eldiario.es

Menú

Entender Canarias con Pepe Alemán

- PUBLICIDAD -

No voy a hacer una disección de Entender Canarias porque temo que Pepe me pongas a parir y me mande a escribir de la Unión Deportiva. Llevamos discutiendo muchos años, y nuestros contrastes de pareceres en la época de la revista "Sansofé" ya resonaban por la calle Torres, o en nuestras correrías por el hotel Madrid, por los ancestros de Vegueta, por los puntos lúdicos del Real de Las Palmas. Con Pepe Alemán he aprendido muchas cosas, pero especialmente de economía y de historia de Canarias, y de algunas cosas más, como de la profunda Las Palmas de Gran Canaria. Viví con Pepe la desaparición del bar Polo, del Puente de Piedra y de Palo del barranco de Guinigxuada, y Oscar Falcón Ceballos lloraba como un niño ¿te acuerdas Pepe?, y discutíamos de lo divino y de lo humano, hasta el punto que cuando cofundamos el periódico Canarias7 junto a Juan Francisco Sardaña, los jóvenes redactores se asombraban de nuestras polémicas cuando terminábamos el periódico de cada día, y muchos de ellos pensaban que al día siguiente ni nos saludaríamos, y llegaba Pepe y me decía "vamos a tomar un café", y de nuevo preparábamos la discusión para el término de la jornada periodística.

En realidad casi me da vergüenza de opinar sobre Entender Canarias, pero preparando mi próxima discusión con Pepe Alemán, direles que es para mi entender una compilación de la historia de nuestras queridas islas muy bien estructurado, riguroso pero también ameno, con la descripción incluso de un banquete al capitán vizcaíno Isasviribil, al que asistió el Obispo Verdugo, el Conde de la Vega Grande, y otros prebostes del Real de Las Palmas, preparado por el compadre Molina, y que consistió nada menos que un caldo suculento para empezar, seguido de un puchero abundoso de carne y verduras, el genovesado de revoltillos y pata de carnero, el lampreado de anguilas en sus respectivos guiseros. Después, pavo asado, bolas de carne mechada y ternera con papas. Postres de mazapán, alfeñiques, huevos moles y buñuelos, junto a dulces, confituras y frutas de la estación refrescada con el hielo traído por los neveros de los pozos de la Cumbre y licores de almendra amarga, de naranja y anisado a revolver el vino del Monte que ayudara a bajar la comida. Perdona Pepe que me haya metido al final de este modesto suelto en un surgidero gastronómico, pero es que me he quedado rascado de tan opípara comida. Otra vez dile al compadre Molina que me invite.

P.D.: Enhorabuena Pepe por ese magnífico trabajo. A ver cuando quedamos en la sala de billar Manolo Padorno para darte una paliza y discutir un rato.

- PUBLICIDAD -

Comentar

Enviar comentario

Enviar Comentario

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha