El Teide suma más de 60 terremotos en las primeras horas de este viernes
Un total de 65 terremotos de magnitud inferior a 1,6 mbLg han sido localizados en las primeras horas este jueves en la zona oeste de Las Cañadas, en el Parque Nacional del Teide (Tenerife), a profundidades de entre 8 y 16 kilómetros.
Durante el jueves y esta madrugada ha continuado la actividad sísmica en la zona en forma de pulsos de largo periodo (LP) y eventos híbridos intercalados, según ha informado este viernes el Instituto Geográfico Nacional (IGN).
Los pulsos de mayor amplitud y duración se registraron a las 01:48 y a las 05:40 UTC del viernes.
El IGN señaló este jueves que la aparición de eventos sísmicos de largo periodo (LP) e híbridos no aumenta el peligro de erupción a corto o medio plazo en la isla de Tenerife. Además, señaló que a día de hoy ninguna de las señales registradas por el IGN en las últimas semanas en esta zona ha sido sentida por la población de la isla.
La actividad sísmica en las cercanías del Teide ha regresado tras casi una semana de parón desde que finalizara el séptimo de los enjambres de cientos de pequeños terremotos que se registraron en esa zona en febrero, todos imperceptibles, salvo para los instrumentos.
Tal y como explicara a EFE el director del IGN en Canarias, Itahiza Domínguez, estos últimos eventos no son enjambres sino terremotos con mayor contenido en altas frecuencias, similares a los de que de vez en cuando se registran en esa misma zona desde hace años.
Domínguez cree que la actividad sísmica de baja frecuencia del 7 al 10 de febrero pasado, que hasta entonces no se había observado con tanta duración ni continuidad, respondió a una acumulación de fluidos y a una sobrepresión que desencadenó en los enjambres posteriores.
Por último, el IGN ha recordado que, como entidad responsable de la vigilancia volcánica en España, tiene desplegada una red de más de 100 estaciones, equipos y puntos de muestreo fijos en la isla para monitorizar y evaluar con la tecnología actual todos los parámetros posibles y de esta forma, realizar un seguimiento exhaustivo en tiempo real de cualquier cambio, alteración o anomalía en sismicidad, deformaciones y geoquímica que pudiera indicar una evolución en el peligro a corto, medio y largo plazo de una erupción volcánica.
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