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El Cabildo de Gran Canaria da por extinguido el incendio declarado en la cumbre el 20 de septiembre

La recuperación de la vegetación se producirá por mosaicos, algunas zonas tendrán que ser replantadas y otras tardarán dos años en borrar sus cicatrices

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Fuego en Tejeda desde Artenara

Fuego en Tejeda desde Artenara Miqueas Sánchez

El Cabildo de Gran Canaria ha declarado este lunes la extinción del incendio hambriento que arrasó 2.700 hectáreas de la cumbre y que pudo ser frenado gracias a la lluvia en la vertiente norte, las áreas cortafuegos elaboradas con quemas prescritas en invierno y la contundente actuación del operativo desplegado, a lo que se sumó la limpieza hecha en gran parte de las propiedades que quedaron casi intactas.

El incendio se declaró el pasado 20 de septiembre en torno a las 14.00 horas, se dio por controlado el 23 de octubre y desde entonces la vigilancia, el enfriamiento y la actuación en focos, tocones y humos ha sido la dinámica de trabajo. El último humo se percibió el sábado a las 18.00 horas, de modo que pasadas las 36 horas recomendadas por los técnicos, el presidente del Cabildo, Antonio Morales, ha firmado la declaración de extinción.

La Corporación grancanaria señala en un comunicado que la mano del hombre estuvo detrás del inicio de las llamas y que la principal hipótesis es la intencionalidad. El fuego comenzó con una fuerte fase explosiva, casi una deflagración, que arrasó cuatro hectáreas por minuto.

La recuperación de la cumbre se producirá por mosaicos, el 80% de las áreas tratadas con quemas salvaron los pinos y ya han empezado a soltar su pinocha y a cubrir el suelo, por lo que hay puntos en los que casi no se nota que pasó el fuego. Otras zonas sin quemas controladas o con otros tipos de pinos y árboles tendrán que ser replantadas, y el resto llevará entre seis meses y un total de dos años para borrar las cicatrices. Como siempre, el pino canario, adaptado al entorno volcánico, será el que mejor se recupere.

Un inicio virulento

La virulencia de las llamas y su rápido avance impidió la actuación de los servicios de emergencia en un primer momento, por lo que la actuación se centró en evacuar de inmediato a quienes se encontraban a su paso, si bien causó el fallecimiento de una mujer.

Bomberos apagando un rescoldo en el incendio de Gran Canaria

Bomberos apagando un rescoldo en el incendio de Gran Canaria Ángel Sarmiento

Varios grandes temores se sucedieron desde el primer momento: que progresara por el norte hacia San Mateo y Santa Brígida y que por los flancos saltara a Valleseco y a la cuenca sureste-sur, por donde la catástrofe natural y personal habría adquirido unas proporciones exponenciales.

La ansiada lluvia

Sin embargo, la lluvia y la bruma que entraron la primera noche fue determinante, ya que frenó su avance por la cara norte y permitió centrar los trabajos en otras zonas en las que la lluvia no hizo su aparición. Igualmente determinante fueron los trabajos de prevención de invierno como las quemas prescritas realizadas por los equipos presa del Cabildo, que bajaron la intensidad del fuego en estas áreas y el potencial de lanzamiento de pavesas.

Otra de las claves para conseguir aplacar el fuego fue la labor de extinción del operativo desplegado, con destacadas actuaciones de los presa, que detuvieron los dos complejos frentes con gran potencial de destrucción. Por un lado el flanco izquierdo, en los sectores de Mesas de Galaz, por donde saltaba hacia Valleseco; y por otro el flanco derecho, por Llanos de la Pez, por donde impidieron que saltara a San Bartolomé de Tirajana y Tejeda, operaciones en las que también actuaron agentes de Medio Ambiente como mandos operativos de extinción.

El Cabildo considera que las quemas prescritas han demostrado ser más eficaces que los cortafuegos tradicionales, por lo que llevarán este ejemplo a revistas especializadas. Asimismo, aboga por trazar un mosaico de áreas de baja carga vegetal que minimice las afecciones.

Incendio en la cumbre de Gran Canaria, visto desde el sureste de la isla. (ALEJANDRO RAMOS)

Incendio en la cumbre de Gran Canaria, visto desde el sureste de la isla. (ALEJANDRO RAMOS)

La estrategia en la que el Cabildo ha trabajado en los últimos quince años se ha centrado en trazar una gran franja de este a oeste de más de 500 hectáreas de quemas controladas que divide la mitad norte de  la mitad sur para, dentro de cada mitad, dividir las cuencas más peligrosas unas de otras, para cortarle el camino al fuego. También reciben este tratamiento los entornos de los restaurantes de la cumbre, las instalaciones militares y aeroportuaria y las propias del Cabildo, los Juncos, Garañón y las zonas de acampada, lo que las salvaguardó del fuego.

Estas franjas no tienen impacto visual, no llevan tanto mantenimiento como los cortafuegos convencionales, y su descarga de vegetación hace que el fuego apenas se levante del suelo –fuera de estas áreas alcanzó 40 metros de altura-, y vaya más lento, lo que además permite entrar y atacar las llamas.

Y es que son áreas que pierden la capacidad de lanzar cenizas y brazas, tanto su tamaño como su distancia de alcance, y esto fue clave para que no saltara a las cuencas del sur, "si bien el incendio era un tsunami, y como tal, se temió lo peor en todo momento".

La Administración recuerda que la franja también permitió atravesar el incendio para recoger a las personas que se encontraban cerca del Pico de las Nieves y que no pudieron salir de la cumbre, quedando una treintena de personas confinadas en la Base Militar. En determinadas ocasiones, añade, es más seguro el confinamiento que la huida, en la que mueren gran parte de las víctimas de los incendios, así como en las evacuaciones tardías y atropelladas.

El Cabildo agradece la gran coordinación institucional y labor efectuada, junto a la Unidad Operativa de Fuegos Forestales del Cabildo; los presa, bravos y agentes de Medio Ambiente y los técnicos del Cecopin; al 112; a la Unidad Militar de Emergencias (UME); a las policías locales; al Consorcio de Emergencias de Gran Canaria; protección civil; y Cruz Roja. Así como a los bomberos de los distintos municipios; la Policía Canaria; la Guardia Civil; y la Policía Nacional, además de al personal de Carreteras y Sector Primario del Cabildo y personas que trabajaron con especial ahínco para devolver el agua y la luz a las zonas afectadas.

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