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Nervios preelectorales

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Las cosas son así, lamentablemente, El sistema, en lugar de haber creado, para el buen funcionamiento de las instituciones, unos cuerpos funcionariales fiables, eficaces y asépticos que garantizaran la correcta atención al contribuyente, la gestión objetiva de los asuntos administrativos y la imparcialidad en el manejo de las cuestiones cotidianas, ha optado por la designación y la contratación a dedo de personal y colaboradores de confianza, lo que ha hinchado considerablemente las nóminas oficiales y ha hipertrofiado la burocracia. Más aún en Canarias, donde existe un escalón administrativo más que en el resto del Estado. Hoy, la política es uno de los principales creadores de empleo. Digo de empleo y no de trabajo, porque currar es una cosa y cobrar por un presunto curro, otra bastante distinta. Algunos de estos ejecutivos institucionales y corporativos dedocráticamente acomodados tienen, incluso, la suerte de que pasan de la interinidad a la posesión vitalicia del puesto. Y ahí se las den todas. Pero, los demás, ya digo, aguardan los escrutinios de mayo como agua del mismo mes para no tener que volver a los lugares, oficios, oficinas, redacciones o despachos donde, además de no vivir tan estupendamente ni gozar de sabrosos estipendios, deberían dar el callo de nuevo y cumplir sus jorobadas obligaciones laborales para hacerse acreedores de los estipendios mensuales, Una lata oigan. Los políticos, en cambio –y pese a lo que pudiera suponerse- se preocupan menos. A todos les gustaría ganar, claro, y alcanzar las expectativas que conlleva la victoria. Pero, la política se ha transformado en una profesión. Y no hay nadie que la ejerza a quien se le pase por la cabeza, siquiera, la posibilidad de que deba retornar, en algún momento, a sus antiguos quehaceres. Si se pierde en un Cabildo, se gana en un ayuntamiento. Y así. Si se ha de abandonar, por voluntad popular, una canonjía, siempre habrá un carguillo en el que sobrevivir tan ricamente. A un conocido político tinerfeño, que, después de perder una alcaldía, no apareció en lista electoral alguna, le preguntó un periodista: - ¿Y qué va a hacer ahora? - No lo sé –respondió con sinceridad el interpelado-. Pero estoy seguro de que el partido me buscará algo. Nadie se va. Todos se quedan o resucitan políticamente. O emergen en un lugar preponderante. Tampoco se crean que Adán Martín se retira, por mucho que diga. Rudy Núñez está a punto de dejar un precioso sitio vacante. Y la Caja es muy golosa, les juro.

José H. Chela

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