El biólogo que lleva 40 años bajo el agua alerta de la degradación del Mediterráneo: “Puede volver a ser lo que era”

“En el plazo de mi vida he visto esa transformación. Me ha tocado ser testigo de esa degradación fuerte en estos últimos 30 o 40 años”. Manu San Félix, biólogo marino, explorador y documentalista submarino, lleva más de cuatro décadas observando los océanos y ha comprobado cómo la actividad humana ha transformado sus ecosistemas. Sin embargo, considera que el deterioro del Mediterráneo no tiene por qué ser irreversible. “Si lo hacemos bien, el Mediterráneo puede volver a ser lo que era”, defiende.

San Félix, que acumula cerca de 15.000 inmersiones y ha participado en decenas de expediciones junto a National Geographic, ha abordado la recuperación del Mediterráneo durante la segunda jornada del Blue Zone Forum Innovazul 2026, que se celebra hasta este viernes en el Palacio de Congresos de Cádiz. Su propuesta pasa por establecer reservas marinas efectivas, recuperar los hábitats dañados y demostrar que la conservación puede beneficiar tanto a la biodiversidad como a las comunidades que viven de la pesca.

“El Mediterráneo es un mar muy especial porque es pequeño y casi cerrado”, explica. Esa configuración hace que las consecuencias de la contaminación y la sobreexplotación se manifiesten antes, pero también permite que los efectos de las medidas de recuperación sean visibles en menos tiempo. “Lo que hacemos mal se nota antes. Tenemos que verlo desde otro ángulo. Si lo hacemos bien, se notará antes”, sostiene.

La dimensión del problema quedó especialmente clara para el biólogo durante la preparación de Salvemos nuestro Mediterráneo, el documental que realizó para National Geographic. Al investigar sobre el estado de este mar, se encontró con datos sobre contaminación, plásticos y sobrepesca que le hicieron tomar conciencia de la magnitud del deterioro. “Me puse a mirar y a buscar el mar más contaminado del mundo, el Mediterráneo. El que más plásticos tiene, el Mediterráneo. El más sobrepescado, el Mediterráneo. Me quedé hecho polvo”, recuerda.

Para entender cuánto se ha perdido, San Félix considera necesario recuperar la memoria de los ecosistemas marinos. Ha mostrado imágenes históricas de la pesca en el litoral mediterráneo muestran capturas y ejemplares de un tamaño que hoy resultan difíciles de encontrar. En una película rodada en 1944 en Tossa de Mar, por ejemplo, aparecen pescadores que lanzaban sus redes desde pequeñas embarcaciones y las recogían desde la playa.

“Esto ahora ya es ciencia ficción”, señala al comparar aquella abundancia con la situación actual. Durante una expedición a las Azores en 2018 también encontró documentación sobre las antiguas pesquerías de Terranova, a bordo de un viejo bacaladero portugués. Esos registros refuerzan su convicción de que la riqueza marina de otras épocas se ha perdido en buena medida.

“No tenemos ni idea de cómo eran mares y océanos”, afirma. El problema, a su juicio, está relacionado con una explotación creciente de los recursos que ha ignorado sus límites. “Mares y océanos son superproductivos, pero no son infinitos”, advierte.

San Félix compara ese proceso con disponer de una cuenta bancaria y gastar sin controlar el saldo. “Nos pusimos a gastar, a gastar, a gastar, a consumir, a consumir, sin mirar, sin administrar”, explica. La expansión de la actividad industrial y de la capacidad de captura ha acelerado, en su opinión, el agotamiento de unos recursos que durante mucho tiempo parecieron inagotables.

Proteger a los grandes reproductores

La recuperación de los océanos exige cambiar la forma de gestionar la pesca. San Félix considera que capturar los ejemplares de mayor tamaño puede comprometer la reproducción de las especies, porque son precisamente esos animales los que tienen una mayor capacidad reproductiva.

Para explicar esta contradicción, compara la actividad pesquera con la ganadería, donde conservar los animales reproductores resulta esencial para garantizar la continuidad de las explotaciones. En el mar, sin embargo, se capturan ejemplares que podrían contribuir a recuperar las poblaciones.

“Un mero de 30 kilos de esos grandes puede liberar un millón de huevos, dos millones de huevos. No es inteligente lo que estamos haciendo”, afirma. Por ello, defiende que las medidas de conservación deben prestar especial atención a los ejemplares reproductores y permitir que las especies completen sus ciclos biológicos.

La solución pasa por establecer reservas marinas donde la pesca esté realmente restringida. Para el biólogo, no basta con declarar un espacio protegido si después se permite que continúe la presión que ha provocado su degradación.

El objetivo internacional de proteger el 30 % de la superficie terrestre y marina para 2030, respaldado por 186 países en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Biodiversidad celebrada en Montreal en 2022, supuso un compromiso relevante. Sin embargo, San Félix advierte de la distancia que existe entre las declaraciones de protección y las zonas donde se prohíbe efectivamente pescar.

En Baleares, donde reside desde hace más de tres décadas, señala que alrededor del 22 % de las aguas cuenta con alguna figura de protección, pero solo el 0,1 % está cerrado a la pesca. Para el conjunto del Mediterráneo, las cifras que maneja sitúan esa superficie entre el 0,04 % y el 0,2 %.

“Tenemos que proteger de verdad, tenemos que cambiar, seguir viviendo como nos gusta vivir, disfrutando del confort de lo que comemos, pero sin dejar la huella que hemos estado dejando en los últimos 50 años”, defiende.

El explorador rechaza que la conservación sea incompatible con los intereses de los pescadores. Al contrario, sostiene que recuperar los ecosistemas puede mejorar la disponibilidad de recursos y contribuir a la continuidad de la actividad. Como ejemplo, cita Papahānaumokuākea, en Hawái, una de las mayores áreas marinas protegidas del mundo, y asegura que en cuatro años la pesca de atún aumentó un 54 % en el contexto que ha expuesto.

“Hay que poner en letras enormes: proteger es bueno para la pesca local”, afirma. Su planteamiento es que las reservas bien gestionadas pueden favorecer la recuperación de las poblaciones marinas y generar beneficios que se extiendan más allá de sus límites.

De Ibiza al resto del Mediterráneo

Esta idea está detrás de Regal Mediterráneo, el proyecto con el que San Félix busca demostrar que la restauración de los ecosistemas marinos puede ofrecer resultados visibles y convertirse en un modelo para otros lugares.

La iniciativa ha comenzado en la bahía de Talamanca, en Ibiza, donde pretende recuperar una zona en la que, según explica, ha desaparecido más de la mitad de la posidonia existente. Esta planta marina forma auténticos bosques submarinos que sirven de refugio a cientos de especies y desempeñan una función esencial en el equilibrio de los ecosistemas mediterráneos.

El proyecto contempla actuaciones de restauración con voluntarios y la implicación de las administraciones y las empresas locales. La intención es desarrollar una fórmula que pueda reproducirse en otros enclaves y demostrar que la recuperación del mar puede aportar beneficios ambientales, sociales y económicos.

“Queremos proteger lo que tenemos cerca para que las personas normales, los políticos, las empresas, la sociedad, vean que proteger es bueno para todos”, explica San Félix. La elección de espacios próximos a la población responde a la necesidad de que los resultados de la conservación sean visibles y permitan comprobar que los ecosistemas pueden recuperarse.

El explorador prevé extender el modelo a partir de 2027 a un enclave de Mallorca todavía por determinar y, posteriormente, a Barcelona. Su objetivo es crear refugios para la vida marina que sirvan de referencia para otras iniciativas de conservación.

El proyecto pretende también implicar al tejido económico y evitar que dependa exclusivamente de la financiación pública. San Félix explica que, cuando presentó la iniciativa al alcalde de Ibiza, planteó una condición: “No queremos un solo euro de dinero público porque tiene que ser real”.

Regal Mediterráneo forma parte de una estrategia más amplia, la campaña Reserva 30, con la que busca sumar apoyos ciudadanos a la protección efectiva de los océanos e impulsar cambios en las políticas de conservación.

La dimensión de los problemas ambientales exige, en su opinión, actuar con ambición. “Somos una ONG pequeña, pero con un proyecto con una misión muy ambiciosa”, señala. Su propósito es demostrar que la restauración de los ecosistemas no solo permite conservar lo que queda, sino también recuperar parte de la riqueza perdida.

Tras más de cuatro décadas de inmersiones, San Félix considera que todavía hay margen para revertir el deterioro del Mediterráneo. Su propuesta pasa por proteger de verdad los espacios marinos, permitir que las especies se reproduzcan y extender las experiencias de recuperación a otros puntos del planeta.

La segunda jornada del Blue Zone Forum Innovazul ha incluido también la Feria de Empleo de Economía Azul, impulsada por la Universidad de Cádiz, que ha reunido a más de 200 personas y ha ofrecido más de 30 oportunidades de empleo y prácticas. La iniciativa ha conectado a estudiantes, recién titulados y profesionales con doce empresas y entidades de sectores como la ingeniería naval, la investigación científica, la consultoría ambiental y la robótica submarina.

El Blue Zone Forum Innovazul es un evento del programa Blue Core de la Zona Franca de Cádiz y está financiado en un 85% por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) dentro del Programa Operativo Plurirregional de España 2021-2027, en el marco de la prioridad P1A del Programa Viveros 4.0 Incubadoras de Alta Tecnología, destinado a favorecer una transición digital e inteligente