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Carta a un amigo de la cancha de fútbol

Hasta luego amigo.  Espéranos con el balón en alguna cancha de fútbol del lugar al que vas, con la magia de tus pies y el corazón del mago que siempre fuiste personal y deportivamente. 

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Hasta luego amigo.  Espéranos con el balón en alguna cancha de fútbol del lugar al que vas, con la magia de tus pies y el corazón del mago que siempre fuiste personal y deportivamente.  Espéranos, pronto llegaremos todos, los que alguna vez estuvimos.  Tocaremos el balón y amaremos cada gambeta, como dicen los argentinos, y asistiremos al milagro de la vida: la pasión.  Y juntos tras el balón, reunidos para congratularnos en compañía, inventaremos cosas imposibles, gritaremos cada gol con la pasión de niños que se divierten y que exploran la vida.  Intentaremos perdonarnos la vergüenzas unos y otros de las derrotas, y seguiremos jugando hasta el anochecer, y demostraremos a la vida que nuestra inconsciencia siempre fue disfrutar de ella, y que no hubo pretensión alguna de malgastarla por no haber crecido al paso y al ritmo de los demás mientras seguíamos con la pelotita entre nuestros pies y sobre la barra de cualquier bar una cerveza, al tiempo que en el televisor estaban ellos, también, tras una pelotita, todos esos con los que todavía después de tantos años soñamos querer ser. 

Hasta luego amigo.  Hasta dentro de poquito, que el tiempo viene a devorarnos los instantes, y pronto, muy pronto, estaremos todos ahí contigo, otra vez con el balón entre los pies, imaginando que somos aquellos, nuestros héroes, los que aparecían en el televisor, y como tantas veces, en aquellas tantas ocasiones, tras cualquier gol, nos abrazaremos y gritaremos con la alegría de haber alcanzado algo.  El gol solo fue la excusa, la pasión del instante, lo alcanzado fue la compañía, esos grandes ratitos de un pasado inmenso de aquella juventud victoriosa.  

Hasta luego amigo, y gracias.  Gracias por creer en el balón, como tantos otros que creíamos en él, y en ello alcanzar el éxtasis del juego, del instante, de la compañía de todos los que estábamos en tantas ocasiones. 

Gracias, porque en la casualidad del encuentro, la vida fue conformando las derrotas y las victorias, y en esos buenos ratitos quedaron excomulgadas las trampas de la vida, señalando las importancias, las menores y las mayores.  Y en ello, aprender que un balón entre los pies y tu compañía y una cerveza tras una barra, siempre fue una importancia mayor. 

Hasta pronto amigo, hasta pronto Vitin.  

 

Andrés Expósito, escritor

www.andresexposito.es             

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