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El fin del exilio por Victoria Lafora

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No son los mismos perdedores que, armados con sus maletas de cartón, salieron huyendo de la terrible represión franquista, allá por el año 1939, sino sus hijos y sus nietos, los que perdieron la nacionalidad española y ahora la van a recuperar. Es una de las restituciones de la denostada ley de la Memoria Histórica, la que el PP voto en contra porque no hacía falta remover el pasado, y que tan corta se ha quedado en el tema de los fusilados y arrojados a las fosas.

Medio millón de personas

Se calcula en medio millón de personas los descendientes de exiliados que van a acogerse a esta recuperación de la nacionalidad española. Las colas, en los consulados y la embajada en la Habana, comenzaron el domingo y ya se prevé que harán falta más de ciento cincuenta funcionarios de refuerzo para atender tanta petición. Porque, cuando sus padres y abuelos se marcharon huyendo de la barbarie y la miseria, aportaron a las aulas de las Universidades de Buenos Aires, México DF, Montevideo, La Habana, Santiago de Chile, lo mejor de la cultura española y recibieron el más calido acogimiento. Pero también estos países eran más ricos; ahora la crisis es global y al Cono Sur le ha pillado con los bolsillos vacíos. Con lo que acumula pobreza sobre pobreza.

La hora de volver a casa

Ha llegado la hora de recuperar el pasaporte y volver a casa. Aunque la palabra" rojos" todavía siga siendo un insulto que, en determinadas calles de Madrid, se sigue escupiendo con la misma rabia que hace setenta años. Para que luego digan que no hay que remover las heridas. Algo que dice Rouco Varela mientras se dedica frenéticamente a proponer beatificaciones de "mártires" de la guerra civil.

Herencia de dolor

Quienes, con suspicacia, teman que el pago de esta deuda histórica pueda suponer un coladero de inmigrantes ilegales, pueden quedarse tranquilos; todos los aspirante tienen que presentar el certificado de nacimiento de su padre o abuelo, demostrando que salió de España tras la guerra civil, y cuanto documento acredite su condición de hijo o nieto de exiliado. Lo más triste es que, después de tantos años, puede que muchas de estas victimas inocentes de la represión a sus mayores hayan perdido hasta los papeles que prueben la herencia de dolor que recibieron.

* Periodista, analista político y columnista de elplural .com

Victoria Lafora*

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