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La suspensión de la suspensión de la suspensión

La sorpresa ante el auto, y la complejidad de la situación que origina, ha provocado que –por una vez- todos los presuntos implicados mantengan las formas y pidan tiempo antes de pronunciarse.

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Vaya lío monumental: justo el día después de que el presidente del Cabildo de La Palma, Anselmo Pestana, se reuniera en Madrid con la Federal del PSOE para intentar resolver la situación de su grupo de fieles, perdido en el limbo de la expulsión, y para enredar aún más las cosas en el Cabildo, un auto de la sección cuarta de la Audiencia Provincial, fallado el 31 de octubre, pero conocido apenas hace unas horas, viene –y perdonen ustedes el galimatías- a suspender las medidas cautelares que suspendían la suspensión de militancia de los socialistas. El auto da la razón a la regional y la federal del PSOE y confirma la validez de la expulsión de Pestana y los suyos, pero no resuelve el conflicto de fondo, podría decirse que vuelve a colocar la ficha en la casilla de salida de este particular juego de la oca en el que los tres principales partidos palmeros han colocado a la primera corporación de la isla.

La sorpresa ante el auto, y la complejidad de la situación que origina, ha provocado que –por una vez- todos los presuntos implicados (los seguidores de Pestana, la gente de API con Guadalupe González Taño a la cabeza, los del PSOE oficial, y hasta el PP) mantengan las formas y pidan tiempo antes de pronunciarse. Porque al margen de lo que implica el que Pestana y los suyos estén ahora definitivamente expulsados (al menos hasta que la federal del PSOE decida readmitirlos), la cuestión de fondo es más política que judicial: Ferraz ya ha manifestado su disposición a recuperar a los díscolos palmeros, siempre que estos renuncien al actual pacto con el PP y a “pactos futuros”, una muy curiosa fórmula, teniendo en cuenta lo revuelto que anda el patio.

Uno se pregunta si estamos en condiciones de volver a someter al Cabildo, a muy pocos meses de las elecciones locales, a una nueva tormenta política, con más cambios de los que ya ha sufrido la corporación, y que la han colocado en una situación de permanente desgobierno.

Personalmente, creo que la única solución razonable para desatascar este enredo sería establecer un acuerdo general entre los tres grandes partidos para gobernar en coalición de aquí al final del mandato. Claro que eso requeriría de enormes dosis de generosidad por parte de todos los implicados en este correoso trauma, y en el Cabildo de La Palma si ha sobrado algo no ha sido la generosidad sino el cálculo. Por cierto, demostrando que a los dirigentes palmeros debieron suspenderles en matemáticas en el Bachillerato.

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