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Paz ecológica por Carlos Suárez Rodríguez

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Aquí arriba, cerca del cielo, la armonía del conjunto te hace sentir en paz con la Naturaleza. Cuatro letreros escuetos y directos te cuentan lo que te rodea: Montaña Mostaza, 2100 m, cono de escorias basálticas, Montaña Rajada... Disfrutas igual de una línea de cielo que de una obsidiana brillante, del vuelo de una pequeña mariposa azul que busca la humedad que del contraluz de un tajinaste rojo florecido. Llega el momento de encontrar tu interior en el exterior, tus emociones se vinculan con este entorno sereno, equilibrado, en proceso libre, en paz con lo natural. No hay sensación de beligerancia, los titanes de la conservación han conseguido meter entre rejas a los infames desarrollistas. Hasta te resultan amables los tres o cuatro recintos donde el desarrollo está sostenido, quieto, parado: un área de servicios, un teleférico, un restaurante, son lugares amables también, que te nutren y te avituallan, te transportan y te trasladan a otro lugar igual de bello, pero no son amenazadores, no son avanzadillas peligrosas, son sencillamente sirvientes para la conservación. Para un estudioso de la ecología, sana la mente y el cuerpo llegar a un territorio amigo. Han sido más de 60 años los que han transcurrido desde la declaración del Parque Nacional del Teide hasta su flamante y reciente reconocimiento como Patrimonio Natural de la Humanidad. Muchos habrán dejado su piel y sus ilusiones en el camino (... en algún lugar debería dibujarse un recuerdo para ellos.) Y piensas en los otros territorios aún no ganados. Bellos espacios donde la Naturaleza insular forjó joyas y que están siendo destruidos, apisonados, pulverizados, por el otro contendiente en esta contienda. Desarrollistas feroces, insensibles, machacan con furia las ideas de conservación para sacar el jugo a esos lugares. Tamadaba, Maspalomas, Corralejo, Jandia, El Cotillo, Anden Verde, son lugares donde el paisaje se adultera, las aves huyen, ganan los todoterrenos, los incontrolados del cemento y los especuladores del urbanismo y del servicio público mal entendido. Cielos similares a éste del Parque Nacional del Teide, peculiares especies únicas, exclusivas al igual que éstas del Teide, paisajes serenos y diluvianos comparables a éste que ahora disfruto, caen destrozados. Y tú con ellos. Porque no hemos podido ampararlos. Porque no hemos conseguido sujetar, como ha ocurrido en este bello paraje declarado ahora Patrimonio Mundial, a esos escurridizos y sibilinos titanes de la destrucción... *Doctor en Biología y miembro de Los Verdes

Carlos Suárez Rodríguez*

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