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La basura aflora en Lanzarote

LA FISCALÍA CALIFICA LA PRIMERA PIEZA SEPARADA DEL CASO UNIÓN

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Carlos Espino

Carlos Espino

A Carlos Espino le decretaron la muerte cívica los tres caciques de la isla de Lanzarote por haber denunciado ?y colaborado en la investigación con la Guardia Civil- uno de los mayores asuntos de corrupción en Canarias, el englobado en lo que se ha dado en llamar caso Unión. Espino era consejero socialista de Ordenación del Territorio del Cabildo de Lanzarote, y desde ese puesto se propuso no dejar pasar ni una, especialmente a los alcaldes tan dados a las trapisondas con los tres caciques de la isla que decretaron su muerte cívica cuando no se dejó sobornar. El decreto funcionó y Carlos Espino tuvo incluso que abandonar la secretaría general del PSOE en la isla al considerar su partido que no se podía estar en contra del poder empresarial corrupto, que un día te financia una campaña y otro día pone en marcha su tremenda maquinaria de compra de votos en favor de los adversarios, con lo que te puedes dar por jodido. Espino se conformó con que lo llevaran de asesor de la viceconsejera de Medio Ambiente al Gobierno, y purgó su sentencia con la serenidad con la que un día dejó que la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil le colocara un micrófono con el que grabar una de sus conversaciones con Fernando Becerra, el correo del empresario Luis Lleó para la compra de al menos ese político. El escrito de la Fiscalía sobre esta primera pieza separada del caso Unión, conocido este lunes, describe una componenda de corrupción que suena a los años 20 de Chicago, y confirma hilo por pabilo el contenido de las denuncias de Carlos Espino y los primeros pasos que dio la instrucción a cargo del juez Pamparacuatro, contra el que también se decretó la deportación de la isla de Lanzarote con un éxito de cien sobre cien. La petición de cárcel que promueve el Ministerio Público se basa en hechos probados que fueron ratificados por el correo de Lleó, Fernando Becerra, unas confesiones y unas conclusiones judiciales que dejan literalmente con el culo al aire a todos los periodistas y medios de comunicación (de Lanzarote y de las islas adyacentes) que llegaron a afirmar que Unión era un puritito invento de Carlos Espino, movido por no se sabe muy bien qué resortes políticos o psicológicos. Pues no, van al banquillo el presunto autor de un cohecho, Luis Lleó, y el correo que envió para cohechar, Fernando Becerra. ¿Alguien ya ha pedido perdón a Carlos Espino?

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