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Cinque Terre; la mejor sorpresa de la Costa de Liguria

Estos cinco pueblos colgados sobre acantilados en la costa mediterránea son uno de los rincones más auténticos del norte de Italia

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Vernazza desde el sendero de Cinque Terre, una de las estampas típicas de la costa de Liguria.

Vernazza desde el sendero de Cinque Terre, una de las estampas típicas de la costa de Liguria.

Poco después de abandonar la estación de Génova, las vías del tren buscan la costa aferrándose a los acantilados en una sucesión de curvas, puentes y túneles. En esta parte del norte de Italia, los hombres y mujeres viven y trabajan colgados del abismo. Las terrazas de cultivo escalan pendientes imposibles y las casas se asoman al abismo sobre un mar que, casi siempre, queda bastantes metros hacia abajo. En el tramo de costa de la región de Liguria que media entre Chiavari y La Spezia, esta propensión a la verticalidad se agudiza y la montaña se funde con el mar creando un espacio único. Entramos en el Parque Nacional de Cinque Terre, un lugar único. Los pueblos de Monterosso, Vernazza, Corniglia, Manarola y Riomaggiore dan nombre al lugar. Cinco milagros. Cinco montoncitos de casas torre multicolores (de cuatro o cinco pisos), iglesias y torres defensivas que se acomodaron a las exigencias de una geografía complicada y que han sido incluidas en el catálogo del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Cinco laberintos de cuestas y escaleras que se acercan en precario equilibrio a las escuetas bahías y calas que permiten el contacto con el mar.

Monterrosso al Mare es una de las puertas de entrada a  Cinque Terre (en el extremo norte de la comarca) y, también, la más grande de las cinco villas. También es el mejor destino para el que quiera playas convencionales (aunque de pequeñas piedras), hamacas, sombrillas y todas esas cosas que busca el menos intrépido. Más allá, el mar sólo permite chapuzones entre riscos en aguas limpias e increíbles ‘piscinas naturales’. En Monterrosso también se encuentran las piedras más ilustres de la zona. Amparada por un antiguo Castillo medieval de Fieschi y la Torre Aurora (siglo XVI), la zona antigua, en torno a un puertecito encantador, cuenta con joyas como la Iglesia de San Francisco, que presume de contar con un lienzo del pintor flamenco Van Dyck. Las calles de Monterrosso guardan varias sorpresas; entre los edificios pintados de vistosos colores pastel destacan hitos patrimoniales como la Ermita de San Juan Bautista (siglo XIV) o la Iglesia de los blancos y negros (XV).

El pueblo de Manarola desde el mar.

El pueblo de Manarola desde el mar.

A la zona moderna se llega tras dejar atrás la Estatua del Gigante, obra del artista local Arrigo Minerbi de Ferrara que simboliza a Neptuno, dios del mar. Aquí se encuentra la mayor oferta alojativa y gastronómica de la comarca. Monterrosso es la mejor opción para los que quieran pasar un par de días en Cinque Terre, algo más que recomendable. Después de las cinco de la tarde, las hordas de turistas abandonan el lugar; es el momento ideal para el viajero. El tren, y los senderos permiten acceder al resto de pueblos en pocos minutos.

Pueblitos encantadores

Dejar atrás las playas de Monterrosso supone acentuar la experiencia de manera exponencial. Un Puerto pequeño que aprovecha un saliente rocoso protege a Vernazza de los embates del mar. A orillas del Riachuelo Vernazzola, se levantó una pequeña ciudad que, en sus mejores tiempos, fue uno de los más prósperos de la comarca. De aquella época quedan testigos como el Castillo de los Doria (desde su torre, el Belforte, se pueden ver las mejores vistas del pueblo), que disuadía a los corsarios y piratas, y la Iglesia de Santa Margarita de Antioquia (siglo XIII), una de las joyas del gótico ligure (aunque cuenta con elementos románicos). Montaña arriba se encuentra el Santuario de Nuestra Señora de Reggio (siglo XI), que según la tradición fue construido sobre un antiguo templo romano. En este edificio se guarda la Virgen Africana, una imagen negra de María con el niño.

La pequeña playa de Vernazza, uno de los pueblos más auténticos de Cinque Terre.

La pequeña playa de Vernazza, uno de los pueblos más auténticos de Cinque Terre.

Más allá de Vernazza, los senderos que escalan hacia las zonas altas se cubren de olivos y viñedos. Cada vuelta, cada recodo, es un mirador alucinante. Por eso conviene quedarse aquí un par de días y tomarse el gusto de pasar dos o tres veces por el mismo sitio. Los atardeceres, con el sol hundiéndose en el Mediterráneo, son sublimes. El que llega, hace un par de fotos y se va se pierde la esencia de Cinque Terre. Corniglia es el único de los cinco pueblos que huye del mar amontonando sus casas en un peñón que deja las olas a unos cien metros de distancia. Si se llega desde la costa, será necesario subir los 377 escalones de ‘La Lardarina’, camino que comunica la estación con las callecitas del más pequeño de los pueblos de la comarca (hay un bus que sube hasta el pueblo). Pese al tamaño, la recompensa es enorme. La Iglesia de Santa Caterina y San Pedro (siglo XIII) es el más interesante de los edificios del área. Siguiendo las indicaciones que conducen al ‘Mare’, el viajero llegará a una zona de enormes piscinas naturales de aguas transparentes.

Más allá se encuentran los pueblos de Manarola y Riomaggiore, los últimos de Cinque Terre. La primera es una especie de mezcla entre Corniglia y el resto de poblaciones; sus calles, adaptadas a un promontorio que escala rápidamente varios centenares de metros, culminan en un puertecito abierto al mar que, para nosotros, es el más auténtico de la región. Las barcas de los pescadores descansan en una rampa de piedra que conecta la Vía di Mezzo (antiguo cauce del Arroyo Groppo) y el mar, amansado a duras penas gracias a una precaria escollera de piedra. Calles arriba se encuentran las piedras ilustres del pueblo, capitaneadas por la Iglesia de la Natividad y San Lorenzo (siglo XIII), de exterior gótico pero con tripas barrocas; la pequeña Ermita de Los Disciplinados (siglo XV) o los restos del antiguo bastión defensivo.

Corniglia asoma entre viñedos y olivares.

Corniglia asoma entre viñedos y olivares.

Cinque Terre se acaba como empieza. Riomaggiore, al igual que Monterrosso, es toda una metrópolis si se la compara con sus hermanas del ‘interior’. También cuenta con playas y una oferta turística importante. El típico esquema de casas torre de la región se repite aquí en una trama urbana que se pliega a la geografía de la Colina de Cerricó, lugar donde se levanta el imponente Castillo de Riomaggiore (siglo XIII). Bajo los muros de la fortaleza, se encuentra la gótica Iglesia de San Juan Bautista y la iglesia de la Confraternita dell'Assunta, que entre sus tesoros guarda un interesante tríptico del XV. El puerto es uno de los más hermosos de la costa de Liguria y al sur de la localidad se encuentran algunas playas de piedras ideales para darse un chapuzón.

Moverse por Cinque Terre

La línea ferroviaria La Spezia – Levanto recorre este impresionante sector de la costa de Liguria conectando todos y cada uno de las cinco villas. Las conexiones Una forma económica de recorrer en uno o varios días esta comarca es la tarjeta  Cinque Terre Card que da acceso a todos los transportes que operan en el interior del Parque Nacional y, además, ofrece importantes descuentos en la entrada al Museo de la Spezia. El convoy, con el sabor de los trenes de antaño, recorre la línea de costa ofreciendo paisajes increíbles. Otra de las ventajas de optar por el tren es que la circulación de coches por el Parque Nacional está muy restringida y las tarifas de los aparcamientos son muy elevadas. Desde Génova y Pisa, hay multitud de conexiones ferroviarias con La Spezia. La mejor opción para explorar esta parte de la Provincia de La Spezia es el tren. También hay pequeños barcos de cabotaje que comunican los cinco pueblos con el puerto de Portovenere.

Red de senderos de Cinque Terre

Uno de los atractivos de la región es la posibilidad de recorrer todo el tramo que separa a Riomaggiore de Monterosso en poco más de cuatro horas. El camino que une a las cinco villas tiene una extensión total de 12 kilómetros y se le conoce con el nombre de Ruta Azul; el primer tramo de este camino, la Vía del Amor (un kilómetro entre Riomaggiore y Manarola, es la más frecuentada por los viajeros y viajeras. Multitud de senderos recorren el parque Nacional escalando los riscos entre los viñedos. En todos los casos, es necesario contar con la Cinque Terre Card. El acceso gratuito a los caminos principales es a partir de las 19.00 horas.

Embarcadero de Riomaggiore enclaustrado entre las casas del pueblo.

Embarcadero de Riomaggiore enclaustrado entre las casas del pueblo.

Comer en Cinque Terre

San Martino (Dirección: Vía San Martino, 3 –Monterrosso-; Tel: (+39) 33 8569 9017); Este pequeño restaurante es una de las sorpresas de la comarca y uno de esos escasos ejemplos en los que guías e internet coinciden. Platos tradicionales con un claro sabor marinero con una relación calidad precio impecable. Buen ambiente y, aún, mejor servicio.

Enoteca da Eliseo (Dirección: Piazza Matteotti, 3 –Monterosso-); Otra buena opción en Monterrosso que cuenta con el beneplácito de los residentes locales y los viajeros. Aunque la carta gira en torno a los vinos locales, hay una muy buena variedad de tapas y embutidos. Y la atención de los dueños (Eliseo y María) es inmejorable.

La Cantina del Pescatore (Dirección: via V Emanuele, 19 – Monterosso-); Especialidades marineras a buenos precios.

Nessun Dorma Cinque Terre (Dirección: Punta Bonfiglio –Manarola-; Tel: (+39) 34 0888 4133). Ideal para una cena romántica. Buenos productos de la tierra y, como no podía ser de otra manera, vinos impresionantes.

Pizzeria La Cambusa (Dirección: Vía Renato Birolli, 114 –Manarola-; Tel: (+39) 01 8792 1029)

Belforte (Dirección: Via Guidoni, 42 –Vernazza-; Tel: (+39) 01 8781 2222; E-mail: info@ristorantebelforte.it); Una magnífica opción si queremos darnos un buen homenaje de pescados y mariscos.

Il Pescato Cucinato (Dirección: Vía Colombo, 199 –Riomaggiore-; Tel: (+39) 33 9262 4815) Las mejores frituras de pescado de la comarca. Ideal para llevarse a la playa.

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