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Sin el nudo de la corbata

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Los candidatos, junto a periodistas de la Cadena Ser.

Los candidatos, junto a periodistas de la Cadena Ser.

El primer debate a cinco en Las Palmas se hizo a cara descubierta y sin corbata. Afortunadamente en la radio no importa la imagen sino las palabras. Los que escucharon el debate en la Ser no supieron que ninguno de los candidatos prescindió de la corbata hasta que no lo vieron en las imágenes de televisión o en los periódicos.

En la radio el debate es más desnudo (y por eso más auténtico) que en televisión, donde los asesores de imagen te imponen hasta el color de los calzoncillos por si en un arrebato te dejas la bragueta abierta en la pausa para ir al baño.

Ninguno de los cuatro hombres decidió llevar corbata, aunque todos llevaron chaqueta. Es lo que Soria llama ir de sport fino, una vestimenta muy propia del pijerío rancio de club náutico y Marina d'Or. Los ministros usan este vestuario cuando se quieren acercar al pueblo llano en las campañas electorales, aunque el resto de los cuatro años procuren estar a notable distancia de la plebe, a la que le suda el sobaco como a Iglesias y huele a colonia a granel porque no puede comprar perfumes caros de anuncios imposibles.

La única candidata tampoco llevaba corbata, pero fue la que más se preocupó por abrigar el cuello con un fular de otoño. Los hombres no se salieron del guión: americana azul marina con camisas de colores claros, entre blanco y azulado, como si estuvieran debatiendo en Tenerife en vez de en Las Palmas, aunque bien es verdad que el amarillo es demasiado hortera para un debate serio.

El debate a cinco casi se convierte en un cara a cara entre Soria y Rosell. Si no lo fue se debió a que los dos adversarios se saludaron por cortesía sin mirarse a la cara, esquivando la mirada por si acaso saltaran chispas e incendiaran el estudio antes de empezar la contienda.

La candidata de Podemos, con sólida formación jurídica, acusaba al PP de generar toneladas de corrupción con olor a gato muerto, mientras que el ministro, con gran formación económica y empresarial, se tapaba la nariz para no oler a basura y aseguraba que su partido es el que más ha hecho por acabar con esa lacra; más bien por taparla. Tuvo mérito que lo dijera de corrido sin esbozar ninguna sonrisa.

Me apuesto que en el próximo debate televisivo los hombres se pondrán la corbata que les recomendarán sus asesores de imagen, igual que tu madre te conminaba a salir a la calle con calzoncillos limpios por lo que pudiera pasar, por si tenías un accidente (que dios no lo quiera) y te desnudaban en el hospital. Rosell seguirá sin corbata no porque sea mujer, sino porque sabe que el hábito no hace al monje, aunque sí al corrupto.

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