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Pero un día llegó Mauricio

Y HUBO QUE ELEGIR, PORQUE AL CONSEJERO NO LE GUSTA COMPARTIR CARIÑOS

Pero un día llegó a las inmediaciones del periódico un viejo conocido de la casa, José Carlos Mauricio, y hubo que hacerle un hueco en los cariños editoriales. Mauricio no comparte plato con nadie, y tras situarse donde quería, ha conseguido qu

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Pero un día llegó a las inmediaciones del periódico un viejo conocido de la casa, José Carlos Mauricio, y hubo que hacerle un hueco en los cariños editoriales. Mauricio no comparte plato con nadie, y tras situarse donde quería, ha conseguido que el dueño del periódico, Juan Francisco García, expulse a Soria del frontispicio de los principios editoriales que inspiran la acción diaria del medio. Como una maldición, la llamada Gran Marina ha sido el detonante de casi todo lo que ocurre en la política y sus alrededores en Canarias. Pese a que todos ellos (Mauricio, Soria, García y los empresarios adscritos a su selecto club de la avaricia) estuvieron como un solo hombre a partir un piñón (y unos piños) por el istmo, un año después las cosas han cambiado sustancialmente. Mauricio se desmarca y el desmarque coincide con los intentos del periódico de recuperar la credibilidad perdida, para lo cual se hace con los servicios de expertos consultores internacionales. Al desmarcarse Mauricio, García tiene que elegir, y elige al consejero porque todos los indicios apuntan a que la estrella de Soria empieza a perder fulgor. Y porque todo indica que el istmo, tal y como ellos mismos lo concibieron en sus densas reuniones preparatorias, no puede prosperar de ninguna manera.

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