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El retrógrado tercer mundo del señor Brufau

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El presidente de Repsol, Antonio Brufau, declaró el pasado miércoles que el rechazo generado a las perforaciones petrolíferas en Canarias fue "tercermundista y retrógrado", que “provocaron un dolor de muelas serio” a la multinacional y que “pensar que la modernidad pasa por no tener energía es tanto como insultar a los países emergentes que necesitan energía para crecer". Ante estas declaraciones, efectuadas tras dos años y dos meses del abandono de las perforaciones de la petrolera en Canarias, muchas personas se sorprenden por entender que representan un ataque contra la sociedad canaria pero, en realidad, las palabras de Brufau deberían encajarse sin sorpresa alguna como lo que efectivamente reflejan: un reconocimiento implícito a la población canaria por su histórica lucha contra la imposición de una interminable cadena de despropósitos conniventes entre un gobierno con mayoría absoluta y una multinacional acostumbrada a comprarlo todo a golpe de talonario.

Las masivas e inéditas movilizaciones de la población canaria en las ocho Islas trascendieron en todo el mundo cabreando a los magnates petroleros y, visto lo visto, el enfado aún perdura y confiemos en que por mucho tiempo para que no olviden. Y eso es positivo, muy positivo. Excepto para aquellos acólitos entregados a los intereses directos de Repsol y corporaciones del género, nadie a estas alturas puede dudar que las decisiones de los máximos representantes del dúo gubernamental-petrolero, José Manuel Soria y Antonio Brufau, vulneraron sistemáticamente durante tres años la esencia de los más básicos preceptos democráticos amenazando el territorio y la base productiva del presente y futuro de las Islas. El coste de ningunear las legítimas reivindicaciones promulgadas por el Parlamento y el Gobierno de Canarias, por los Cabildos y por el amplio tejido social contra las prospecciones, tiene un precio elevado en términos sociales, pero ellos solitos se arrojaron al mar a sabiendas que la marea estaba revuelta.

El fracaso personal de Brufau y Soria en Canarias representa el orgullo y la reiterada dignificación de un pueblo que luchó para no claudicar ante los abusos de tan influyentes poderes, y por ello no puede causar sorpresa que al presidente de la multinacional se le revuelva el estómago cada vez que se mencione la palabra “ Canarias”. El varapalo isleño encabeza sin duda su mayor fiasco al frente de la petrolera desde la perspectiva de su credibilidad personal y corporativa, porque aludir a la moral y social sería tan absurdo como irrisorio en un empresario en el que la carencia de empatía es solo equivalente a la obsesión por incrementar sus beneficios en miles de millones de euros atropellando sin escrúpulo alguno a los sectores más vulnerables y faltando reiteradamente a la verdad. Recordemos que tras colocar el ex-ministro Soria en enero de 2012 al ex-alto cargo de Repsol Fernando Martí Scharfhausen al frente de la Secretaría de Estado de Energía, el Gobierno de España aprobó solo dos meses después el Real Decreto 547/2012 de 16 marzo, autorizando a Repsol a reiniciar unas exploraciones suspendidas en 2004 por el Tribunal Supremo, tras un recurso interpuesto por el Cabildo de Lanzarote en 2002.

A partir de marzo de ese año, Antonio Brufau encabeza una ofensiva demagógica sin precedentes en España en la que se vende amplificada la supuesta creación de más de 52.000 puestos de trabajo en las Islas (cuando en todo el mundo, los empleados de la petrolera no superaban los 25.000 trabajadores) para reducir la cifra un año después a 5.000, posteriormente a 3.500 y, finalmente y durante la única prospección efectuada (Sandía-X), afirmar que Repsol nunca había prometido contratar personal directo en las Islas. Pero los ímprobos esfuerzos de la petrolera para convencer a la población canaria de las bondades de convertir las Islas en un campo petrolífero, incluyeron también la aireada difusión sobre inventadas estimaciones de más de 1.200 millones de barriles en unas reservas supuestamente valoradas en 157.000 millones de euros (15 marzo 2013) y afirmaban que, en caso de explotarse, esa industria “ iba a ser la salvación de Canarias”.

Lejos de que los argumentos de la petrolera convencieran y como bien recordarán ustedes, la oposición arreciaba con fuerza en los ámbitos sociales, científicos e institucionales de las Islas, en los grupos políticos de la oposición del Congreso de los Diputados y del Parlamento Europeo, de ONG´s internacionales de todo el mundo y en decisivos sectores turísticos de Europa en Canarias, fundamentalmente de Reino Unido, Alemania, Dinamarca, Suiza, Finlandia, Noruega y Suecia.

Repsol desembolsó más de un millón de euros en su campaña mediática canaria (según conversaciones intervenidas por la Guardia Civil a imputados de la trama Púnica que supuestamente ofrecieron servicios de maquillaje a la petrolera), trataron de engatusar a toda página con disparatadas pero siempre vergonzantes falsedades, como que el buque perforador Rowan Renaissance no se vería desde la costa, que no contemplaban ningún riesgo de derrames, que los beneficios serían para España, que la compatibilidad entre la explotación petrolífera y la conservación del medio natural donde se efectúa en otros parajes es idílica, y una retahíla de publicidades tan estúpidas como ellos creían que aquí podían colar, pero no colaron, obviamente. Recordemos que Repsol reconocía en su web en 2012 haber registrado 6.985 derrames entre 2006 y 2010 en todo el planeta, decenas de ellos en el Mediterráneo y, entre 2012 y 2014, sufrió otros vertidos al medio marino en Perú, Tarragona y dos en Alaska, donde la petrolera acaba de descubrir ahora un supuesto inmenso yacimiento cuya noticia ha permitido que sus acciones en bolsa se elevaran para bien de toda la humanidad.

Recordemos que Repsol negó durante todo el periodo de pleito en Canarias la posibilidad de celebrar un debate público y en directo a pesar de haber sido solicitado reiteradamente por los Cabildos de Lanzarote y Fuerteventura y el Gobierno de Canarias. No controlar el formato, los intervinientes y los tiempos de intervención en vivo era demasiado arriesgado, así que mejor pagar publicidad y entregar cada mañana un nuevo fascículo con las bondades de su película. La opacidad y obstaculización permanente en los mecanismos del aparato del Estado durante el proceso administrativo, político y jurídico, serán recordados por mucho tiempo en las Islas porque se supone que el Estado debe servicio a la ciudadanía y, en este caso, el servicio se le otorgó gratis a un consorcio de tres petroleras lideradas por Repsol contra la voluntad popular de las Islas.

Si Repsol y su aliado gubernamental desplegaron esa ofensiva en un país donde no se disparan balas a sus pacíficos manifestantes -aunque sí los atropellen con barcos de una Armada Española que pagamos todos-, ¿qué no harán con las poblaciones indígenas, sus recursos y sus derechos fundamentales en las zonas de prospección y explotación de países tercermundistas, como los llama Bufrau, donde muy poca información trasciende sobre lo que acontece?. Pánico da pensarlo porque, a pesar de las mordazas, muchas personas y organizaciones saben cómo se las gastan las petroleras en las selvas, en los hielos árticos y en los desiertos. La industria del petróleo agonizará durante este siglo de forma inevitable, no solo por el progresivo encarecimiento de las operaciones de extracción sino por la inevitable deriva de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero que, unos gobiernos antes y otros después, deberán implementar en las políticas globales y particulares de cambio climático. Así lo reconoce la propia industria, así se reclama en Naciones Unidas y en una sociedad mundial cada día más consciente de los graves impactos derivados del calentamiento global que ya pasa factura en muchos enclaves del planeta.

El mundo del déspota e insensato Brufau perderá fuelle día a día, y en esta lucha social y medioambiental debemos congratularnos, muy especialmente los canarios y canarias, de haber contribuido a poner en su justo sitio a este enemigo del tercer mundo y de la naturaleza del planeta reclamando al tiempo energías limpias, socialmente justas, independientes y sostenibles. La Fundación César Manrique declaró esta semana que “ La descalificación y la ofensa resentida de Brufau a Canarias y a sus ciudadanos representan la expresión más grosera de la arrogancia y la mentalidad colonial de no pocas multinacionales que arrasan el planeta y menoscaban el patrimonio natural de los pueblos". No se puede estar más de acuerdo. Recuerde bien Canarias, Señor Brufau, a pesar de sus estériles ofensivas mediáticas y del negro episodio que lideró en las Islas, aquí no se le tiene miedo ni a Usted ni a los que obran como Usted, por mucho que siga faltando al respeto o por muy dolorosos que resulten sus merecidos dolores de muelas.

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