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Como colonia de ultramar

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Mientras Paulino Rivero denunciaba por enésima vez que Repsol y el Gobierno de España daban un trato colonial a Canarias, los príncipes de Asturias aprovecharon el viaje de vuelta de Centroamérica para inaugurar un palmeral en Tenerife y un museo de sitio en el Castillo de la Luz en Gran Canaria.

Muchos los recibieron como al ministro Wert el fin de semana en La Laguna, pero los hombres de Harrelson-Bento les hicieron ver que como protestaran demasiado alto serían reprimidos democráticamente.

Estamos en una seudodemocracia en donde es más fácil reprimir a los que se manifiestan que ejercer la libertad de expresión en todas sus vertientes.

Nadie sabía muy bien qué pintaba Soria en la visita de los príncipes (algunos incluso se preguntaban qué pintaban los príncipes en el palmeral y el castillo de Chirino) porque lo cierto es que ni una cosa ni la otra tenían mucho que ver con sus atribuciones ministeriales.

Lo inaugurado no era cosa de Industria, Turismo o Energía, pero el omnipresente ministro, que tiene el don de la ubicuidad, quiso ser trino en persona una vez más: las tres parcelas de su ministerio en el mismo cuerpo.

A lo único que hace honor a su nombre es al turismo. Soria se pasa el tiempo haciendo turismo en vez de dedicarlo a resolver los problemas de España en su ramo, que son muchos y nada baladíes. Quizá habría que nombrarlo ministro de Ultramar para justificar sus reiteradas visitas a las islas, a las que por otro lado viene los fines de semana por motivos personales y familiares muy justificados.

Mientras nos ocurren tantas desgracias, otro ministro, el de Economía, se desahoga con los periodistas españoles en Bruselas mandándolos literalmente a tomar por culo. Y eso que Guindos, amigo personal de Soria y excompañero de estudios, es de lo más refinado, educado y exquisito del Gobierno de Rajoy. Fue a colegio de pago, como Soria.

En la muerte de Blas Piñar, al PP se le va yendo la gente por la ultraderecha. Primero Ortega Lara, luego Vidal Quadras y ahora Mayor Oreja deserta del Parlamento Europeo. El ex ministro de Aznar, que calificó el franquismo de época de gran placidez, solo hizo una pregunta en cuatro años en la eurocámara y fue para reivindicar que los crucifijos siguieran presidiendo las aulas de los colegios.

El hombre gana al mes 6.200 euros netos, casi 8.000 brutos, y ahora se marcha cansado y harto, como Felipe González, que deja el consejo de administración de Gas Natural porque se aburre en sus reuniones, aunque nunca se cansó de cobrar 120.000 euros anuales.

Lo que está ocurriendo ahora es que somos nosotros los que nos aburrimos de nuestros políticos y, como Guindos, nos dan ganas de mandarlos a tomar por saco a muchos de ellos. Desgraciadamente es por ahora nuestro único desahogo.

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