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Contigo, Podemos lograrlo

Estamos en la antesala de un cambio que se anuncia histórico. Un cambio que ha entusiasmado a gran parte de la sociedad.

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Podemos no ha hecho sino empezar. Esos políticos y grandes empresarios que, a golpe de billetes y desprecio, han decidido el incierto futuro de este mundo, andan inquietos. Para muchos de esos que colgarán en estas elecciones en las farolas, los que viven en los palacios del poder, la calle es un territorio extraño. Pero algún día, dentro de poco tiempo, bajarán a este mundo, al mundo de las aceras y los fiados. No bajarán por los designios del destino, sino por la voluntad de la gente sencilla. A veces el país de la coherencia y la dignidad es capaz de tambalear el Olimpo de los que se creen eternos y liman sus diferencias en grandes banquetes y frecuentan las revistas del corazón. A veces, las calles han llegado a las escaleras de los palacios. Ahora toca tomar esos palacios, pero no el de grandes paredes sino el de las decisiones.

La idea de que la juventud no tiene preocupaciones sociales, vive enganchada al ordenador o pasea aislada con unos cables colgado a las orejas, la desmintió el 15 M. Miles de jóvenes se buscaron por las redes para contar sus aspiraciones y sus problemas . Unos jóvenes que fueron conscientes que más allá de la pantalla, está la calle y que en ella se sienten los besos, se contagian las risas y se producen los abrazos. Pero aquí estamos, también, mucha gente que ya peinamos canas y que vivimos unos momentos históricos que anunciaban una sociedad más justa, libre y democrática y que, en gran medida, vimos fracasar delante de nuestras conciencias. Hoy, este proyecto de Podemos nace de esta fiesta del despertar, y estas elecciones recogen su testigo.

¿Seremos capaces de mover el destino con la confianza y la generosidad necesaria para que prime lo que nos une y no lo que nos separa? Sin una amplia unidad no podremos. Estamos en la antesala de un cambio que se anuncia histórico. Un cambio que ha entusiasmado a gran parte de la sociedad. Quienes han vivido de los demás están asustados, porque se palpa que pueden perder sus privilegios. Ven peligrar su sillón de primera, su chófer particular, sus grandes viajes y comilonas, sus reuniones de élite, sus costumbres, rodeadas de pleitesías y boatos. Aunque, como en todas partes, hay excepciones, lo cierto es que en los grandes partidos que se han repartido lo que era de todas y todos ha habitado la impunidad, desde un indisimulado instinto de perpetuarse.

No se pide la luna, no se necesitan héroes ni heroínas, ni personas iluminadas, ni siquiera militantes, a la vieja usanza. Se necesitan personas capaces de impulsar iniciativas inteligentes y transformadoras para construir un proyecto de isla diferente, que recupere su estima sabiendo que en el otro lado de la isla masificada y agredida, existe la otra isla, casi virgen, que encierra no sólo identidad y riquezas, sino recursos. Gran Canaria tiene un enorme potencial para un nuevo modelo de desarrollo sostenible, donde prime también lo pequeño y cercano, el ahorro y la eficiencia, la sabiduría y el sentido común. Veneguera fue una larga lucha por salvar un espacio excepcional y una nueva forma de entender el futuro, que ahora vamos a recuperar. Tenemos que hacer realidad unas políticas que hagan desaparecer tanta miseria, pobreza y sufrimiento. Tenemos que arrebatarle a un puñado de personas en esta isla la capacidad que han tenido, para repartirse el territorio, a través de Planes y Normas, como aquellos conquistadores que impusieron su prolongado poder. Para conseguirlo es necesario ganar las elecciones, más allá de las aritméticas, los sondeos y los escrutinios.

Es necesaria una gran movilización. Ningún cambio de gran calado podrá hacerse en semanas o meses. Un puñado de personas hemos impulsado Contigo Podemos, para alcanzar las instituciones defendiendo un programa de transformación radical en favor de la ciudadanía y lo público. Queremos devolver a las instituciones la soberanía popular, y desde la ética más irreductible, demostrar que quienes ejercen la política no tienen por qué corromperse, ni utilizarla como trampolín de poder y enriquecimiento, sino que deben hacerlo como un servicio desde iguales hacia el interés general.

No ha sido fácil el camino que Podemos ha puesto en marcha, convocando a tanta gente, sensibilidades y formas de trabajar. No ha sido fácil dejar prejuicios, sectarismos, miedos y desconfianzas. Este ejercicio de la democracia es necesario para visibilizar distintas formas de ver el proceso y el método de cómo crear una amplia mayoría social. Más allá de Podemos hay mucha gente válida para un gran proyecto de cambio, en municipios, en pequeñas organizaciones, en movimientos sociales, en barrios. De este proceso tiene que salir una opción unida que haga frente a un poder muy muy fuerte.

Dentro de poco, vendrán las elecciones y los de siempre vendrán a nuestras casas a prometernos lo que no van a cumplir, a que les demos de nuevo nuestro apoyo para seguir ahí, habitando esos sillones tan lejos de la gente. Dentro de poco volverá el silencio calculado, el acoso y los ataques injustos desde el poder por desautorizarnos y esos tertulianos, generadores de opinión sin que nadie los eligiera, dirán que los ciudadanos no son nadie para cuestionar el sistema. Esas gentes de pulcras costumbres, artífices de la nada, de la equidistancia, de una idea manoseada del consenso y del no pasa nada, están, en realidad, en un extremo, hipotecando el futuro de esta tierra. Por eso estamos aquí y seguiremos aunque no nos nombren, seguiremos en la red y en la calle aunque no nos pregunten, levantando iniciativas como ésta, con limitados recursos económicos pero con infinidad de manos dispuestas a recuperar la esperanza.

Seamos agentes vivos de la historia. No es mucho pedir, y es además enormemente gratificador. Multiplica nuestras capacidades, nuestra alegría y el sentido de vivir. No les hablo de un nuevo medicamento recién descubierto e infalible para la felicidad, que se vende en las farmacias, les hablo de algo más sencillo, implicarnos en una nueva forma de hacer política para ser dueños de nuestro destino.

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