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Día de las Madres

La pandemia del Covid-19 no impidió que Breña Baja rindiera homenaje a las madres.

La pandemia del Covid-19 no impidió que Breña Baja rindiera homenaje a las madres, en medio de una Eucaristía celebrada en el complejo parroquial de San José por su titular Ángel Luís Pérez González, quien durante la homilía comparó el amor de la madre con el amor de Cristo.  La representación municipal estuvo presidida por su alcalde, Borja Pérez Sicilia, y siguiendo las directrices del confinamiento, la tercera parte de los fieles habituales fueron testigos de que un años más, esta tradición vinculada a la historia del municipio, permanece viva. Una demostración de que en esta Villa, como en otros muchos pueblos, las raíces del pasado hacen sólidas, verdaderas y entrañables todas las cosas. 

El 5 de abril de 1936, a propuesta del entonces concejal Félix Duarte, el consistorio de Breña Baja toma el acuerdo de celebrar El Día de las Madres, anualmente, el tercer domingo del mes de mayo. Como saben, Breña Baja debe a esta celebración y al informe favorable  de la Academia de La Historia el otorgamiento, en 1947, por parte del Ministerio de la Gobernación, del título de Muy Noble y Honorable Villa. 

En palabras de Gumersindo Galván de Las Casas, ‘no es de extrañar que se le haya concedido el título de Muy Noble y Honorable Villa. Nobleza demostrada –señala Gumersindo –en el vivir social de sus habitantes; honor alcanzado por sus propios méritos y que seguramente sabrá conservar como la más preciada distinción, dejándolo como la mejor herencia para las generaciones venideras’. 

El otorgamiento del título de MUY NOBLE Y HONORABLE VILLA influye notoriamente para que, en 1955, Breña Baja otorgue a Félix Duarte el título de Hijo Predilecto.  Y es que la fiesta de las Madres siempre tuvo un latido especial en este municipio, con Félix Duarte como uno de sus principales impulsores. 

Dieciséis años tenía el poeta, cuando hizo realidad su sueño de conocer otros mundos,de viajar más allá del mar… 

¡Madre: no te aflijas! ¡Alégrate! ¡Reza!

Si me voy, ¡qué importa?

La ausencia nos ata con sus invisibles lazos amorosos…

Volveré mañana a besar tus labios,

muchos por las huellas seguras del tiempo

con recién nacido candor de esperanzas. 

Hay momentos referenciales en la historia que incluso es preciso recordar para reconocer la tarea de las mujeres que aquí quedaron cuando sus maridos, padres hermanos e hijos hicieron las Américas… “Madres  resignadas y ansiosas, pacificas, cariñosas y, a veces, agresivas por el efecto psicológico del agobio y la tensión emocional consecuente con la penuria económica y la sobrecarga de los hijos o por el trabajo excesivo. Recuerdo  que a muchas de esas mujeres las faenas cotidianas les absorbían todo el tiempo, hasta el punto de marcar el ritmo de sus vidas: labraban el campo detrás de una yunta, cuidaban a los animales y recogían las cosechas, mientras que otras conciliaban las tareas domésticas con las actividades artesanas, sobre todo la costura y los bordados que, especialmente en Breña Baja, formaron parte de un aprendizaje necesario. Mujeres que, como escribió Manuel Alemán, al acabar la jornada y llegar la noche, sufrían  de nostalgia y apenas dormían por el desasosiego incurable de las ausencias. Por suerte los emigrantes mejor situados canalizaron sus ahorros hacia la tierra que dejaron y, tras su regreso, cambiaron en parte, con su dinero y esfuerzo, la fisonomía de nuestros pueblos. Otros regresaron sin dinero  pero se convirtieron en defensores de las tradiciones y fueron próceres de nuestra cultura.  Entre ellos está Félix Duarte, al que bauticé un día como el Indiano Poeta,  porque de él se dijo en Cuba que había sido el intelectual más sobresaliente del colectivo de inmigrantes isleños, asentados en las localidades de Taguasco y Zaza del Medio, en el centro de la Isla.   Y fue de allí, de la llamada Perla del Caribe, de donde Félix  nos trajo ese ritual que conservamos de homenajear a las madres. Una celebración que señala y señalará para siempre la singular historia de nuestro pueblo ya que, desde hace años, las rosas, roja y blanca, que representan a las madres vivas o muertas, forman parte del escudo de esta Noble y Honorable Villa de Breña Baja, de la que me cabe el honor de ser su Cronista Oficial.

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