El plan de cada día

Ana García.

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Es fácil saber cuándo va llegando la Navidad. No porque haga más frío o se acorten los días sino por las luces de la calle, los escaparates de las tiendas o los villancicos. El pistoletazo de salida para la Navidad española es la puesta a la venta de los décimos de lotería a principios del verano: seis flamantes meses antes…que no quita que algún que otro alcalde aproveche el circo para poner luces en agosto.

También es fácil saber cuándo es año electoral por el pistoletazo de salida de las obras urbanas. Todo aquello que no se ha arreglado en tres años se pone de patas arriba para que esté reluciente el día de reflexión. Además, las redes sociales y los medios se adornan, más de la cuenta, no con bolas para el árbol, sino con acusaciones cruzadas entre partidos compitiendo como gallitos en “y tú más” o con utilizaciones partidistas de los canales oficiales anunciando cosas que no vienen a cuento, poniéndose medallas por hacer meramente su trabajo (no por excelencia), sino por cumplir con el puesto o con los imperativos legales. Pues bien, hemos abierto oficialmente la temporada de elecciones para 2023. Casi 10 flamantes meses antes. Y es fácil generalizar que tenemos a toda la clase política anunciando que el contrario no lo ha hecho bien sin mirarse la propia joroba. Tontos hay en todos los partidos. Incluso en el mío.

Es hora de postularse para las listas electorales, es hora de mantener el sillón calentito, es hora de ponerse las mejores galas e ir a todos los eventos posibles donde te puedan sacar una foto y aparecer sonriendo con tu equipo al que normalmente detestas, eso si vas con el equipo porque en todo esto hay mucho narcisismo. No hay lotería en las elecciones pero hay, tachán, tachán, fiestas patronales o eventos culturales. Son un escaparate perfecto para un maratón de fotos donde no avisas a la oposición aunque se lo merezca o a las autoridades si son de signo contrario. Escaparate para saludar a todo hijo de vecino, para lucir palmito y para luego pasearse escoba en mano (o pala para limpiar nieve), porque para limpiar restos eres inigualable… Un verdadero escaparate navideño, escenificado y a todo color. Y si con las fiestas no hay suficiente, venga a anunciar cada pasito que das. Tan cansino como los que suben al Facebook la comida que comen: ya sé que comes mi niño, pero deja comer a los demás...

Qué triste que no haya formación para un político. No se exige ni currículum, ni estudios mínimos, ni méritos ni tan siquiera interés por el bien común. Por no exigir, tampoco se exige el cumplimiento de lo prometido, la rendición de cuentas, se premia la demagogia y dimitir es todo un mito. Y atención que la culpa no es del político mediocre de turno. Es de todos. Porque no contrastamos, porque no votamos en consecuencia, porque realmente solo nos interesa lo inmediato y lo concreto: y, ¿qué hay para mí, ahora? Aquí todos nos aferramos a un sillón, el que sea: un trabajito, una ayudita, lo fácil, porque “el día a día ya tiene lo suyo y yo tengo suficiente con lo mío”. Nadie va a tirar la primera piedra, salvo comentarios en el Facebook, más o menos anónimos. Ni la clase política que mayoritariamente no se autoevalúa y no es consciente de que es simplemente un método participativo para facilitar la convivencia, como lo son las Ongs, las asociaciones sin ánimo de lucro o el compromiso ciudadano. Y además, la participación política debe tener fecha de caducidad, por un tiempo y luego a casa.

Pero la prensa tampoco se libra de la responsabilidad, ya que recibe dinero de grupos políticos o de corporaciones y encima tiene dueños que dictan las editoriales. Decía George Orwell, que el “periodismo es publicar algo que moleste a alguien. Todo lo demás son relaciones públicas”. Pues aquí es difícil encontrar a un periodista que moleste, que indague, que se moje. O a una ciudadanía que exija pero que también participe activamente. Y desgraciadamente prima el postureo, las acciones muchas veces se improvisan y se adaptan a la opinión pública (¿qué dice la encuesta?) pero no al bien común. Sin embargo, las acciones deberían hablar por sí solas: mejoras en la red viaria, planificación urbana, desarrollo económico, calidad de los servicios municipales, educación, sanidad, atención ciudadana, promoción de la cultura más allá de los conciertos de reggaetón, modernización, creación de empleo, seguridad jurídica, transparencia…Hechos contrastables, simplemente.

Y lo peor es que en el ambiente social y político esto es el plan de cada día: culpas, juego sucio, anuncios vacíos y fachadas, muy poca productividad y afán constructivo. Muy cansino de verdad. Dan ganas de tirar la toalla. Todo proyecto necesita unas metas y unos objetivos medibles. Todo proyecto para la mejora de una sociedad, necesita evaluar los resultados: inicio, recorrido y final. Pues ya sabemos que hay partidos políticos que no tienen ni programa ni plan para mejorar la sociedad, quizás la suya. Otros tienen programa (electoral) pero no lo cumplen o lo convierten en un proyecto personal (escalada de puestos). Los menos, tienen un programa a largo plazo, una planificación y evalúan los resultados pero es fácil perderse en la burocracia y perder de vista el objetivo.

En una economía como la nuestra, donde el tejido productivo lo tejen las pequeñas empresas y los autónomos, no deja de sorprenderme tanta disonancia. Un autónomo tiene un plan y lo trabaja, listados de cosas por hacer donde no se incluyen las vacaciones, los días de asuntos propios, o bajas por enfermedad. El plan se tiene que cumplir y sudarlo, con la necesidad perpetua de trabajar más de la cuenta, para comer, para pagar impuestos y porque uno nunca sabe cuándo llegan las vacas flacas. Pues en una sociedad con pequeños autónomos esclavizados y empleados precarios, ¿cómo se puede aceptar una clase política sin plan o con planes mal llevados, que no hagan lo prometido, con corrupción que no se paga o con un clima político desquiciado? ¿Es esto productivo? ¿es aceptable?

Lo único que se me ocurre es que si la ciudadanía no tiene las necesidades básicas cubiertas o están distraídos (el típico “pan y circo”), no queda tiempo para exigir una gestión pública con fundamento. Eso, o que no tenemos ninguna sangre francesa para crear revoluciones.

Solo pido responsabilidad, la certeza de que la gestión sirva para el desarrollo real, productivo y al acabar cada cuatro años se fijen nuevos objetivos. Supongo que es mucho pedir que la competencia entre grupos políticos y dentro de los mismos, sea el “nosotros más” porque avanzar solo se consigue tirando en el mismo sentido y no echarse los dardos a la cara. Donde la rivalidad sea competencia en positivo, por ver quién consigue más y no en a ver quién pone pone más obstáculos. Y sobre todo que los gestores tengan un mínimo nivel, no los coleccionistas de portadas vacías, los tienen más contactos, ni mediocres, ni mentirosos.

Así que nos faltan planificar pero luego concretar, claro. ¿Te has ganado el sueldo? En definitiva, necesitamos calidad, dedicación y no perder de vista que el objetivo es el bien común, y no el personal. Se me ocurre a más de uno que debería pasar un curso intensivo de dos años de autónomo o trabajar 14 horas en un bar. Se les acabaría la tontería. Ya verás el día que se enteren de que si van a un pleno o se cogen las mitológicas vacaciones de un autónomo, durante ese tiempo no van a cobrar…Dicho esto, mis felicitaciones a los concejales de pueblo que dedican su tiempo libre y su esfuerzo altruisticamente para al bien común, a los que trabajan en una Ong por puro sentido del civismo, a los ciudadanos que piden explicaciones vía instancia a pesar de es posible de que no reciban respuesta y a los periodistas que investigan y son más que relaciones públicas. En fin, a todo aquel que se implique en mejorar la sociedad porque entiende que cada uno debe aportar lo que sabe, lo que puede y lo que debe, porque eso es vivir en una comunidad… En fin, el que lea esto, quizás se anime a participar y quizás, solo quizás, subamos la nota media.

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