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Concentración del 15M en el centro de Madrid, en la plaza de Sol

Concentración del 15M en el centro de Madrid, en la plaza de Sol

Este lunes fue el sexto aniversario del 15M. Más allá de la importancia que los grandes medios le otorgaron al hecho, este hito me ha hecho reflexionar sobre los ideales que promovía el movimiento, y debo confesar que en ocasiones la política me agota, me deja sin esperanzas y me hace pensar que el ser humano es lo peor que le ha podido pasar al planeta.

Este agotamiento se manifiesta cuando leo y escucho críticas banales de los grandes partidos políticos y de sus representantes acompañadas de reflexiones carentes de sentido común. La crítica es un elemento revolucionario en las manos adecuadas. Sin embargo, en ocasiones las redes sociales e incluso los propios periodistas fomentan y aplauden a los políticos cuando caen en la crítica vacía con el único objetivo de conseguir likes. La razón de impulso del político de turno es sacarse una foto y obtener una palmadita en la espalda del compañero de fila.

Lo vemos a escala nacional con Pedro Sánchez y Susana Díaz, o con Podemos y el Partido Popular. Las banalidades y la crítica fácil triunfan. Un ejemplo es el vídeo que está circulando por redes de Susana Díaz intentando desacreditar a Podemos y al PP, para pasar a explicarle a los ciudadanos qué fue el 15M.

Lo hizo de la siguiente manera: “Los que se cabrearon con nosotros no perdieron diez escalones en su calidad de vida, perdieron uno. Ellos pensaban que iban a subir diez y tener su casita en la playa, salir no una vez al mes, sino una vez a la semana, y que sus chavales fueran a la universidad y que además tuvieran un máster”. Hay que entender las palabras de Díaz, porque eso de ser de clase obrera y pretender tener título universitario y máster está muy feo. La candidata a las primarias del Partido Socialista cometió este resbalón cuando intentaba ganarse un aplauso por criticar a Podemos. Nos queda claro a todos que decir 15M, al menos para algunos, es nombrar al equipo violeta.

Este nivel de banalidad lo vemos también a escala insular. El consejero de Podemos Julio Concepción y el presidente del Cabildo tinerfeño, Carlos Alonso, protagonizan en redes sociales, día sí y día también, disputas equiparables a las que existen en cualquier colegio entre cuarto A y cuarto B.

Concepción aprovecha la mínima para atacar a Coalición Canaria, y bien es cierto que este partido nacionalista tiene un problema notable con la corrupción, pero no por ello se puede criminalizar y acusar a todos los nacionalistas de corruptos. Punto y minipunto para Podemos. Cuando no lo hace el consejero de Podemos, le toca el turno al presidente del Cabildo y al consejero insular de Empleo, Efraín Medina, compartiendo fotos sobre Venezuela y comparando la situación política de ese país con las propuestas de Podemos. Punto y minipunto para Coalición.

Estas disputas y reflexiones sin sentido no aportan nada a la ciudadanía, que está pendiente de los problemas de verdad. Problemas como los colapsos en las autopistas, la crisis en la sanidad pública, la ausencia de una beca o ser parado de larga duración. Problemas que hace seis años culminaron con un movimiento ciudadano llamado 15M y que hoy aún no han sido resueltos.

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