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El mar de las circunstancias

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Esta semana he estado asistiendo a las jornadas "Fuencultura" organizadas por el Tagoror Amigos de Fuencaliente. A pesar de que la inercia de las circunstancias arrastra a la mayoría, todavía queda mucha gente que no sólo se preocupa, sino que también trabaja para domar esas circunstancias con voluntad, planificación, acción y corazón.

Contemplando a las distintas personas que han hecho el esfuerzo de organizar estas jornadas, o de investigar y organizar informaciones para exponerlas de forma didáctica y no nos perdiéramos, me han asaltado varias emociones. Admiración por el trabajo, el tesón y la pasión. Agradecimiento por la generosidad con la que comparten. La nostalgia por un ambiente de reflexión serena aunque sobre una realidad descarnada, se ha disipado durante estas horas de reencuentro con amistades dispersas?

También me ha asaltado la duda de si lo que estaba contemplado eran los estertores de una forma de entender la vida como rebeldía para llegar a ser humanos, o si éramos una resistencia sembrando memoria para el futuro.

Yo estoy convencido de que de este estado de shock que nos está aplicando el capitalismo internacional, con la connivencia de papanatas de todo pelaje, saldremos con cambios políticos importantes que trastocarán lo más cotidiano de nuestras vidas. Sin embargo, la política está en manos de unos cuantos de esos papanatas y no en manos de la ciudadanía desmantelada desde hace tiempo. Lo que no augura un pronóstico muy favorable. Hay que mirar esto de frente, porque evadiéndonos del problema estamos dejando la solución en manos de unos simios locos con chequera y ametralladora. ¿Seguro que no te importa? Pues te estás haciendo cómplice, aunque la culpa sea de las circunstancias.

Política no es ideología, política es poder para gestionar las necesidades y los recursos de una comunidad. Ciudadano, ciudadana, es el estatus que otorga el poder para participar en esas decisiones. Pero bajo este régimen que nos gobierna no todo el mundo pertenece a la sociedad de personas libres y preparadas para participar de las decisiones políticas de su comunidad, digan lo que digan los papeles constitucionales. La ideología, idea que proviene de un palabro griego que significa visión, nos ayuda a prever futuros deseables. Es colectiva y también personal. Un régimen político deseable es el que permita que esta paradoja entre lo personal y lo colectivo no se desequilibre demasiado, ni durante mucho tiempo, a favor de cualquiera de las dos partes.

La ciudadanía, según la entendemos desde la modernidad revolucionaria, se adquiere por el simple hecho de pertenecer a la especie humana y de adquirir las habilidades necesarias para la convivencia. Cuando alguien, forzado por las circunstancias, abandona su estatus de ciudadanía, abandona su estatus de ser humano, además de colaborar a que otra gente también lo pierda y se quiebre la sociedad humana entera. Ideologías y regímenes que contribuyan a esto, prevén futuros indeseables para el género humano entero. Son criminales contra la humanidad. No podemos apelar a sus conciencias, porque ya están comprometidas con su adicción al poder. Y los yonkis no atienden más que a la satisfacción de sus vicios.

Pero tú, que ya sólo luchas por sobrevivir ¿Por qué pares y crías? ¿Para qué soportas la tortura del trabajo? ¿Seguro que no puedes hacer nada por ti misma, por ti mismo, con tus vecinas, tus compañeros de trabajo, tus grupos de amistad y aficiones para cambiar el rumbo de estas aplastantes circunstancias, aunque no seas tú quien vaya a llegar al puerto de tus utopías?

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