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Espacio de opinión de Canarias Ahora

Por un tratamiento humano de las migraciones


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Casa África se ve inmersa en estos días en un torbellino de actividad frenética como suele suceder cada final de año. Se trata de un momento en el que parece condensarse y resumirse lo que ha sido la evolución de la institución durante los últimos meses y en el que, además, nos proyectamos hacia el futuro, poniendo a disposición de la sociedad nuestro plan de actuación para el año que viene. Acabamos el año como lo empezamos: interesándonos en las líneas prioritarias de nuestro trabajo, con un refuerzo de las actividades que tienen que ver con migraciones, mujer o cambio climático. En el último caso, con el seguimiento exhaustivo de la COP27 que se acaba de celebrar en Egipto. En el segundo, haciendo del género una línea transversal que cruza todo lo que hacemos. Y en lo que se refiere a las migraciones, la primera línea que he mencionado, implicándonos en diversas actividades y ofreciendo nuestra sede para quienes reflexionan y trabajan estas cuestiones.  

Desde esta Institución, en los últimos años, hemos decidido convertir el diálogo y debate alrededor del fenómeno de las migraciones en uno de nuestros tres principales pilares de actividad. Para Casa África, la discusión alrededor de las migraciones, los efectos que en África está teniendo el cambio climático y la situación y papel que juega la mujer en el desarrollo de África, constituyen, en el marco de nuestro Plan Estratégico 2022-2024, nuestras prioridades temáticas en el momento de planificar nuestra programación y de organizar nuestras actividades.   

Les voy a poner solo unos ejemplos de nuestra actividad en este campo: a inicios de 2021, aún con la COVID muy presente en nuestro día a día, programamos una exposición de fotografías del fotoperiodista Juan Medina, llamada Migraciones en la frontera sur de Europa.  En nuestro afán estaba el poder trasladar el mensaje de que el fenómeno de la migración irregular en Canarias no es reciente y que tiene ya casi treinta años, cuando la primera patera llegó a las Salinas del Carmen, en Fuerteventura, con dos jóvenes saharauis a bordo. Casi tres décadas más tarde por esta Ruta Canaria habrán llegado ya más de 160.000 personas. La cultura en general y el arte contemporáneo en concreto, son algunas de nuestras bazas fundamentales a la hora de trabajar esta cuestión, como lo prueban esta exposición y las de otros artistas como Juan Valbuena. 

Sin embargo y aún conscientes de la capacidad transformadora del arte, hemos decidido dar un paso adelante, gracias a iniciativas de sensibilización en esta y aquella orilla. Ya colaboramos con la proyección de documentales sobre la realidad migratoria en varios puntos de Senegal y el debate posterior con la ciudadanía de aquel país, pero también nos implicamos con formaciones antirracistas, campañas online y, desde mayo de este año, con un programa de sensibilización con jóvenes estudiantes de Secundaria en Canarias, con el objetivo de que aprendan a identificar la desinformación en materia migratoria, los llamados “bulos” que muy a menudo les llegan a través de los teléfonos móviles. El objetivo: luchar contra el discurso de odio, evitar el racismo y la xenofobia en nuestros jóvenes. 

Esta iniciativa funciona magníficamente, motivo por el que esta semana repetimos la experiencia de este curso en la isla de Fuerteventura, donde trabajamos con chicos y chicas de 3º y 4º de Secundaria de los institutos de Morro Jable, La Oliva y de Puerto del Rosario, con el apoyo del Cabildo de la isla y en colaboración con Maldita.es y la Federación de Asociaciones de Africanos en Canarias.   

Hace tan solo dos semanas, para seguir con más actividades relacionadas con las movilidades, acogimos en Casa África un taller para periodistas africanos y españoles organizado por la Organización Internacional de las Migraciones (OIM) y la llamada Global Media Migration Academy. La idea que perseguía esta actividad es similar a la previamente enunciada, fomentar que el periodismo haga siempre un ejercicio ético al afrontar el fenómeno migratorio, que no alimente el discurso de odio, que de voz a todas las partes y, en definitiva, que coayude en empatizar más con las personas migrantes y a favorecer una convivencia armoniosa.   

Podría seguir enunciando iniciativas relacionadas con las migraciones, desde exposiciones a publicaciones, pasando por reuniones monográficas como la que esta semana reunía a representantes del estamento judicial y las fuerzas y los cuerpos de seguridad del Estado de España y varios países africanos y europeos implicados en la lucha contra las redes de inmigración irregular. Se celebró a puerta cerrada y resultó en un refuerzo de las relaciones y la cooperación entre todos los implicados para perseguir actividades delictivas relacionadas con las migraciones y proteger los derechos fundamentales de las víctimas de este tipo de prácticas. Estas I Jornadas Internacionales de Lucha contra Redes de Inmigración Irregular acaban de clausurarse en nuestra sede con un enorme éxito y me atrevo a pronosticar que contribuirán al refuerzo de otras formas de colaboración que nos depararán espléndidos resultados. 

Quizás se diga que las migraciones aparecen con demasiada frecuencia en mis textos semanales, pero yo opino que, al contrario, no se habla lo suficiente de esta materia. De la necesidad imperiosa de evitar muertes y sufrimiento y de la necesidad aún más imperiosa de favorecer nuevas políticas y soluciones a un fenómeno que nada tiene ya de extraordinario. El discurso que he tratado de mantener durante toda mi trayectoria pública, a raíz de la experiencia como delegado del Gobierno en Canarias en lo que se denominó crisis de los cayucos, ha sido, me parece, coherente. Mi obsesión siempre ha sido tratar de fomentar algo de empatía en nuestra sociedad, que recibe demasiados mensajes que presentan a los migrantes como una potencial amenaza para su vida. Yo lo decía y digo, día sí y día también: a las costas de Canarias no llega material radioactivo, ni desechos, llegan seres humanos y como tales tenemos que tratarles. Bajo esta reclamación de empatía, siempre he recordado que lo más importante de todo es que no muera gente intentando llegar hasta nosotros, que podamos disponer de los medios posibles para que no ocurran tragedias como las que estamos viendo casi a diario.   

Me permito recordarles que uno de cada cinco migrantes muertos o desaparecidos registrados en 2021 por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en todo el mundo, falleció en la ruta canaria. Si añadimos a estas estadísticas los datos recabados por Frontex, sabremos que, en el océano que nos rodea, muere una persona por cada 20 que llegan. Mucho más del doble que otras rutas como la mediterránea. 

No me cansaré de repetir que las migraciones son un fenómeno natural y que es previsible que una parte de nuestros vecinos africanos seguirá intentando atravesar la distancia que nos separa arriesgando sus vidas en el proceso. Se sabe que, a pesar del alarmismo de algunos medios de comunicación y algunas voces en nuestra sociedad, la inmigración irregular africana constituye un porcentaje ínfimo de las movilidades que nos llegan. Se sabe que los aeropuertos siguen siendo la principal puerta de entrada de quienes llegan de forma irregular a nuestro país y que el retrato tipo de la mayoría de esas personas coincide con el de una mujer joven procedente de Latinoamérica.  

Creo imperativo seguir persiguiendo a las organizaciones que se lucran del tráfico de personas, poniendo, además, las vidas de esas personas en riesgo. Son criminales y merecen que se les persiga, se desarticulen las redes en las que se organizan y caiga sobre ellos todo el peso de la ley.  

Para quienes intentan buscar una vida mejor entre nosotros y construir una sociedad más próspera y fuerte con sus capacidades, sea cual sea el motivo que les empuja a acercarse a nosotros y la vía que utilizan, solo puedo repetir tres mantras que considero que forman parte de la receta para tener éxito en la gestión de este potencial: pedagogía sobre el terreno para quienes quieren arriesgar sus vidas en el proceso, integración a través de la sensibilización y los recursos (que ya se ha visto que están disponibles con el caso de Ucrania) en nuestras comunidades y, sobre todo, prioridad a la vida, al respeto de los derechos humanos y a la solidaridad.   

Los diferentes foros y las distintas actividades en las que estamos presentes y que acogemos, nos demuestran que todos los implicados en esa gestión de las movilidades tenemos más en común de lo que podría parecer a primera vista, y que solo queda que rememos juntos en la misma dirección, cooperando aquí y allí, a favor de las personas.  

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