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El clima cumple cien años

El Observatorio Meteorológico de Izaña fue construido hace un siglo y desde entonces se ha convertido en un centro de investigación de primer orden en el ámbito mundial

Entre las principales conclusiones obtenidas en las cumbres de Tenerife está el aumento de un grado centígrado en nuestro clima y la ratificación de que en el futuro aumentarán los fenómenos meteorológicos adversos

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Observatorio Meteorológico de Izaña.

Observatorio Meteorológico de Izaña. Conchy Bayo

Durante el año 2016 se llevará a cabo una amplia variedad de actos cuyo motivo central será dar a conocer y reconocer el papel que el Observatorio Meteorológico de Izaña juega en el ámbito, incluso mundial, en cuanto a la investigación del clima. El acto principal tendrá lugar el ocho de abril momento en el que se celebrará un encuentro de los directores de los servicios meteorológicos europeos. Pero las actividades se desarrollarán a lo largo de todo 2016.

En el mes de junio está previsto una reunión de comunicadores españoles especializados en estas cuestiones. De forma inmediata saldrá a la luz una web monográfica centrada en el centenario, con un resumen de la historia de Izaña, un recorrido gráfico por décadas y un folleto de divulgación en español e inglés. Además, habrá unas jornadas de puertas abiertas, cuya fecha aún está por determinar.

El director del Centro, Emilio Cuevas-Aguiló asegura que a nivel particular se siente orgulloso de ser la persona a la que corresponde celebrar este centenario. “Para mi es un honor porque estamos hablando de la institución científica del Archipiélago que ha llevado a cabo la labor investigadora más importante sobre el estudio del clima y además lo ha hecho de forma ininterrumpida durante cien años. Un caso único en el mundo”.

Este centenario supone una ocasión de oro para dar a conocer hechos que normalmente son desconocidos para los canarios. Por ejemplo, las razones que movieron a los científicos a escoger la Cañada de La Grieta hace un siglo como lugar donde llevar cabo sus exploraciones. Desde entonces, e incluso antes de la construcción del centro, se han llevado a cabo actividades como el lanzamiento de globos, estudios aerológicos, medidas de radiación solares o de electricidad atmosférica.

El Centro ha estado directamente involucrado en las grandes investigaciones que han tenido lugar en todo el mundo con el clima como principal protagonista. Por ejemplo, el estudio de los gases invernadero que dan lugar al calentamiento global, hasta el punto de haberse convertido en un Centro puntero en el estudio de la capa de ozono. De hecho aquí se calibran los complicados equipos que se dedican a estas labores y se estudian el efecto del uso de aerosoles, otro de los componentes que inciden en el clima y en la calidad del aire.

El Centro trabaja en estrecha colaboración con Aerosol Robotic Network (Aeronet) que desarrolla junto con diversas entidades, entre ellas la Nasa, nuevos equipamientos, instrumentos y metodologías para el estudio de los aerosoles. Por ejemplo, con una compañía canaria han puesto en marcha diversos aparatos y un equipo para medir estos elementos de manera económica y que servirá para instalar una red en el desierto del Sáhara. En estos momentos hay proyectos con la agencia espacial europea y con la Nasa para impulsar el diseño de satélites meteorológicos.

A lo largo de este siglo de vida el Centro ha hecho importantes contribuciones al estudio del clima. Por ejemplo, desde Tenerife se ha elaborado la secuencia más completa sobre la evolución de los gases invernadero. En cuanto al estudio de la capa de ozono se ha intentado determinar la discrepancia de medidas que existe desde diferentes puntos y el desarrollo de nuevos equipos. Entre ellos, los instrumentos que ha incorporado la Nasa para el estudio de los aerosoles han sido desarrollados en Tenerife en colaboración con una empresa francesa. El Centro se sitúa en primera línea en cuanto al estudio del cambio climático, un asunto que en estos momentos ocupa la agenda de los gobiernos y centra las preocupaciones de los ciudadanos.

El emplazamiento fue elegido hace más de un siglo y se tuvo en cuenta que está situado en una Isla y en una montaña lo que da garantías sobre la calidad de las observaciones. Precisamente, el mar de nubes actúa como barrera natural para hacer más pura aún la vigilancia. En Izaña se dan unas condiciones extraordinarias que garantizan que el cielo tenga una gran pureza.

Por ello, en este punto se sitúa también el Observatorio Astrofísico, con los que la colaboración es constante y el intercambio de datos, continuo. Aquí se concentra un enclave científico de primer orden. En pocos lugares del planeta se puede encontrar a la vez un complejo astrofísico y un observatorio atmosférico de este nivel. Por si fuera poco, relativamente cerca, en el Roque de Los Muchachos en la Isla de La Palma, también se halla otro complejo científico de primer orden y en la misma Isla de Tenerife se sitúa el Centro Oceanográfico. “Canarias en cuanto ciencias de la tierra y del espacio tiene un potencial enorme, y eso es algo que no todo el mundo sabe. Aquí unimos perfectamente el estudio del cielo, el mar y la tierra”. En el ámbito mundial el único enclave parecido sería Hawaii, con los que existe una fructífera colaboración. Las condiciones climáticas son favorables alrededor de 310 de los 365 días del año.

Cuevas ha participado activamente en el estudio del cambio climático: la conclusion en el caso de Tenerife es que ha existido un aumento de temperatura de un grado, lo que vendría avalado por una larga serie de mediciones. Cuevas plasmó el resultado de sus estudios en una publicación especializada de tirada internacional denominada ‘Weather’s Changes’. Considera que las Islas están asistiendo a un aumento y mayor intensidad de los fenómenos atmosféricos adversos y extremos tales como las olas de calor, lluvias intensas o vientos fuertes. Es a partir de los años ochenta cuando estos fenómenos se aprecian de forma más clara.

Emilio Cuevas, director del centro.

Emilio Cuevas, director del centro.

“Estamos de pleno metidos en un proceso de cambio climático y los propios ciudadanos son ya conscientes de que ocurre así porque hasta ahora muchos pensaban que tan sólo se trataba de una hipótesis científica. Nuestra memoria no es muy útil para llegar a este tipo de conclusiones. Lo que debemos ver son las tendencias a largo plazo”. Hay que tener en cuenta que para llegar a alguna conclusión más o menos fiable se deben realizar análisis a lo largo de treinta años. En el caso de Izaña estos abarcan ya un siglo con lo cual serían triplemente fiables, convirtiéndose además en un banco de datos y estadísticas que pocas estaciones del mundo pueden albergar. Uno de los síntomas casi indudables de la importancia de este Centro es que los recortes estatales apenas les han afectado.

Historia atmosférica

Desde hace siglos las condiciones meteorológicas de Tenerife la convirtieron en un lugar visitado por investigadores de la naturaleza. Entre ellos, destaca Alexander von Humboldt quien llegó a la Isla y realizó diversas experiencias científicas a finales del siglo XVIII. Por ello, no es raro que en los primeros años del siglo XX, la comunidad meteorológica europea manifestara un decidido interés para establecer un observatorio permanente en las cumbres de la Isla.

Pero hubo más estudiosos que jugaron un papel importante a la hora de promover Tenerife como un lugar idóneo para este tipo de investigaciones. Por ejemplo Hadley, un científico inglés que teniendo en cuenta la latitud subtropical de la Isla, explicaba la dinámica de la atmósfera según la componente vertical. De esta manera, considerando la rotación terrestre, acabó

estableciendo lo que se ha denominado la Célula de Hadley, como un factor determinante en la circulación general de la atmósfera.

Charles Darwin arribó a Tenerife con la expedición del Beagle el 6 de enero de 1832. No le fue posible desembarcar debido a los rumores de que el barco era portador de una epidemia de cólera originada en Inglaterra. No obstante, Darwin aprovechó la ocasión para llevar a cabo la recogida y medida del diámetro de partículas de polvo y la importancia del viento procedente del Sáhara en la climatología de las Islas.

El primer libro sobre el clima de Canarias fue publicado en 1823 y corrió a cargo del geólogo alemán Leopold von Buch. En su obra sistematizó las observaciones del alisio en Canarias y en el pico del Teide realizadas desde Edmond Halley. Pero las investigaciones se han sucedido de forma ininterrumpida desde entonces.

Todos aquellos investigadores prepararon el terreno para la construcción del Observatorio de Izaña. La iniciativa corre a cargo del profesor Hugo Hergesell, catedrático de la Universidad de Berlín, director del Observatorio de Lindenberg y presidente de la Comisión Internacional para la Aerostación Científica (CIAC).

El interés internacional por establecer un observatorio permanente en las cumbres del Teide crecía a principios del pasado siglo. De manera que en 1906 el francés Teisserenc de Bort propuso durante la CIAC reunida en Milán en ese año que este observatorio formase parte de un ambicioso proyecto para poner en marcha una red de estaciones en el hemisferio norte. Curiosamente, el gobierno alemán demostró bastante más interés que el español en esta iniciativa. Aunque las observaciones se realizaron de forma más o menos continuas desde el año 1909, el centro no fue construido hasta finales de 1915, después de una larga serie de avatares políticos y científicos.

Y es que la construcción de un observatorio en las cumbres de Tenerife resultaba una tarea dura y muy costosa. Por todo ello, la ejecución fue demorándose y complicándose con el transcurso del tiempo. Así, los trabajos duraron unos 4 años y costaron unos 1.300 euros. En realidad el interés del gobierno alemán no era otro que utilizar este centro como lugar donde estudiar las características meteorológicas y la idoneidad del terreno para aprovecharlo como aeródromo para zepellines.

El observatorio fue inaugurado el 1 de enero de 1916, desarrollando desde entonces su actividad sin apenas ninguna interrupción. Aunque lo cierto es que el momento elegido no fue el más conveniente. La guerra europea acabó con las campañas y estancias de científicos, sobre todo de alemanes, a los que el Tratado de Versalles de 1919 impidió realizar cualquier actividad fuera de su territorio. Durante los años siguientes la existencia de actividad en el observatorio se redujo a poco más que las observaciones aerológicas convencionales y a las medidas de radiación.

Turistas durante unas jornada de puertas abiertas del Observatorio de Izaña

Turistas durante unas jornada de puertas abiertas del Observatorio de Izaña

La investigación del observatorio cesó prácticamente durante el período 1930-1960. Las consecuencias de la guerra civil española y de la segunda guerra mundial se dejaron sentir en los recursos materiales y humanos, causando la ausencia prácticamente total de investigaciones especiales. Los sondeos aerológicos, mediante cometas y globos piloto, fueron interrumpidos en 1960. Desaparecieron las ventajas que reportaba su lanzamiento desde los observatorios de montaña, y comenzaron entonces los radiosondeos llevados a cabo desde el nivel del mar, en el caso de Tenerife desde la capital de la Isla.

En el año 1958, coincidiendo con la apertura política del régimen franquista, llegan nuevamente científicos extranjeros a Izaña con ocasión de un eclipse solar. Los astrónomos y astrofísicos usan el observatorio para llevar a cabo estudios sobre la transparencia de la atmósfera y para examinar el grado de idoneidad de ésta para las observaciones astronómicas. Las investigaciones fueron continuas a lo largo de todos estos años. Hasta el punto de que durante los últimos tiempos, el Centro de Investigación Atmosférica de Izaña ha incrementado de un modo espectacular la cifra y la calidad de las observaciones de la atmósfera, habiéndose involucrado en un considerable número de programas y experimentos científicos.

“Este es el final feliz de una historia que comenzó hace ya casi tres siglos, y que recomienza año tras año, de acuerdo con los nuevos retos y propósitos que la comunidad científica internacional toma en consideración. El CIAI ha cogido el relevo de aquél observatorio que vino a dar la luz a los meteorólogos españoles para, desde hace unos años, ser él mismo quien forma a nuestros científicos y colabora con investigadores de todo el mundo”. Así se indica en la información que ofrece este organismo a través de la Agencia Española Meteorológica (AEMET) a la que pertenece. Una reflexión que sirve como especie de antesala para las celebraciones que tendrán lugar en breve.

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