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Una vergüenza en nombre de la UD

CUATRO O CINCO DESALMADOS VUELVEN A ENSUCIAR LA IMAGEN AMARILLA

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A las cuatro de la tarde un escalofrío recorrió el cuerpo de la punta del pelo a las uñas de los pies: salía la guagua del Tenerife delante del Hotel Contemporáneo. Y desde las ventanas del hotel, un "pío, pío" atronador seguido de "oé, amarillo, oé, oé" invadió la siesta de la Rambla chicharrera. Emocionante.

Eran prolegómenos de una tarde que se esperaba apasionante. A lo grande. De presagios amarillos. Pero nada de eso sucedió: la UD salió al campo con una marcha menos, "sin huevos", y desde la grada sólo se vieron caer bengalas y petardos racimo que avergozaron el nombre de la Unión Deportiva. Porque hay amores que matan. Y encima, se alimentan.

Aquel escalofrío de las cuatro de la tarde se quedó en un mal cuerpo un par de horas después. Las Palmas no era la de los tres últimos encuentros. Juanito se empeñó en dar a Víctor Afonso la titularidad y desplazó a todo el equipo: David García a la banda, Txiki al interior.

Después, con los cambios en la segunda parte reconstruiría en gran parte el desaguisado: David García otro vez de central, Txiki de nuevo al lateral. Pero ya era demasiado tarde: el baño del Tenerife sólo dejó la imagen pésima desde la grada, con alguna que otra carga policial incluída, ante tanto desmadre de bengalas y esos petardos que explotan en pequeñas fases a la vez que avanzan por el campo.

Qué vergüenza. A Miguel Ángel Ramírez, presidente de la UD Las Palmas, no le quedó más remedio que pedir públicamente disculpas en las emisoras de radio tinerfeñas por el comportamiento de "cuatro o cinco que no representan a la afición de Las Palmas". Es la misma historia de siempre: impidan que vuelvan a entrar a un estadio. Y mucho menos viajar con la Unión Deportiva. Porque hasta el colegiado advirtió a la media hora de juego que no se andaría con chiquitas: suspendería el partido.

La verdad es que, tal y como se desarrolló el derbi, el trencilla le hubiese echado una mano a Juanito, para recomponer el desastre de Las Palmas en Santa Cruz. Pero lo que hizo el caballero fue llevarse la mano dos veces al bolsillo y expulsar al tinerfeño de Taco, ya con el 2-0 en el marcador y casi todo el pescado vendido.

Ha sido un golpe duro para la afición pero lo que realmente está en juego, la permanencia, no debe tambalearse por este derbi para olvidar en Gran Canaria y el Archipiélago que siente en amarillo. El fútbol tiene esas cosas: siempre hay un próximo domingo.

Y si la vergüenza se tiñó de amarillo -en realidad, de verde, naranja, rojo, que eran los colores de las bengalas que explotaban-, tampoco se quedan cortos del lado local. La emoción llevó a más de uno a tirarse al campo con el pitido final, con la consiguiente intervención de los antidisturbios, que sí que tuvieron que emplearse a fondo ya en la calle, con dos o tres cargas contra radicales desalmados que querían apedrear la guagua de la Unión Deportiva. Eso se llama saber ganar, sí señor. Vaya panda.

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