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Sor Maravillas, Bono y otros meapilas

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La historia nos da estas sorpresas. El mismo día en el que el juez Baltasar Garzón se inhibe de buscar la responsabilidad penal de Francisco Franco y otros 44 mandos militares que promovieron el golpe de Estado de 1936 y la guerra civil española, una guerra apoyada por la iglesia católica, José Bono llama "hijos de puta" a sus compañeros de partido porque se niegan a apoyar un homenaje a una monja beatificada por el papa ultraconservador Juan Pablo II. Un diputado del PP, miembro del Opus Dei, propuso la instalación de la placa como homenaje a Sor Maravillas, que nació en una casa que estaba en las dependencias actuales del Congreso de los Diputados. El padre de María Maravillas fue presidente del congreso, como José Bono, y era un católico meapilas, como José Bono.

Cuando estalló la guerra civil María Maravillas y las monjas del convento del Cerro de los Ángeles abandonaron España. La iglesia había tomado partido por el bando fascista que provocó la guerra. En 1939 Franco declara su victoria sobre el "vencido y desarmado ejército rojo", y comienza la dictadura del caudillo de España por la gracia de Dios, según decían las monedas y no desmintieron los obispos. María Maravillas regresó a su convento y siguió rezando por los pobres. El diputado del PP que propuso la colocación de la placa en memoria de la monja argumentó que sor Maravillas fue perseguida durante la guerra civil. La verdad es que los que la persiguieron la cuidaron mucho, porque la mujer murió en 1974, cuando tenía 83 años. No pudieron decir lo mismo las tres millones de personas que murieron o se exiliaron por la guerra provocada por Franco. En el Congreso de los Diputados no hay paredes para poner una placa a todas esas personas. Ni si quiera hay placas dedicadas a los diputados que ocupaban escaños durante la II república española, como el canario Luis Rodríguez Figueroa que fue detenido por los falangistas en la guerra civl y cuyos restos todavía no se han encontrado. Sin embargo sí están reconocidos los presidentes que tuvieron las cortes franquistas. Por eso cuesta entender ese afán del PP y de PP Bono por rendir homenaje a una monja católica cuyo único mérito fue haber tenido el privilegio de nacer en una casa que estaba en las actuales dependencias del Congreso, y haber promovido la creación de conventos en la España franquista para dar un barniz de espiritualidad a un régimen genocida.

En 10 de mayo de 1998 el papa Juan Pablo II decidió beatificar a Sor Maravillas. El papa que persiguió a los curas que se comprometían con los pobres en Latinoamérica y que dio la comunión a Augusto Pinochet, beatificó a sacerdotes y monjas españolas que durante la guerra civil estuvieron en el bando de Franco, por supuesto que ninguno de los curas rojos que Franco metio en la cárcel han sido reconocidos por el Vaticano. Me parece perfecto que la iglesia haga santos y santas a quien le de la gana. También José Bono está en su derecho de bañarse con agua bendita o llenar su casa de placas de homenaje a curas, monjas y a su abuelo falangista. Pero un Congreso de los Diputados en una democracia no está para reconocer ni rendir homenajes a quienes han estado en su contra.

Juan García Luján

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