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Una cuenta pendiente

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Algunos datos recordados estos días, coincidiendo con la celebración del 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer, confirman que, pese a los incuestionables avances, persisten los desequilibrios a nivel mundial: dos tercios de los 876 millones de adultos analfabetos en el mundo son mujeres; son el 60% de los 550 millones de trabajadores pobres del mundo; únicamente el 0,5 % de los recursos de la Tierra los controlan ellas; y las mujeres entre 15 y 44 años tienen más probabilidades de sufrir mutilaciones o de morir por violencia masculina que por otras causas, como el cáncer, la malaria o los accidentes de tráfico. Por la brutal incidencia del último dato señalado, el lema escogido este año por Naciones Unidas en el Día de la Mujer fue Poner fin a la impunidad de la violencia contra las mujeres y las niñas. La ONU asegura al respecto que la violencia contra la mujer es el delito más común pero menos castigado del mundo; y ofrece cifras escalofriantes: una de cada tres mujeres ha sido golpeada, obligada a tener relaciones sexuales o maltratada de otro modo a lo largo de su vida; y unas 150 millones “están desaparecidas demográficamente, víctimas de infanticidio, o no han recibido la misma cantidad de alimentos y atención médica que sus hermanos”. Naciones Unidas concluye que se trata “de una violación generalizada de los derechos humanos y un grave impedimento para el logro de la igualdad de género, el desarrollo y la paz”. La violencia de género constituye una de las mayores lacras de nuestra sociedad. Conocemos por los medios de comunicación los casos más graves y llamativos, con los asesinatos de mujeres a manos de sus esposos, novios o compañeros, casi una veintena en lo que llevamos de año en España. Y detrás, más ocultos, están los maltratos que se desarrollan tras las paredes de miles de hogares, la mayoría de los cuales no llega siquiera a ser denunciado. Frente a ella, hay que adoptar medidas en todos los frentes: educación, prevención, justicia, atención a las víctimas, medios policiales, etcétera, haciendo que la sociedad mantenga una postura de tolerancia cero frente a la misma. Aunque, como decía, los actos conmemorativos de este 8 de Marzo han girado en torno a cómo combatir las distintas manifestaciones de la violencia contra las mujeres, las situaciones de discriminación se reflejan, también, en otros ámbitos. Entre ellos, el laboral. Baste señalar que las trabajadoras canarias cobran un 21% menos que los hombres en puestos de trabajo similares, que la tasa de paro femenina es seis puntos superior a la masculina, y que sigue siendo bajísima su presencia en la dirección de las empresas. Pero también en esta área las mujeres han ido conquistando espacios en las últimas décadas, accediendo a espacios laborales antes exclusivamente masculinos. Y demostrando su entrega, su capacidad emprendedora y, asimismo, su voluntad de superar los obstáculos que todavía se mantienen. Uno de los más relevantes, el hecho constatado de que las mujeres siguen llevando el peso del trabajo doméstico y del cuidado de los hijos e hijas, tareas a la que los hombres se incorporan de manera muy lenta y de forma claramente insuficiente. Otro tanto ocurre en la política, donde las mujeres ocupan actualmente el 17% de los escaños parlamentarios en todo el mundo, seis puntos más que en 1995. Y en el que hay mujeres dirigiendo gobiernos o parlamentos en Chile, Estados Unidos, Alemania, Liberia, Irlanda, Finlandia o Filipinas. En las próximas elecciones autonómicas y locales, con seguridad se va a producir un significativo incremento en el peso de las mujeres en las listas electorales. En el caso de Nueva Canarias, en diversos municipios la cabecera de lista a la alcaldía será ocupada por mujeres, como ocurre en Arucas, San Bartolomé de Tirajana, Mogán, Breña Alta, Santa Cruz de La Palma Tías, Ingenio, San Bartolomé de Lanzarote y Las Palmas de Gran Canaria (a través de la federación Compromiso-Nueva Canarias), entre otros. Al respecto, son, sin duda, de gran trascendencia las legislaciones que hemos ido adoptando para tratar de superar la actual situación de desigualdad entre mujeres y hombres, del que el último ejemplo es la Ley Orgánica para la Igualdad Efectiva de Mujeres y Hombres, actualmente en tramitación parlamentaria. Pero junto a ellas es imprescindible un trabajo denodado por cambiar las actitudes machistas, aún presentes en nuestras sociedades, que minusvaloran a la mujer e impiden el despliegue de todas sus capacidades. Por último, insisto siempre en que reconocer las insuficiencias, los temas pendientes o las graves situaciones aún existentes de marginación, invisibilidad y discriminación, no debe neblinar lo mucho que se ha avanzado. Y que lo conseguido, gracias a la pionera lucha de las mujeres y a la asunción consciente por sectores cada vez mayores de la sociedad, entre ellos muchos hombres, de lo justo de sus reivindicaciones, debe ser un motivo de ánimo, de impulso, para seguir construyendo una sociedad cada vez más igualitaria entre hombres y mujeres. Una igualdad en la que todos, hombres y mujeres, saldremos ganando, a la que Nueva Canarias quiere contribuir de manera decidida. (*) Román Rodríguez es diputado y presidente de Nueva Canarias.

Román Rodríguez (*)

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