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La calle es nuestra o la conciencia ciudadana (I)

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Por otro lado, tenemos a los que en teoría han de velar por el bienestar social, bien legislando, bien aplicando la ley o bien educando en la conducta cívica. Los primeros, sólo se han dedicado a parir disparate tras disparate sobre políticas insertivas y formativas de la juventud, poniendo palos a las ruedas a toda iniciativa que trate de reconducir a los chicos en riesgo de exclusión social, hacia su integración comunitaria.

La laxitud de los segundos; quizás hastiados de que su trabajo caiga en vano, y la comunidad que "por imperativo legal" ha perdido su rol socializador, completan parte del puzzle que conforma el fenómeno violento en nuestro entorno.

Queda por supuesto; la función de la escuela, televisión, de Internet, de la pobreza y la marginación, de la desestructuración familiar, de la relativización de los valores humanos y de todo aquello, que funcionaba bastante bien, y que ahora, es políticamente incorrecto y hasta punible. Educar a un menor, se ha convertido en un ejercicio de alto riesgo para los padres y los maestros.

Como se ve, el problema de los mataos y de los que van camino de serlo, es de etiología multifactorial , por lo que la solución debe ser ,por ende, multidisciplinar, de manera, que es imprescindible la coordinación en la búsqueda de soluciones , de todas las instituciones implicadas; para evitar, este nuevo terrorismo social al que el estado no le da más importancia, que a cualquier hecho coyuntural, cuando en realidad es un fenómeno social alarmante, que se extiende paulatinamente a todo los estratos sociales.

Pero mientras llegan soluciones, lo que dudo, los ciudadanos estaremos a expensas de la delincuencia juvenil organizada o de la multitud de parásitos, que sin estar organizados, ni estudian, ni trabajan, y que tampoco tienen interés alguno en formarse mínimamente en lo profesional para buscarse la vida. Prefieren ir descamisados por las calles aunque sea invierno, altivos y prepotentes, robando, buscando pelea, circulando con ánimo de llevarse a alguien por delante, o quemando papeleras con la garantía de la protección de sus padres , del grupo en el que se amparan cobardemente y de la actitud de la fiscalía y del juzgado de menores que pueden hacer más de lo hace ;y que luego van diciendo, que los padres les piden que eduquen a sus hijos ¡eso sí que es bueno! La misma institución, que ha permitido más de una vez, que un menor salga impune de sus fechorías, supongo que con la ley en la mano, y luego se convierta en delincuente por no haberle impuesto las medidas pedagógicas cuando hubo la oportunidad de hacerlo.

Kiko garcía

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