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Muertos en misión de paz

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Resulta curioso que los análisis de la situación internacional que hace el Partido Popular siempre son inversamente proporcionales a la visión de la ONU. Durante la guerra de Irak, Aznar y sus muchachos hablaban de “intervención militar” y tenían como consigna no utilizar nunca la palabra “guerra” para referirse a la invasión norteamericana del país asiático. Aznar defendía que España estaba realizando una misión humanitaria. La declaración de guerra en las Azores fue uno de los streaptease políticos más grandes que se han vivido en las últimas décadas: tres dirigentes de potencias occidentales desafiaban al mundo y anunciaban el inicio de la invasión de un país al margen de las resoluciones de la ONU. Quizá por eso, porque siguen sin saber que existe la ONU, el secretario general del PP pedía al presidente del gobierno que “dé la cara” precisamente cuando estaba hablando en la tribuna de la ONU, el lugar más visible del mundo. Las elecciones del 14 de marzo de 2004 pusieron a Rajoy, Acebes y Zaplana en su sitio: la oposición. Los ciudadanos no querían un gobierno que les mintiera. El intento del último ejecutivo de José María Aznar de esconder ante la opinión pública la autoría islamista de los atentados del 11 de marzo de Madrid, provocó un movimiento del electorado que todavía no han asumido importantes sectores de la derecha española. Los dirigentes peperos quieren ahora devolver al PSOE, como si de un boomerang se tratase, todo el sufrimiento que les tocó pasar por su complicidad en la invasión de Irak y su intento de mentir a la población en la víspera electoral. Nuevamente se utilizan unos muertos para sacar el máximo partido. La política española se repite más que el mojo a medianoche. Las reacciones políticas a la muerte de los soldados españoles volverán a ser las mismas que en las ocasiones anteriores: el PP quiere que Zapatero reconozca que hay una guerra en Afganistán y en el Líbano, el PSOE insistirá en que España sólo participa en misiones de paz y humanitarias ordenadas por la ONU y la denominada izquierda parlamentaria solicitará la salida de las tropas de Afganistán. No entrarán en el fondo de la cuestión: ¿Si Estados Unidos invade un país y después la ONU decide enviar tropas, entonces esas tropas dejan de ser invasoras y se convierten en misión humanitaria? ¿Se puede considerar un gobierno democrático a un ejecutivo que apenas controla la capital del país, como el caso del gobierno afgano? ¿Son las tropas de la OTAN la mejor garantía de respeto a los derechos humanos con todos los antecedentes que tienen en sus espaldas como violadores de esos derechos? Seguramente las respuestas que podrían dar los dirigentes del PSOE que ahora gobierna son muy diferentes a las que daban cuando estaban en la oposición. Rodríguez Zapatero llegó al Palacio de la Moncloa después de colgarse la chapa con el lema del “No a la guerra” en muchas manifestaciones. La derecha política y mediática lo llamó pancartero y criminalizó a todos sus compañeros de manifestación. Salvo la retirada de las tropas de Irak, que tuvo su punto de valentía y de coherencia, el resto de la política militar de Zapatero no difiere de la practicada por la derecha. El mejor retrato de un gobierno son los presupuestos generales del Estado. Veamos las cifras oficiales del próximo año: 8.500 millones de euros en Defensa. Mientras que el Ministerio de Justicia dsipondrá de 5.500 millones, en políticas de vivienda se emplearán 1.369 millones y en educación 2.831 millones. Éste no es el gobierno de la paz. Este no es el gobierno del talante, sino del talento, porque hay que tener talento para vender como presupuestos sociales los que dedican más dinero al ejército que la suma de lo dedicado a la política educativa y la de vivienda juntas. Pero esto no molesta a Rajoy, que a lo mejor incluso hubiera dedicado más al éjércto o menos a Cooperación Internacional, eso lo tengo claro. Pero tampoco molesta a Ezquerra Republicana, o Izquierda Unida Los Verdes o incluso el solitario diputado de Nueva Canarias o al dúo de Coalición Canaria. En esta legislatura los diputados de estos grupos han apoyado los presupuestos anteriores en los que también crecía el gasto militar. Cada uno lo venderá a su afición como más le convenga, pero la realidad es que en tiempos de paz, con un gobierno que presume de defender la paz, se gasta más en aviones que matan y en el ejército que en libros de texto. Estos son los datos. También hay otros: el inmigrante ecuatoriano Stanley Mera y el extremeño Germán Perez murieron este lunes en Afganistán. Dos muertes inútiles en un mundo en el que cada año crecen los presupuestos dedicados a la industria de la guerra. Dos muertes que podemos contar, que tienen nombre y apellidos, como no los tienen los centenares de miles de civiles muertos en Afganistán y en Irak. Habrá recibimiento con himnos y banderas. Habrá ruido político. Lo que será difícil encontrar es una explicación razonable que justifique que se llame misión de paz a la ocupación militar de un país. Por mucho que la ONU haya puesto su bandera sobre un territorio sembrado de cadáveres de civiles inocentes.

Juan García Luján

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