Gergiev llega a Canarias para dar un ''empujón'' a la música contemporánea
El maestro ruso Valery Gergiev, responsable de la Orquesta y Coro del Teatro Mariinsky de Rusia, ha llegado al Festival de Música de Canarias para regalar al público este lunes una doble ración de música culta de su país: Rachmaninov con su complicado tercer 'Concierto para piano' en Re menor y Stravinsky con la grandiosa La Consagración de la Primavera. Pero esto no es más que el “repertorio normal” del Teatro Mariinsky y la verdadera razón de su llegada a Canarias es, según el director, para presentar, este martes, La Pasión según San Juan, de Sofia Gubaidulina.
Así, el XXV Festival de Música de Canarias, tras su inauguración el pasado viernes, comienza la semana con dos hitos de la música del siglo XX. Ambas obras tendrán como protagonista al sobresaliente pianista Alexei Volodin, cuya maestría en el instrumento le ha valido los primeros premios de varios concursos internacionales.
El tercer Concierto para piano en Re menor, opus 30, fue compuesto por Sergei Rachmaninov en 1909 y tiene fama de ser uno de los más difíciles jamás compuestos. Por su parte, 'La Consagración de la Primavera', de Igor Stravinsky, estrenada en 1913, ha marcado un antes y un después en la historia musical debido a la renovación que lleva a cabo de los elementos rítmicos y melódicos.
Gergiev reconoció, con la arrogancia de la que sólo pueden hacer gala los maestros, que a pesar de la dificultad de estas obras son parte “normal” del repertorio del Teatro Mariinsky. “La casa de Stravinsky está a 10 metros del Teatro”, declaró Gergiev en una rueda de prensa celebrada este lunes en el Hotel Mencey de la capital tinerfeña, para hacer ver que el repertorio ruso es una obligación de su orquesta.
Música contemporánea
Sin embargo, y sin querer denostar el repertorio clásico, la “verdadera razón” por la que Valery Gergiev ha vuelto al Festival de Música de Canarias es la presentación de 'La Pasión según San Juan', de Sofía Gubaidulina, una de las compositoras más importantes del panorama internacional.
Esta obra surge después de que en el año 2000, la Internationale Bachakademie Stuttgart encargara a la compositora rusa entre otros, componer una obra para el proyecto Passion 2000 en conmemoración de Johann Sebastian Bach, y según Gergiev es “una gran obra, compleja, de gran orquestación y una carga religiosa importante”.
Gergiev no disimuló su debilidad por esta compositora y esta pieza en particular, y aprovechó para reclamar mayor apoyo a la música contemporánea. Así, considera que hay que encontrar el equilibrio con las obras clásicas en los repertorios, sobre todo por parte de las orquestas consagradas, para así “dar un empujón” a las composiciones actuales.
“Toda orquesta tiene derecho a probar cosas nuevas, pero las orquestas consagradas son las que pueden hacer el cambio posible”, dijo al respecto.
Lucha social
Además de música, también hubo tiempo para la actividad social del maestro ruso. Gergiev es conocido por sus acciones en contra de las injusticias, entre ellas el reciente conflicto en Osetia. El director dice que ha decidido “alzar la voz ante cualquier injusticia, sobre todo contra los niños y los civiles, que no pueden ser objetivo de los ejércitos porque no se pueden defender, y en Osetia fueron los principales objetivos”.
Gergiev cree que Occidente no entendió este conflicto y espera que no se vuelva a repetir pero que, si se volviera a dar algo similar, espera que los artistas e intelectuales también alcen la voz para protestar y denunciar los ataques contra los derechos humanos.
“Los artistas no deberían involucrarse en política, porque la música es una cosa y la política otra, pero sí creo que todo artista debe ayudar a luchar contra las injusticias, como pobreza, sobre todo la pobreza cultural”, concluyó.