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Guerra avisada no mata

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Esta oposición intentó acabar con el proceso bolivariano y sus reformas, por cierto muy tímidas en cuanto a las estructuras económicas de poder pero firme a la hora de destinar los ingresos petroleros a superar los graves problemas sociales. Desarrolló una política exterior independiente de Estados Unidos, estableciendo su ambición principal en la unidad latinoamericana. Las múltiples formas de organización popular elevaron el grado de intervención de la población en sus propios asuntos a niveles sin precedentes. Ante este panorama, los llamados “escuálidos” apelaron a las urnas, un fallido golpe de Estado, sabotajes económicos, amenazas de magnicidio, campañas de intimidación, acusaciones de impedir la libertad de expresión (tiene su gracia esta memez), un referéndum revocatorio y el boicot electoral a la Asamblea Nacional. Este boicot estuvo aconsejado sin rubor por los republicanos estadounidenses. Todo para tumbar a Chávez. Todo en vano. Semejante trayectoria política despertó sospechas. La candidatura de Manuel Rosales quizá preparaba su propia retirada antes del 3 de diciembre, acusando a los chavistas de desnaturalizar las elecciones por la vía del control de los centros de votación o cualquier otra disculpa. Justo lo que hizo la oposición ante las elecciones legislativas. Se trataría de restarle credibilidad democrática a los resultados, aunque las credenciales del propio Rosales dejen mucho que desear en ese terreno. Puso su firma aquel 11 de abril al golpe de Estado de Carmona, quien con su único decreto sepultaba las instituciones democráticas. Hasta que los venezolanos ocuparon las calles y Carmona salió corriendo de Miraflores junto a sus compañeros de aventura. En aquella ocasión, el actual candidato estuvo al lado de los embajadores estadounidense y español, quienes se apresuraron a felicitar al empresario golpista. Recordando viejos tiempos, Jaime Mayor Oreja viajó hace un par de semanas a Venezuela, donde hizo campaña en contra del presidente bolivariano. Al revés que Chávez, Rosales aún no ha dicho que aceptará el veredicto de las urnas. Por primera vez desde el lanzamiento de su candidatura, descubrió lo fundamentado de las sospechas. Durante una reciente rueda de prensa con corresponsales extranjeros, contempló la posibilidad de no llegar al final de la contienda electoral si “se violan las normas”. Y Mayor Oreja le echó un cable desde el Parlamento Europeo. Junto a dos miembros del equipo de Rosales, este trío declaró en Bruselas que, ante los resultados “estrechos” de las encuestas, el presidente Chávez planeaba su retiro de la campaña lectoral y un “autogolpe”. ¿Será cierto que usarán otro truco más grosero todavía, como el de anunciar por las cadenas privadas de televisión su victoria electoral antes de conocerse los resultados y proclamar, una vez conocida su derrota oficialmente, que hubo fraude? ¿Qué tal provocar unos cuantos hechos violentos de postre? Pero veamos los “estrechos” márgenes de las encuestas. La empresa OPC: Chávez 61%, Rosales 24%; Datanálisis: Chávez 58%, Rosales 17%; Consultores XXI: Chávez 55%, Rosales 28.4%; Hinterlaces, 47% Chávez, 30% Rosales. Manuel Rosales tiene la partida perdida y lo sabe. Sólo así cabe explicar sus torpes maniobras de última hora que, por cierto, apoya algún periódico español de prestigio venido a menos. Nadie creerá en un fraude porque estas elecciones tendrá no una sino 12 auditorias, lo que las convierte en una de las más controladas y transparentes del mundo. Esta vez tampoco podrán detener el proceso político venezolano. Espero.

Rafael Morales

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