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En el año 2014, ¿saldremos de la crisis?

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Últimamente venimos leyendo en periódicos, oyendo en radios y viendo en los informativos a muchos analistas políticos, empresarios y cómo no, miembros del gobierno augurando una salida a la crisis prevista para finales del año 2014.No pretendo ser pájaro de mal agüero pero sí quisiera dar mi humilde opinión a este respecto.

Conviene no engañarnos a este respecto ya que, para empezar, el déficit previsto para el 2013 sobrepasará el 6,5% fijado por la Unión Europea (según las previsiones será del 6,9%) y el déficit público sobrepasará el 100% del PIB en el año 2014. Pero lo peor no es eso. Desde la U.E. se nos pide para cumplir el Plan de Estabilización una reducción progresiva del déficit hasta situarlo en el 2,8% en el año 2016. No cabe duda de que es un reto a alcanzar de proporciones bíblicas, más que nada porque parece una maldición divina instaurada por la Diosa madre (Angela Merkel) al mando de 28 países que, según parece, formamos una unión de países a imagen y semejanza de Alemania.

Si debemos reducir el déficit en más de 4 puntos porcentuales en 3 años y además debemos devolver los intereses generados por la venta de deuda pública, nos encontramos con que la actividad y el desarrollo económico que debe generarse en España debería ser muy superior al que se pretende alcanzar. Me explico, según datos del economista Alberto Recarte en su Tercera de ABC del 17 de diciembre, hacía una predicción del déficit para el año 2013 que cifraba en 965.000 millones de euros. Tengan en cuenta que el déficit a finales del año 2011 se situaba en 736.000 millones de euros. Estamos hablando de un aumento de 229.000 millones de euros en dos años. ¿De verdad piensan que el próximo año comenzaremos a enjugar ese tremendo déficit, únicamente, con el aumento de las exportaciones, el Plan PIVE y el Plan de Pago a Proveedores? Sinceramente, yo pienso que no. Y lo peor de todo es que lo que se aproxima es otro ejercicio de "austeridad presupuestaria" , de recortes en libertades y en derechos económicos para los ciudadanos de nuestro país.

Con estos indicadores, la solución idónea para ir paliando, paulatinamente, dicho déficit se basa, preferentemente, en la creación de empleo que se convierte en un objetivo fundamental ya que a mayor cantidad de personas trabajando menor cantidad de recursos públicos se invertirán en asegurarles un nivel de sustento básico y mayor capacidad de recaudar impuestos tendrá el Estado. No debemos olvidar que siempre es más rentable para la hacienda pública aumentar el número de personas a tributar y su capacidad de hacer frente a dicha carga impositiva que, simplemente, elevar los impuestos para aumentar la recaudación.

No obstante, debemos tener en cuenta que se espera que los resultados macroeconómicos mejoren el próximo año pero el ciudadano de a pie no lo va a percibir. Tenemos una tasa de desempleo que supera el 27% a nivel nacional y el 35% en Canarias. Es un drama que afecta a más de un millón de hogares que tienen a todos sus miembros en paro y que no tiene visos de mejorar durante este año. Los mismos analistas políticos y las previsiones de la U.E. lo aseveran cuando dicen que la tasa de desempleo en España bajará en un punto como máximo a finales del 2014. Con esos mimbres es, prácticamente, imposible que salgamos de la recesión, al menos a corto plazo.

Desde las filas de este gobierno neoliberal se nos quiere hacer pensar que, con buena voluntad, el déficit se controlará, la deuda pública comenzará a bajar y la situación general mejorará en poco tiempo.

Sólo deseo que aquellos que piensan de esa manera echen un vistazo a la política económica que se viene desarrollando al otro lado del Atlántico, en los Estados Unidos, y observen cómo ese país está saliendo de la crisis, creando empleo, con estímulos a la economía desde casi el primer momento de la recesión, con una fe consecuente en las políticas expansivas, inyectando dinero en la realización de obra pública, al estilo, aunque no de manera similar a como se realizó en la Gran Depresión que asoló el país a partir de la década de los 30. Siguiendo la doctrina de John Maynard Keynes el país salió adelante y el Estado asumió el papel que le tocaba como protector del débil y necesitado.

En Europa y por ende, en España, la situación es muy diferente. Formamos parte de una unión de países, en la que creo firmemente, pero cuyo principal pecado, en materia económica, viene dado por la potestad de cada estado para realizar la política fiscal que considere necesaria, siempre dentro de los patrones macroeconómicos ideados por la política monetaria que marca la U.E.

Fíjense en el contraste entre una política monetaria expansiva y donde el estado y el sector público cobran el protagonismo necesario para redistribuir la riqueza entre su población, caso de los Estados Unidos, y la política monetaria restrictiva, de recortes múltiples en todas las esferas de la economía, de debilitamiento del estado y de sus recursos, de ayuda a las entidades financieras sin un compromiso claro de devolución de las ayudas percibidas, (lo cual se está produciendo ya en los Estados Unidos), el compromiso incumplido reiteradamente por parte de dichas entidades de hacer fluir el crédito para ayudar a particulares y PYMEs, etc. En lo único que hemos actuado en la misma dirección es en la bajada constante de tipos de interés, si bien más tardía que en el caso estadounidense, que ha ayudado a los particulares a afrontar con mayores garantías los pagos de sus hipotecas, por ejemplo. En todo lo demás, hemos ido en sentido contrario.

Por todo lo anterior pienso que el año 2014 no vamos a salir de la crisis y posiblemente, nos esperen nuevos recortes en nuestros derechos económicos y sociales, nuevos vaivenes en nuestra, cada vez más mermada, renta económica y más sinsabores que afrontar.

No obstante sí quisiera dejar claro una cosa. Me considero una persona profundamente europeísta, creo que la unión de las políticas de los países europeos contribuirá a un crecimiento económico y una riqueza que, con las políticas adecuadas, permitirá ser distribuida entre la población europea, de acuerdo a sus necesidades. En suma, una Europa de los ciudadanos, no de especuladores.

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