Del glamour de los Princesa de Asturias a la acampada de Oviedo en menos de 100 metros: “Monarquía y empresarios son parte del problema de la vivienda”
El Teatro Campoamor está a unos 87 metros de la Plaza de La Escandalera en Oviedo/Uviéu. Un recorrido de apenas un minuto a pie que separa dos mundos y dos realidades: el del glamour de los Premios Princesa de Asturias y el de las personas que siguen acampadas defendiendo el derecho a una vivienda digna.
Como viene siendo ya habitual en cada edición, coincidiendo con el solemne acto de entrega de los Princesa de Asturias, al que asiste la familia real, decenas de personas –particulares y asociaciones republicanas– se congregan en las inmediaciones del Campoamor para rechazar la monarquía.
Este año no será la excepción, pero, a diferencia de lo que ocurría hasta ahora, a los manifestantes se sumará la movilización de estudiantes, trabajadores y pensionistas que llevan desde el pasado 2 de octubre instalados con sus tiendas de campaña en la Plaza de La Escandalera.
Mientras el foco esté centrando en lo que ocurre dentro del teatro Campoamor –donde recogerán sus premios Patti Smith; la astronauta Christina Koch; Kenichi Yoda, presidente del Studio Ghibli; el historiador Timothy Garton Ash o Julian Barnes–, fuera se podrán ver, a menos de cien metros, una treintena de tiendas de campaña. Lemas a favor de la huelga general del 11 de noviembre, “contra el rentismo y los gobierno que lo protegen”. O: “Asturias es para vivir y no para especular”.
elDiario.es Asturias ha pulsado la opinión de las personas acampadas y ha podido constatar el abismo que separa estas dos realidades. A sus voces críticas hacia el papel que representa la monarquía y la distopía de estos actos se suman los portavoces de los Sindicatos de Inquilinas e Inquilinos de Asturias y el Sindicato de Vivienda de Asturias.
“En el Teatro Campoamor estarán presentes los grandes tenedores del Patronato de los Premios Princesa, conformado entre otros por el banco BBVA, Santander, Sabadell, Unicaja o la Corporación Masaveu, y presidido por Leonor de Borbón”, explican desde los Sindicatos. A ellos son a los que señalan como “partícipes y cómplices de la pérdida del poder adquisitivo y del desplazamiento forzoso de la población, lejos de los barrios y núcleos urbanos que están siendo gentrificados”.
“Viven ajenos a las realidades que no les conciernen”
En el otro lado, sitúan a las acampadas. Las describen como una chispa de esperanza que ha encendido la nueva mecha de la movilización de una sociedad que busca un cambio trascendental, mucho más allá de una huelga general y de una convocatoria precipitada de elecciones generales.
“Lo que pide el pueblo son soluciones a largo plazo, no un parche”, denuncian. “No soluciones temporales frente a problemas estructurales que se vienen dando desde hace décadas”. Aseguran que la movilización “trasciende la problemática de la vivienda y las fronteras de las plazas”: “Llegan a otras partes de Europa y del resto del mundo, incluyendo otras problemáticas que afrontan los ciudadanos, como la educación, el aumento del militarismo, la subida del coste de la vida, la reducción del poder adquisitivo y la crisis climática, entre otras”
La frontera que separa ambos mundos, el de los Premios y las tiendas de campaña, lo marcan la calle Jovellanos y un cordón policial. “Es el pueblo reivindicando el cumplimiento de los derechos humanos y un grupo de personas con poder que los vulnera sistemáticamente”, dicen desde la acampada. “Viven ajenos a las realidades que no les conciernen”.
El dispositivo policial de 2025, que, según los acampados “protege al capital y está pagado por el pueblo”, costó 7,6 millones de euros. De esa cantidad, el 11%, cerca de 836.000 euros, correspondió a financiación pública. Un dinero que estiman que podría haberse destinado a infraestructuras y servicios públicos.
“Desde la acampada queremos enviar un mensaje de esperanza y resistencia a todos los ciudadanos que se sienten desamparados y desencantados con el sistema. E instamos a la organización y a la lucha por nuestros derechos en vez de sentarse expectantes a ver el desfile de la realeza y su séquito vestido de gala”, resumen.
“Vienen a lucirse”
Lucía Fernández es la portavoz del Sindicato de Vivienda de Asturias. Opina que los Premios Princesa suponen cada año un intento propagandístico de lavar la cara a la monarquía, por lo que al final no deja de ser “un aparato, tanto mediático como burocrático, que nada tiene que ver con contribuir al bienestar de las personas que vivimos en Asturias o de la región en su conjunto”.
Este año, sin embargo, el contraste entre los objetivos del evento y la realidad de la clase trabajadora es especialmente llamativa y ella tiene una explicación: “Mientras hay personas que estamos acampando por el derecho a la vivienda y en camino a una huelga general, enfrente está la monarquía, que es una institución anacrónica e impuesta en la Transición, junto con un montón de empresarios y figuras famosas y millonarias que vienen a repartir cultura muy entre comillas y a lucirse”.
Para el Sindicato de Vivienda, que lleva mucho tiempo organizado, estas “figuras” como ellas lo denominan son, bajo su perspectiva, “también parte del problema del negocio de la vivienda, del aumento del precio de la vida y de la crisis estructural capitalista que al final nos está condenando a la miseria y que no nos deja vivir”.
Lucía Fernández está convencida de que la actividad cultural que programa la Fundación Princesa de Asturias no tiene nada que ver con su concepción sobre la cultura que demanda la clase trabajadora asturiana.
“Son estas mismas calles que llenan de publicidad y de policía las mismas que están llenas de personas sin hogar que también han ido pasando por la acampada y por las que desfila toda la burguesía internacional que, con el pretexto de extender la cultura, vienen aquí”, defiende Fernández. “Y la cultura que extienden no es la que nosotras entendemos, sino la cultura de la clase dominante, de la falsa concordia de los aparatos de represión del Estado capitalista y de la cooperación entre la burguesía institucional”.
En el lado opuesto sitúa a la acampada, que sostiene que es donde realmente está representada la Asturias “obrera y combativa que acampó el 2 de octubre en protesta por la vivienda, pero que no se queda solo en la vivienda, que son también los servicios públicos que se caen a trozos, los salarios de miseria, el aumento del precio de la vida. Y sabemos que todo este desfile nada tiene que ver con lo que puedan venir a contarnos estos grandes empresarios”.
Una huelga “para avanzar en derechos”
Aunque la acampada está actualmente centrada en la organización de la jornada de huelga general no deja de lado otras movilizaciones, entre ellas, la participación este viernes en la concentración frente al Teatro Campoamor.
“El próximo 11 de noviembre tiene que ser una huelga general de clase masiva y que desborde completamente tanto al rentismo como a todas estas élites que hacen negocio y que especulan con nuestras casas y también con todos los gobiernos que lo defienden. Y a su vez, señalamos también a todo este sistema capitalista que de manera estructural nos está empujando a la miseria y no nos deja vivir. Y por eso también nos concentramos este viernes, porque no vamos a permitir que se le lave la cara a los culpables de nuestra miseria de una manera tan impune”, señala la portavoz del Sindicato de Vivienda de Asturias.
Con su participación en la concentración de este viernes también quieren dejar constancia de que las personas que forman parte de la acampada no son personas ociosas que no tienen nada mejor que hacer y sin ocupaciones: “Frente a quienes piensan que la acampada la compone simplemente un perfil de persona, hay decir que por La Escandalera han pasado trabajadores, pensionistas, estudiantes, personas sin hogar, personas con discapacidad, personas racializadas”.
“El ADN que compartimos todas las personas que estamos en la acampada es que formamos parte de la clase trabajadora y nos estamos viendo afectadas por esta crisis de la vivienda ahora de una manera más aguda”, defiende Lucía Fernández.
Andrés García es el portavoz del Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Asturias. Asegura que no hay un único perfil de los integrantes de la acampada, ya que hay estudiantes que trabajan, pensionistas, gente organizada en sindicatos, en movimientos sociales, asociaciones vecinales, organizaciones políticas y comités locales populares de la huelga general repartidos por la comunidad autónoma.
“Estamos aquí organizando la huelga general para avanzar en derechos y en poder de la clase trabajadora y de la mayoría de la población para construir una sociedad alternativa. Y los que van a estar enfrente [en alusión a los asistentes a la ceremonia del Teatro Campoamor] están vigilando sus beneficios, sus intereses y son la clase capitalista, que son lo que decimos el rentismo”.
Andrés García comparte con otras personas acampadas la idea de que la cultura se ve diferente, a un lado y a otro de la calle Jovellanos de Oviedo/Uviéu. “No tenemos nada en contra de la cultura pero, como los ricos han hecho a lo largo de toda la historia, organizan actos benéficos de la cultura para lavar su imagen que es deteriorada por los sistemas de opresión que gestionan”.
La unidad sindical
El portavoz del Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Asturias resalta la unidad sindical que existe en el Principado y que se ha reforzado todavía más a raíz de la acampada y la convocatoria de huelga general.
“Hay unidad y fuerza sindical. El día de la huelga vamos a ir a por todas a ganar más derechos, fuerza de clase, pero al día siguiente nos continuaremos organizando y todo lo que se movilice ese día tiene que organizarse al día siguiente para seguir avanzando por una sociedad donde los derechos y la clase trabajadora sea la protagonista de la sociedad”, manifiesta.
Saúl, de 22 años, compagina sus estudios de último curso de Informática en la Universidad de Oviedo con su activismo en la acampada. Es militante de la Organización Estudiantil Socialista y es una de las personas que participa de los comités formados para impulsar la jornada de huelga general del próximo 11 de noviembre.
“A mí lo que más me motivó a comenzar a militar fue cuando vi el genocidio en Palestina. Fue bastante impactante y me empujó a tomar una acción. Empecé participando en las acampadas de Palestina que hubo en mi universidad y luego pasé a militar en la Coordinadora Juvenil Socialista y ahora en la organización socialista recién creada”, expone.
Para Saúl, los Premios Princesa de Asturias son un claro ejemplo de la diferencia que hay entre clases. Por un lado, en el Teatro Campoamor estará, según opina, “una burguesía y una aristocracia que montan estos premios como un lavado de cara a una monarquía que surge del régimen del 68” y enfrente, a menos de 100 metros, se sitúa “una clase trabajadora que está organizándose por una situación como el problema de la vivienda, que es insostenible”, reitera.
Una clase trabajadora que, según expone, cubre el papel que no realizan las instituciones y pone como ejemplo la necesidad de llevar adelante una huelga general. “En esta doble realidad se ve cuáles son las prioridades de nuestros gobernantes. Al final, ellos aprovechan estos premios para llenar la ciudad de vigilancia policial, traer a figuras de la aristocracia y de la burguesía internacional que no benefician para nada a la clase trabajadora y consideramos que es un espectáculo que no tiene ningún tipo de sentido”.
El “ataque a las condiciones de vida”
Saúl vive con sus padres y, con el panorama actual, no encuentra expectativas a medio plazo de poder independizarse: “Cada vez veo más difícil la posibilidad de que la clase trabajadora podamos comprarnos un piso, ni de emanciparnos. Estamos viviendo un ataque a nuestras condiciones de vida, no solo en el aspecto de la vivienda, sino en general con los precios”.
Estima que el coste de la vida cada vez es más inasumible y entiende que, ante esta perspectiva, la única herramienta que tiene la clase trabajadora es “la lucha de clases y por lo tanto, por eso estaremos participando de la huelga general del 11 de noviembre para intentar plantar cara al Estado capitalista y a sus gobiernos”, señala.
Saúl tiene claro que la huelga del 11-N no es un fin en sí mismo, sino una herramienta más para movilizar a la clase trabajadora en organizaciones de clase y en sindicatos de vivienda. Bajo su prisma, el PSOE es un partido que lleva dos legislaturas gobernando “contra la clase trabajadora y para los rentistas”, y ahora que lleva un año en tiempo de descuento, “aprovecha esta movilización y la intenta captar bajo sus programas”, corrobora.
Como militante comunista considera que el papel de su organización debe dirigirse hacia el objetivo de conseguir que el 11-N sea “una huelga de clase y sepa deslindarse de sus programas electorales y verdaderamente plantear confrontar no solo a los rentistas sino también a sus gobiernos, entre los que el PSOE y Sumar se incluyen, por supuesto”, asevera.