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El rey de lo virado por Pedro Hernández Álvarez (*)

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Los virados abundan entre coburgos, imitadores y sucedáneos. Son los que se tapan las manchas del traje de siempre de brillo añejo con el babi, con la túnica de cofrade. Su mayor ilusión es mirar a sus semejantes de arriba abajo a la luz de una redoma con sonrisita de suficiencia. En su cabeza con media entrada y una sola salida, el convencimiento de que todos deberíamos marchar a redoble de tambor. De su tambor. Se pelean a muerte por cargar procesiones, estandartes, o esperar tecleando su laptop en las salas vips con cargo a su cargo funcionarial o empresarial. O lo que sea. Para salir en las fotos. Para aparecer. Para mostrarse frente a la plebe. Ante el populacho, a quien se refería uno de ellos como “esos que ahora también tienen coche”. Se equivocan siempre los subordinados y aciertan ellos. Su poder es, ha sido, será, relativo, temporal. Solo, mientras y durante su presencia que será real coincidiendo con la del palo virado bien de copas, bastos, oros o espadas. Nada serio. Nada democrático. No de tú a tú. Un majo y limpia mientras están en el poder. He tenido que tratar, y seguro que ustedes también, con muchos de ellos en la vida. Su reacción ante una confesión personal, vital, de que se pasaron estrecheces cuando niño, en comida, ropa, colegios y demás lujos, seguida de la pregunta dirigida a ellos “¿y usted?”, les aseguro que es la prueba definitiva para comprobar su solidez y su verdadera clase. Niegan la mayor y la menor y todas. Les entran los nervios. Se les notan que van ciegos, sin cartas. Es su falta de temple. Su existencia es un farol. No valen. Están rodeados de una muralla erigida por ellos mismos. El rey de lo virado en una partida de envite. De baraja canaria. De naipe internacional. Dinero, técnica, tácticas, acuerdos tácitos y explícitos. Convenciones, avances y retrocesos, directivos. Cálculos, repartos, ideas, sugerencias, en coordenadas financieras internacionales y educativas. Pedí consejo a mi padrino, siempre imprescindible en estos casos de bautismo y me dijo que of course, palante. Aquí estoy. (*) Pedro Hernández Álvarez falleció este sábado, 24 de febrero de 2007, a los 60 años de edad. Nacido en el tinerfeño municipio de La Orotava, fue directivo del Santander Central Hispano y patrono de la Escuela de Negocios MBA. Este artículo fue su primera columna publicada en CANARIAS AHORA bajo el epígrafe El rey de lo virado.

Pedro Hernández Álvarez (*)

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