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Crisis política a la italiana

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El programa de Prodi representa un giro a la derecha, un guiño a los democristianos de centro, también a la Iglesia católica, y la voluntad de asumir personalmente el control absoluto del ejecutivo. “Coherente con el principio de asegurar la plena eficacia en la acción del Gobierno, al Presidente del Consejo se le reconoce la autoridad de expresar de manera unitaria la posición del Gobierno mismo en caso de divergencias entre los ministros". Desaparece el proyecto de ley sobre parejas de hecho. Aumentará las subvenciones a la enseñanza de los curas y la privada en general. De esta manera, aspira a disciplinar a la derecha de su coalición. Y espera que los dos diputados comunistas (Fernando Rossi y Franco Turigliatto) que no votaron a favor de la financiación de la guerra sean sancionados por sus propias formaciones. Prodi quiere también atraerse con esta política o neutralizar al menos algunos diputados de Silvio Berlusconi, quien anda lanzando advertencias a los diputados de su coalición: “La izquierda tendrá los votos para gobernar cuando pague la traición de algunos de los elegidos del centroderecha”. El primero de los puntos del programa Prodi hace referencia a la política exterior, de cuya ambigüedad calculada sólo cabe esperar la insistencia en la misma política rechazada por el Senado. Recuerda las responsabilidades internacionales de Italia, habla de la paz, de las Naciones Unidas, de la pertenencia a la Unión Europea y a la OTAN… y “de la actual participación en la misión afgana”. Sobre la construcción de la segunda base militar estadounidense en Vicenza, ni palabra. Y eso que los gringos le han echado una mano. El Pentágono renunció al gran proyecto y parece conformarse con una ampliación menor de la base actual con la idea de ahorrarse la oposición popular al condescendiente Gobierno italiano. Más allá de la aritmética parlamentaria, que probablemente proporcione oxígeno provisional a la coalición de Romano Prodi, la razón que hizo explotar la crisis permanece y se agudizará durante los próximos meses. Los expertos internacionales coinciden en dos aspectos de la realidad afgana y su futuro inmediato. Uno se refiere a la miserable situación social y económica del pueblo afgano que la escasa ayuda internacional ha sido incapaz de mejorar desde la ocupación militar y el despliegue de la OTAN. Otro, la prevista ofensiva talibán, gracias en última instancia a aquel fracaso de Occidente, más pendiente de asegurar las bases militares estratégicas en el país que del progreso de sus habitantes. Como escribe el corresponsal Enrico Piovesana, “si hasta ahora los soldados italianos en misión de paz han entrado en combate a escondidas, para no incumplir las restricciones que regulan el uso de nuestras tropas, en los próximos meses (nuestros cuerpos especiales) podrían entrar en acción abiertamente. En efecto, si los talibanes abren un frente occidental y llevan la guerra adonde se encuentran los militares italianos, el general Satta tendrá el deber de emplear las fuerzas operativas italoespañolas desplegadas en Herat. Ya no habrá excusas para evitar lo inevitable. Salvo que nuestras tropas se retiren de Afganistán”. Sabio consejo.

Rafael Morales

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