¡Así, no! La Reserva de la Biosfera palmera, ante su inexplicable relevo gerencial

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Llevo unas pocas horas tratando de digerir la mutación kafkiana que ha sufrido el formato o modelo de la gestión de la Reserva Mundial de la Biosfera de La Palma (RMBLP), en aras de una esotérica renovación en su funcionamiento institucional. He dicho bien, esotérica, o sea, propia del ecosistema que escapa a los principios de realidad y coherencia con las trayectorias analizables y valuables.

Creo de verdad que para la evaluación no distópica, irreal de los palmeros que hayan seguido el ciclo de vida de la RMBLP -crearse, afianzarse, afirmar su impronta en un conjunto de pares, liderar el apoyo a otras reservas nacientes, involucrarse en avances conjuntos,…- el mazazo de renovarse ante nuevas perspectivas, suena al gutural carnero cuando es degollado. Porque, gente de nuestra isla, ¿cómo explicar una innecesaria sustitución, que es más que renovar, algo que viene funcionando bien y a satisfacción de todo tipo de evaluadores? Una operación por algo que se promete lleno de buenas intenciones, pero sin certezas de avance organizativo.

El Consejo Científico al cual me he honrado en pertenecer y compartir todas y cada una de sus decisiones adoptadas desde hace 18 años, ha expresado de forma unánime y sin ambigüedad alguna, que el gerente Antonio San Blas ha encarnado profesionalmente de manera excelente esa voluntad de servicio; creando múltiples vínculos relacionales, conformando el trabajo en equipo con sus colaboradores llegados por oposiciones libres y con méritos acreditados, o en lograr ser un polo nodal en la red de las Biosferas de la Unesco; y lo que es muy sintomático en los buenos gestores, preparar a consciencia y con calidad documental planes A y contingentes ante los escenarios de diferentes proyectos, propuestas o acciones que se han venido desarrollando bajo las directrices de Unesco y el órgano nacional de las Redes.

Realmente, no damos crédito a este despropósito del que no sabemos si es un salvavidas a un náufrago que carece de agarradera alguna, o es por ser uno de esos revuelos gallináceos de las políticas al uso en su demostración de que son dignos representantes de la mediocracia reinante.

Reiterar y ahondar en una labor que responde a criterios organizativos de la institucionalidad internacional de la Unesco, donde prima una vertebración sustentada en el buen hacer y en el estar predispuestos a integrar soluciones de conjunto y no acciones segmentadas, no es gerencialmente una mera tarea susceptible de explorar pruebas y errores. Es acreditar que se sirve para ello. Y Antonio San Blas, lo había demostrado en múltiples casuísticas.

La RMBLP puede certificar que en sus largas reuniones –casi seis horas cada una- donde se trataban extensamente los puntos del orden del día, el gerente Antonio San Blas nos ha demostrado dominio, contextualización y alternativas posibles en situaciones donde no estaba claro el conveniente sendero posicional. Esa ha sido una prueba definitiva de que estábamos en presencia de un gerente y equipo dominador de las contingencias a las que íbamos enfrentándonos en la evolución de la RMBLP. Por mi especialidad profesional, puedo apostillar que el desempeño de un CEO, líder ejecutivo de un equipo, no solo se traduce en su capacidad de mando, sino sobre todo en lograr que la entidad sea un lugar confiable y que tiene capacidades suficientes para solventar incidencias varias en su gestión cotidiana. Algo que hemos percibido los miembros del Consejo durante tantos años, pues pocas han sido las circunstancias de aplazar y recapitular nuestra decisión final tras la reunión de turno.

Me ha dolido especialmente, en la fase previa de la decisión del cambio, haber leído una asociación de renovación por parte del Cabildo Insular incluyendo a SODEPAL con la RMBLP. Todos los palmeros hemos conocido por la prensa en varios momentos que SODEPAL ha incurrido en prácticas nepotistas y del usual clientelismo. En la RMBLP todos sus miembros han sido seleccionados en oposiciones libres y con acreditaciones de méritos académicos y de experiencias profesionales. Por ello, ruégase por favor que esa supuesta renovación no sea extensible a una RMBLP que si algo le ha caracterizado es irse adaptando a las innovaciones operativas y organizativas que le han ido marcando desde instancias insulares, regionales, nacionales y de la propia Unesco. Ni en un solo caso, esos requerimientos adaptativos han sido advertidos por no cumplimentarse. Es uno de los avales más sólidos que esgrime la Reserva.

Quisiera incluir en esta exposición, cargada de cierta o mucha indignación la falta de razones plausibles para hacer cambios de esa índole estratégica desde las autoridades de nuestra isla. Veamos dos principios recomendados por los estrategas de cambio:

-Cuando algo funciona sin quejas de terceros que son los relevantes, no parece concorde que los locales sean los que cuestionan las idoneidades y necesidades de cara a reorganizar los engranajes institucionales. Eso no es voluntad de racionalizar el sistema de funcionamiento y decisional, sino el querer domesticar supuestas preferencias de cómo deben ser los qué, cómo, cuándo, dónde y hasta los límites a los que llegar. Eso no es propio de una autoritas racionalizadora, sino de un vulgar arbitrismo parroquial.

-En segundo lugar, buscar que en nuestra isla se vayan afianzando las capacidades y esquemas operativos para una mayor calidad institucional de nuestros operadores, cosa vital para salir de atolladeros en el crecimiento, está reñido con este estilo de una institución cabildera de regate corto, silenciando una justificada discrepancia parapetada en la voluntad de una votación, por ello cuestionable éticamente.

Me he permitido, queridos lectores del pueblo palmero, traer a colación un ejemplificante capítulo de nuestra historia política y mentalidad social, y que nos ha retratado de manera excelente nuestro paisano historiador José Eduardo Pérez Hernández, en su libro antológico «Las personas de valer» (2007). Una etiqueta que como bien exponía, tal grupo de personas era para los poderosos que tenían el dominio político, consustancial a la posesión, antes de bienes de fortuna y ahora, al parecer, de una mayoría electoral. Por el contrario, y sin afán alguno de subvertir el estado de lo existente, la entonces y ahora esfera de opositores o discrepantes podría utilizar tal epíteto con aquella consabida ironía de la impostura. Algo que no deja de asumirse contraponiendo a los valores materiales y electorales, esos otros supuestos vinculados a la virtud, el talento y la profesionalización. ¡Verdad que suenan con ritmo repetidor ambas músicas!

Finalizo sin recurrir a un maniqueísmo fácil. Rehacer las cosas porque sí no es un remedo que garantiza lo modernizador. En La Palma, digámoslo claramente, se ha producido una de esas sustituciones propias del antiguo caciquismo y lo siento decir así. No hay regidores perpetuos, ni cangrejos o carboneros combatientes. La dialéctica política de aquellos tiempos, sí nos sigue faltando, respetados decisores públicos: venimos careciendo de espíritus sensibles que sobrevuelen sin descanso arbitrarios actos de prepotencia institucional. Se ha empezado por no dejar leer lo acordado por este Consejo, y se termina en un anaquel histórico donde se incurre en un deforme y aberrante error institucional. ¡Porca miseria! 

Adenda

Ante las circunstancias descritas, mi decisión de no continuar en el Consejo Científico es formalizar mi renuncia por el cauce procedimental. Antes no quisiera terminar sin expresar la satisfacción personal y profesional de haber compartido estos 18 años con queridas personalidades bajo un ambiente institucional realmente estimulante. Es una pena que tantos paisanos no tengan la oportunidad de oír y alertarse con las reflexiones, isla adentro y afuera, del ilustre paisano Manolo Fernández, un currante de ley ante lo que debatíamos en cada reunión; en el dominio botánico de Arnoldo Santos; las precisiones históricas de Ana Viña o lingüísticas de Carmen Alayón; en el amplísimo conocimiento de Jorge Pais sobre el patrimonio de nuestros ancestros; o en el bagaje metodológico y de lo marino que nos hacían saber Antonio Fernández y María Ángeles Rodríguez…; o de las puntualizaciones sociales y antropológicas de Neris o del archivo viviente de nuestros campos y lo rural que tiene Vladimiro Rodríguez Brito,… Ciertamente, pasamos página no sin obviar ese trabajo de trastienda que en la logística nos ha brindado el competente y cordial Isaac Pérez. Y siempre, siempre, el agudo y persistente Antonio San Blas sacando a flote uno y otro tema por muy enrevesado que fuera.

El Consejo seguirá, solo deseo que tengan la misma fortuna que me tocó vivir en ese prodigioso carrusel de iniciativas, proyectos, estrategias, congresos y jornadas que se promovieron desde la Reserva. A sus integrantes sí les considero palmeros con mayúsculas. Larga vida y feliz travesía a las y los sucesores.

José Ángel Rodríguez Martín

Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de La Laguna.

Palmero de Tazacorte

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Publicado el
24 de noviembre de 2020 - 20:52 h

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