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Análisis de las elecciones europeas, una mirada al futuro

Irina Betancor Almeida

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Tras la primera campaña europea de movilización de la ciudadanía, los resultados comienzan a florecer en los datos. La coincidencia en España de las elecciones al Parlamento Europeo con las elecciones autonómicas y locales en multitud de territorios ha dado un fuerte impulso en la participación, con una subida de más de 15 puntos respecto a las elecciones que tuvieron lugar en 2014 y una participación total del 64,31%.

Es difícil analizar lo que podría implicar en términos de resultados la concurrencia de elecciones y el beneficio de la misma. Tradicionalmente, las elecciones europeas son las elecciones con volumen más bajo de participación, concebidas para dar voto de castigo o como una ocasión oportuna para redimirse del voto de fidelidad y echar una canita electoral al aire probando con partidos nuevos o situados a los extremos del espectro. Sin embargo, la movilización de la izquierda en las pasadas elecciones generales ha resonado en las elecciones europeas, dando una amplia victoria al Partido Socialista, con 20 diputados en la Eurocámara.

En Francia, los resultados han dado la victoria al partido de extrema derecha Reagrupamiento Nacional, mostrando la fractura creciente en la sociedad francesa, un país históricamente europeísta y uno de los fundadores del proyecto europeo. En Reino Unido, el antieuropeísta Nigel Farage ha liderado en número de votos, vanagloriándose de su condición como el que dice ser “el eurodiputado más breve de la historia”. Por otro lado, en Alemania, el voto joven se ha hecho oír en el apoyo firme a Los Verdes con un resultado del 20,5%, una tendencia que se ha venido vaticinando con los llamados Fridays For Future, una iniciativa que ha movilizado a miles de jóvenes por toda Europa.

Más al este, la participación también ha aumentado en Polonia y Hungría, dos puntos claves en estas elecciones europeas en las que el rechazo a la Unión ha ido incrementándose desde el inicio de la crisis económica en 2008. En particular, durante la última legislatura, la crisis de los refugiados en el Mediterráneo ha generado una fragmentación entre los Estados miembros. La fractura Este/Oeste está determinada por un posicionamiento diferenciado en relación con el control de las fronteras y la gestión de los flujos migratorios. En particular, en Polonia, los reformistas conservadores se sitúan en primer lugar, seguidos por el Partido Popular Europeo, el grupo político que parece que va a liderar el Parlamento. En Hungría, el partido de Viktor Orban se impone con un 52,33% de los votos, reafirmando su liderazgo y planteando una problemática ya existente durante la última legislatura en relación con la permanencia de su partido en el grupo político del Partido Popular Europeo. Si se repite la fórmula del spitzenkandidaten una nueva gran alianza tendría lugar entre el Partido Popular Europeo, ALDE y los Socialistas Europeos y le otorgaría la Presidencia de la Comisión a Manfred Weber, el candidato del PPE con 173 escaños. Sin embargo, la aproximación entre Pedro Sánchez y Emmanuel Macron podría augurar una alianza entre Socialistas y Liberales, arrebatando la presidencia de la Comisión al PPE. Los contactos entre ambas formaciones comenzaron el lunes, seguidos de la planificación de diferentes reuniones en Bruselas en las que participarán, además, los primeros ministros de Bélgica y Holanda y el socialista António Costa, de Portugal.

La participación total ha alcanzado el 51% y los resultados dibujan un Parlamento en el que los grupos antieuropeístas no alcanzarían el mínimo de escaños para ejercer un bloqueo institucional, parece que, por ahora, el partido se ha salvado. La conclusión tras esta jornada electoral es clara, Europa sigue vigente como la única alternativa viable para los ciudadanos. Sin embargo, la nueva legislatura se enfrenta a un periodo decisivo en la formulación y construcción de un renovado proyecto europeo en el que el Brexit sigue jugando un papel central, la guerra comercial entre China y Estados Unidos sigue escalando y Europa tiene que cuestionarse sobre sí misma y su lugar en el nuevo orden internacional. En este sentido, la herencia que deja Jean Claude Juncker es, cuanto menos, prometedora. El acuerdo económico con Japón, que entró en vigor el pasado febrero, y el acuerdo de asociación global con México dan fe de la capacidad regulatoria que mantiene la Unión en sus relaciones exteriores. Los avances en materia de regulación de la protección de datos así como la transición energética, en la que se incorporan los Objetivos de Desarrollo Sostenible, muestran, una vez más, la orientación de las políticas europeas hacia la ciudadanía, una perspectiva que durante la crisis del euro llegó a tambalear en muchos Estados miembros.

Ahora da comienzo el largo proceso de composición institucional, designación y elección de cargos por parte de los estados, un calentamiento que preparará el terreno de juego para los próximos cinco años, una etapa crucial para la Europa que hemos conocido.

Irina Betancor Almeida

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