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96 horas incomunicada en Urgencias del Insular y 70 sin recibir información la familia

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El viernes 29 de julio, a las 21 horas, mi madre, de 80 años, ingresó en Urgencias del Hospital Insular de Gran Canaria por una insuficiencia cardiaca. El sábado 30, a las 13 horas, tras varias llamadas, logramos que un médico nos informara del estado de nuestra madre y se nos permitió verla. Ante la gravedad, se decidió el ingreso a planta, pero permaneció en Urgencias hasta la madrugada del miércoles por falta de camas. No es un caso aislado ni novedoso. ¿Por qué el Gobierno de Canarias no tiene voluntad política en solucionar el problema del Insular?

 Desde las 13 horas del sábado hasta las 11 del martes 2 de agosto, 70 horas después, estuvimos sin que nadie nos llamara para informarnos del estado de mi madre. Y ese día nos llamó una médico después de que presentara una reclamación en el Servicio de Atención al Paciente, departamento que sí funciona con profesionalidad. En dicha reclamación, expresé por escrito que “la dirección del Hospital Universitario Insular de Gran Canaria incumple, sistemáticamente, el derecho legal a la información del paciente y sus propios protocolos interno. Exactamente, el artículo 5 de la Ley 41/2002 Básica Reguladora de la Autonomía del Paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica y el artículo 12 de la Ley 11/1994 de Ordenación Sanitaria de Canarias. Además, incumple su protocolo interno, como el sistema complementario de información por SMS a familiares de pacientes ingresados en Urgencias, anunciado el pasado 22 de junio por la Consejería de Sanidad”.

 Durante todo ese tiempo, mi madre seguía en Urgencias sin que nadie de la familia la pudiera visitar. El miércoles, a las dos de la madrugada, se la traslada a la zona de transición, junto a Urgencias. Ese día, a las 13:30, 96 horas después de que viera a mi madre por última vez, al fin logro que me den permiso para verla. No voy a describir el estado en el que la encontré, precisamente para no dañar su intimidad, intimidad a la que apela el Servicio de Urgencia y por ende la dirección del este hospital para impedir las visitas, como ocurrió en mi caso durante cuatro interminables días. Si los detenidos en comisaría sólo pueden estar un máximo de 72 horas incomunicados, aunque se les permite hablar con su abogado, mi madre estuvo 96 sin que nadie la visitara.

El sistema no funciona. Admito la carga de trabajo que sufren los profesionales porque los responsables políticos- un eufemismo lo de responsables- no dotan del personal necesario, pero no tienen excusas que no cumplan con su obligación de llamar, todos los días, a los familiares, de la deshumanización de una parte del personal. Estuve 70 horas sin saber nada: “Si no la llaman es que está estable”, me decían desde el servicio telefónico. La saturación que sufre el Insular solo se solucionará con la creación de un hospital en el Sur de Gran Canaria o con la creación de un centro geriátrico, porque la mayoría de los pacientes en Urgencias son ancianos, y cada vez serán más porque la esperanza de vida crece.

Hoy, 17 de agosto, exactamente quince días después de presentar la reclamación y solicitar el protocolo de funcionamiento de Urgencias y una cita presencial con la dirección del Hospital Insular, continúo a la espera. Estoy convencida de que si en lugar de la mía, fuera la madre de cualquier miembro del Gobierno de Canarias o del Cabildo o de cualquiera de los 70 diputados, lo narrado en esta carta no hubiera pasado. Solución ya.

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