Volver al medio rural a los 25 años: “Está más legitimado intentar buscarte la vida en una gran ciudad que en un pueblo”
La niebla de octubre envuelve Los Monegros, pero deja ver a Carla Rivas que espera en el bar social de Almuniente. Dentro, el ruido del molinillo del café se mezcla con los buenos días de quienes van llegando para almorzar. Una vecina se interesa por ella: “¿Ahora estás por aquí?”. “Sí, yo ya me quedo aquí”, responde Rivas. La vecina sonríe, le da una caricia en el hombro y se despide: “Bueno, me voy que tengo que seguir con mi vuelta”. Una escena tan sencilla y cotidiana que permite explicar que la vida en los pueblos continúa después del mes de agosto. Y Rivas, a sus 25 años, ha decidido quedarse para contarlo.
Esta joven divulga en redes sociales los problemas y las oportunidades del medio rural, pero su historia estuvo, por un tiempo, más cerca de un entorno urbano. Se marchó a estudiar Economía y Negocios Internacionales en la Universidad de Alcalá de Henares. “Terminé la carrera sin ninguna expectativa de volver”, indica Rivas, para quien el siguiente paso parecía escrito, encontrar trabajo en Madrid. Lo consiguió, pero la vida que había buscado empezó a pesarle y en la cabeza le rondaba una idea que había ocupado el tema de su Trabajo de Fin de Grado, el emprendimiento rural.
Comenzó a cuestionarse cómo recuperar ese interés y unió las piezas que tenía en su mano, experiencia en debate universitario, unas prácticas en redes sociales y el cariño por su pueblo. En junio de 2024 publicó su primer vídeo porque “no había salido nadie que realmente cuente los problemas del medio rural”. Según recuerda, alcanzó casi el medio millón de reproducciones. Tres meses después tenía 10.000 seguidores en su cuenta de Instagram. En octubre, tomó la decisión de volver al pueblo y en enero se volvió efectiva.
Cuenta que hubo personas que interpretaron su vuelta al pueblo como una consecuencia negativa, algo ligado al fracaso. “Parecía que era la última oportunidad que me quedaba, que había perdido todo. La frase era, ya encontrarás algo como para volver a irte”, indica Rivas, quien sitúa esas reacciones más en el hecho de ser joven que en el de ser mujer.
Aun así, considera que sigue siendo más fácil imaginar a un hombre encontrando trabajo en actividades del sector primario que a una mujer con estudios superiores desarrollando el medio rural su carrera. Pero reconoce, que volver al pueblo no le resolvió de golpe la vida laboral. Tras varias experiencias, trabajar en el Observatorio de la Despoblación del Gobierno de Aragón le condujo a una paradoja, para trabajar sobre despoblación debía desplazarse a Zaragoza. “He tenido que dar muchos pasos”, insiste sobre el camino hasta poder asentarse.
Actualmente, lleva el desarrollo de negocio y la relación con los ayuntamientos de Puebli, una aplicación de comunicación municipal. Alejandro, un ingeniero de un pueblo de Valencia, desarrolló esta herramienta para las fiestas de su pueblo y vio la oportunidad de extenderla a otros municipios. La aplicación reúne bandos municipales, eventos y ofertas de empleo y vivienda, además de espacios para asociaciones y comercios.
“El propósito es dinamizar la vida económica, social y cultural de los pueblos”, asegura Rivas. Su defensa de las oportunidades en el medio rural convive con la meditación de la decisión. “Te lo tienes que pensar bien”, advierte la joven, que aconseja prepararlo bien y estar abierto a distintas posibilidades. En su caso, quedarse exigió combinar proyectos, aceptar trabajos diferentes y construir diferentes relaciones profesionales.
Los pueblos, más allá de la idealización
Rivas quiere intervenir en la forma en que se cuentan los pueblos. Le molesta que atraiga la atención “cuando cierra una escuela o una sucursal bancaria” y lamenta que las historias positivas tengan menos espacio en los medios de comunicación. Sobre su contenido, indica que mostrar el pueblo como un lugar atractivo puede ser un primer paso para recuperar el vínculo con él. Pero también exige mirar detrás de lo que se cuenta. “El panadero que lleva el pan casa por casa puede parecer una escena bonita. Pero la realidad es que, si no va detrás de las personas, no le salen las cuentas del negocio”, explica.
La vivienda es uno de los problemas que copa sus preocupaciones. Hoy en día, en un pueblo, hay casas vacías, pero no siempre están disponibles ni reúnen condiciones para vivir en ellas. “Una vivienda vacía no es igual a un hogar disponible”, matiza. Aunque reconoce que le resultaría más sencillo independizarse en Huesca o Zaragoza, por la oferta de alquiler. En los pueblos la solución es comprar una casa y reformarla, por lo que el deseo de quedarse tropieza con la posibilidad de tener una casa propia.
Su interés por las mujeres rurales fue el tema de otro trabajo de fin de grado de la carrera de Sociología, dedicado a las redes de apoyo de emprendedores de Los Monegros. “Junté a cuatro emprendedoras de la zona y en un taller distinguieron los apoyos institucionales de los que proporcionaba la familia, la pareja o los vecinos”, explica Rivas. Y al mirar a las generaciones anteriores, recuerda a quienes trabajan en explotaciones y empresas familiares como una ayuda cuyo esfuerzo no quedaba suficientemente reconocido.
Sobre el presente, en cambio, se muestra más optimista. Cree que el reconocimiento está creciendo y reivindica el papel de las emprendedoras y, sobre todo, el de las asociaciones de amas de casa. Sin embargo, ese optimismo no elimina las conversaciones con las mujeres que tienen hijos o familias dependientes, porque la posibilidad de conciliar puede terminar si un proyecto de vida se sostiene. “Hay que ofrecer servicios que, aunque no sean rentables, son necesarios”, indica Rivas, refiriéndose especialmente a guarderías, cuidados y transporte.
Su otra petición nace de los recorridos que ella mismo tuvo que hacer. “Pediría descentralizar los puestos relacionados con el medio rural”, señala, y cuestiona que organismos dedicados al territorio se concentran en las ciudades, para lo que pide que “se den oportunidades de trabajo funcionariado en el medio rural”.
Hoy, combina el teletrabajo, el gimnasio en la cercana Grañén, sus amigas y los viajes que exigen sus proyectos. Lee, corre y ha aprendido a hacer ganchillo. Sus hermanas estudian fuera y nota su ausencia cuando termina el verano. Ella ha elegido quedarse y quiere poder construir su vida en torno a esa decisión. “Ahora mismo, no hay nada que me imposibilite trabajar en mi pueblo”, afirma Rivas. El empleo ya ha encontrado su sitio, la vivienda sigue siendo una tarea pendiente.