esas insólitas Coyunturas Perfectas. Porque dos acontecimientos, solo aparentemente extraños entre sí, están arrasando nuestras sociedades y devastando lo que hasta ahora llamábamos nuestra Civilización, dejando sin futuro a la inmensa mayoría de nuestros jóvenes y amargando la existencia a una parte cada vez más importante de toda la sociedad adulta.

1.- El primero de estos elementos aparece de forma obsesiva y recurrente en las noticias con que amanecemos todos los días y que nos van desgranando el interminable rosario de corrupciones varias. No creo que sea necesario recordar aquí los innumerables casos que a todos nos asquean y enfurecen. Sí subrayar que todos los más conspicuos, tienen su origen en el control inmisericorde que ejerce lo que llamamos el Poder Económico sobre las instituciones políticas. Y es que ha saltado por los aires la cultura política que atesorábamos desde Montesquieu. Que se basaba en la separación de los tres Poderes (Legislativo, Ejecutivo y Judicial) y su equilibrado contrapeso, de forma que los posibles desmanes de cualquiera de ellos serían controlados de forma eficaz por los otros dos.

Pues bien, hay que reconocer que hoy aparece un Nuevo Poder, el Económico, basado en un desaforado proceso de acumulación y concentración de capital, capaz de poner en fila a los otros tres Poderes y forzarlos a que actúen en lo fundamental de acuerdo con sus intereses de oligopolio. Todo esto se ejemplifica a la perfección en el hecho conocido como “puertas giratorias”, que explica la perversión de los comportamientos sociales y políticos de nuestra dirigencia Y provoca la corrupción que hace irrespirable y hediondo nuestros aires. En suma, el sistema institucional de nuestro país esta todo él en descomposición.

2.- El segundo de los hechos es una derivada de lo anterior. La corrupción sistémica rompe cualquier vestigio que quedara del viejo Contrato Social que legitimaba hasta ahora a nuestra convivencia, quita todos los frenos, privilegia a los más poderosos mediante la desaforada concentración del Poder Económico y genera más y más desigualdad. Está constatado que a lo largo de los últimos años de la crisis, los ricos se han hecho más ricos y los pobres, más pobres. Por supuesto, esta afirmación va a ser tachada de demagógica y populista (amén de grosera y falta de delicadeza) por parte de los explotadores y sus desgraciados compañeros de viaje. ¡Bonito fuera! Pero que no se disparaten, se trata de la demagogia de los hechos. De acuerdo con los datos de la OCDE (nada sospechosa de posturas bolcheviques) a lo largo del período 2007-13, el país en el que la desigualdad social creció con más fuerza, fue España. El paro (5,4 millones según la EPA) es sin duda la mayor tragedia, pero comienza a aparecer una nueva situación, desconocida hasta ahora. Y es que el 12% de las personas que tienen trabajo no sobrepasan el umbral de la pobreza. Es decir la degradación de los salarios ha llegado a tal punto que el conseguir hoy un trabajo no significa salir de la miseria. Por último, los continuos y próximos recortes de los Servicios Públicos Básicos hacen sufrir a la gente a la que, además, se le está metiendo el miedo en el cuerpo sobre la sostenibilidad del sistema público de pensiones…..

En resumen, estos dos hechos, la profunda descomposición del sistema por un lado (“no nos representan”), y la abrumadora y creciente desigualdad social están haciendo aparecer la Coyuntura Perfecta para romper con toda la situación actual.

Pero esto no ocurre por primera vez en la historia de los “países desarrollados”. Algo parecido ocurrió por ejemplo en la década de los noventa del siglo pasado en Italia. Lo que se llamó entonces la “Tangentópolis”. La corrupción masiva ligada a la mafia,  reventó el sistema político de entonces. Lo que parecía inimaginable ocurrió. La decadente Democracia Cristiana y el difuso Partido Socialista (con su Secretario General, Craxi, que acabó en el exilio huyendo de la Justicia por corrupción) desaparecieron sin apenas dejar rastro. Más tarde también desapareció el Partido Comunista Italiano (¡nada menos que el PCI!). El terremoto fue colosal. Pero es imprescindible recordar qué fue lo que sucedió después. Porque la aparición posterior del personaje Berlusconi y de Forza Italia, nos ilustra que después de una Coyuntura Perfecta puede aparecer cualquier cosa. También es imprescindible recordar que en la Francia actual, el partido político que está rompiendo todos los moldes es nada menos que el extremista y xenófobo partido de Le Pen.

En otras palabras, que la Coyuntura Perfecta que vivimos hoy puede tener multitud de desenlaces y que nada está ni escrito, ni mucho menos garantizado que ocurra.

Por eso es fundamental retener la necesidad imperiosa de conseguir el encauzamiento democrático de las formidables fuerzas de transformación en presencia. Que están atravesadas por el miedo a lo desconocido y, de otro lado, por el más radical rechazo de lo existente y la más deslumbrante esperanza de conquistar un “mundo mejor”. También por eso, en la opinión de muchos que comparto, la única estrategia para garantizar una gestión civilizada del momento, pasa por la necesidad de incorporar a la inmensa mayoría de ciudadanos concernidos, en la organización, movilización y conquista de ese objetivo. Que supere el nivel primario del imprescindible cabreo generalizado, y vaya reconquistando la cultura y los valores de la cooperación y la solidaridad frente al único y exclusivo becerro de oro de la competitividad que le ofrece el sistema actual. Que intenta violentar a todo el mundo para que se convierta en un emprendedor “un competidor del otro, al que solo le une la relación de competencia” en palabras del filósofo Juan García Montero.

La conclusión de lo anterior cae por su propio peso. Se necesita crear y organizar, a partir de los poderosos movimientos sociales aparecidos en los últimos tiempos, un Frente Amplio (o como se le quiera llamar), sostenido objetivamente por la inmensa mayoría de los ciudadanos y que tenga como objetivo la conquista de una sociedad civilizada y justa. Y es que la consecución de esa convergencia mayoritaria viene facilitada por la propia descomposición del actual hipercapitalismo depredador. Que, en los últimos tiempos, tiene como mayor logro el haber desmantelado y casi aniquilado las mayoritarias clases medias nacidas después de la Segunda Guerra Mundial.

A partir de esa situación, estoy convencido de la gran facilidad de alcanzar un Acuerdo Programático para los próximos cuatro años. Simplificando de forma grosera las ingentes tareas que habrá que afrontar, es viable llegar, entre otros, a Acuerdos sobre los siguientes  aspectos:

A).- Una profunda Reforma Fiscal progresiva, igualitaria entre rentas del trabajo y rentas del capital (con la correspondiente derivada hacia la Unión Europea), con niveles de recaudación situados en la media europea y con un Plan contra el Fraude, bien dotado y con el objetivo de alcanzar esa misma media en los próximos cuatro años.

B).- Pasar a control público algunos de los sectores estratégicos más significativos para el día a día de los ciudadanos, de forma que desaparezcan algunos de los elementos que hoy generan sufrimiento, desigualdad e incluso ineficacia. Hablamos del sector bancario, del energético, de los transportes públicos, incluidas sus infraestructuras (el caso de la privatización de AENA, tan importante para la economía canaria, sería bloqueado o revocado de inmediato).

C).- Poderosos instrumentos para atajar el hasta ahora imparable crecimiento de las desigualdades sociales. Que se concreta en buscar la excelencia en los Servicios Públicos fundamentales como Educación, Sanidad, Dependencia y Jubilación. Al tiempo que se establezca una Renta Básica de Inserción con el doble objetivo de acabar con la exclusión social y dinamizar los multiplicadores de la actividad económica.

D).- Abrir un nuevo proceso constituyente que actualice las viejas aspiraciones de libertad, igualdad y fraternidad. Donde se blinden y garanticen constitucionalmente las condiciones de una vida digna para todos los ciudadanos. Y donde la organización territorial del Estado sea fruto de una amplia discusión y posterior ratificación popular.

Por último, el posible Acuerdo sobre un Programa de esas o parecidas características y que resulta objetivamente sencillo de acordar, se va a encontrar con importantes dificultades para la plasmación en un a Propuesta Electoral para llevarlo adelante. La desconfianza de las organizaciones políticas entre sí y, sobre todo, la desconfianza generalizada de la ciudadanía hacia la Política con mayúsculas, constituye un importante obstáculo.

Hará falta grandeza y altura de miras de todas las partes, y una toma generalizada de conciencia política,  para facilitar la consecución de ese Acuerdo que incluya una Declaración de Principios Éticos, la Revocabilidad de los cargos y la Limitación de mandatos.

Y el instrumento de las Listas Abiertas, con las garantías democráticas correspondientes, constituye el método que facilitará la puesta en pie de ese nuevo sujeto político colectivo que sea capaz de gestionar democráticamente el proceso de cambio.

Acabar recordando que si estamos ante esa Coyuntura Perfecta, nos encontramos ante una Situación de Emergencia. Y que ante situaciones extraordinarias hay que inventar respuestas excepcionales. Si somos capaces de gestionar democráticamente las movilizaciones sociales, lo difícil sería no ganar. Porque de eso se trata. No de colarse en los Parlamentos, sino de conquistar mayorías de Gobierno para cambiar nuestras vidas.

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