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El PP, contra jueces y fiscales

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De las escasas voces que han surgido para cuestionar los procedimientos judiciales sobre Santana Cazorla sólo tienen enjundia la del propio Soria y la de Miguel Cabrera-Pérez Camacho. A este último, abogado defensor de la esposa de Adán Martín durante su trámite de divorcio, lo conocí durante su etapa en el Congreso de los Diputados ocupando un escaño por el PP de Tenerife. Me pareció un buen tipo. Inspector de inspectores, su vida civil estuvo dedicada a la Hacienda Pública y en esto coincidía en profesión con el entonces líder, José María Aznar. Y en una ocasión en que se sentía menospreciado por la dirección del Grupo Popular, se plantó ante su presidente en una reunión de parlamentarios y le cantó las cuarenta. Apeló a su condición profesional para no amilanarse y el mismísimo Aznar tuvo que escuchar sus quejas y diatribas en público. Lógicamente, no regresó a la Carrera de San Jerónimo.

Quiere esto decir que no se debe contar a Pérez-Camacho entre los aduladores de Soria ni de nadie por la defensa de sus causas perdidas. Posee personalidad y oficio acreditado para enmendar a Dios y al Diablo al tiempo, si hace falta. Pero creo que si la independencia de un inspector fiscal debe ser absoluta, y me precio de tener algunos amigos entre ellos para saberlo, también lo es la de un juez o la de un fiscal en la aplicación de la ley y de sus procedimientos. Se ha intentado enfangar al anterior ministro de Justicia con el barro de estas actuaciones, pero se intuye que la situación es más bien la contraria: una excusa perfecta para proteger la impunidad, pues como el ex ministro es canario, la Justicia no debe actuar contra los que fueron sus adversarios de ideología o de clase en la islas. La puerilidad del argumento denota además un craso error: la Justicia padece muchas carencias ?ahora de actualidad? pero puede presumir también de una virtud: su independencia. De las absurdas guerras en las que ha entrado el PP canario en los últimos tiempos esta es la más estúpida de todas. Porque a un fiscal o juez que lo tenga claro, como bien sabe Santana Cazorla, no hay quien lo pare.

Federico Utrera

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