Pablo Ramón Rodríguez: “Estoy aquí por la medicina, sí, pero, sobre todo, por amor”

Esther R. Medina

Santa Cruz de La Palma —
15 de octubre de 2026 09:20 h (Hora canaria)

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Pablo Ramón Rodríguez firmando ejemplares de su libro en Madrid.

Es un superviviente. En junio de 2022 se contagió en Chile de la COVID-19 y su caso fue considerado muy grave. Allí permaneció tres meses en la UCI, en coma e intubado. Y en mayo de 2023, ya en La Palma, volvió a contraer el virus y pasó casi dos meses en la UCI también intubado y en coma más de 45 días. El daño pulmonar era tan devastador que le provocó un paro cardiorrespiratorio. Estuvo al mismo borde de la muerte. Ahora, el escritor palmero Pablo Ramón Rodríguez narra en un libro, titulado ‘Sin respirar’, la experiencia límite que vivió con el coronavirus. La obra se presenta este viernes, a las 19.30 horas, en la Casa de la Cultura Braulio Martín Hernández de El Paso. En una entrevista con este periódico, asegura que “estoy aquí por la medicina, sí. Pero sobre todo estoy por amor”. La enfermedad lo zarandeó con furia, pero no logró arrebatarle su espíritu de superación. “Si me caigo me levanto y sigo adelante. Si me duele, sonrío. Creo que afrontarlo así hace más felices a quienes están junto a mí. Parezco un flipado, pero soy así”, afirma.

Vivió una experiencia límite de la que casi no retorna. Ganar la batalla que libró contra la neumonía que le provocó la COVID-19 y que devoró sus pulmones, ¿fue un milagro? ¿cuánto ayudó la medicina y cuánto su actitud de lucha?

En realidad, fueron dos experiencias límite, porque enfermé dos veces en apenas un año. Pero seré sincero. No creo que fuera un milagro en el sentido religioso de la palabra. Creo que fue un milagro “de amor”. Porque todos los que me amaban, los que me han amado siempre desde que llegué a este mundo, no me abandonaron. Lucharon, pelearon, negociaron, sacrificaron parte de sus vidas para estar junto a mí. Yo enfermé en el otro lado del mundo -Chile- y allí estaban mis hijas y gente que me amaba conmigo. Pero es que una parte de mi familia cruzó el Atlántico y se mantuvo junto a mí durante meses sin saber si yo me levantaría de aquella cama. Y otra parte quedó aquí sosteniéndolo todo y pasando noches y noches sin dormir. Estoy aquí por la medicina, sí. Pero sobre todo estoy por amor.

¿En algún momento tuvo conciencia de la gravedad de su situación?

Supe que estaba extremadamente mal la segunda semana. Ni siquiera sabía que era COVID-19. No podía respirar en absoluto. Fui como pude a urgencias por segunda vez, había ido una semana antes. Pero me mandaron para casa diciendo que mi problema era por el sobrepeso. Me quedé alucinado y llegué casi arrastrándome hasta el hospital. Allí me detectaron una neumonía que ya era muy grave.

¿Cómo se ve el mundo con un cuerpo anegado de morfina y fentanilo?

Es una paranoia absoluta. No mola nada. Es difícil entender por qué algunas personas usan esto con fines lúdicos. Pero hay muchos factores que tristemente les empujan a esa mierda. Con ella simplemente no estás aquí, te desconectas, te borras. A veces empiezas a alucinar, escuchas cosas que nadie dice, dices cosas sin sentido, malinterpretas todo… Es una puta mierda. Perdón, pero no hay otra forma de decirlo. Eso sí: cuando estás lleno de huecos, tubos y vías por todo el cuerpo… al menos no sientes nada.

En su existencia hay un antes y un después de la COVID-19. ¿Qué ha cambiado?

Yo había realizado un cambio radical de estilo de vida muy grande hace ya unos cuantos años. Me di cuenta de que la felicidad es lo único importante en la vida. Y era feliz de un modo muy simple: amaba a mis hijas y a mi familia cada segundo de mi vida. Y al volver a estar aquí después de todo lo que viví nada ha cambiado, pienso amarlos a tope hasta el último segundo que el universo me regale.

¿Puede llevar una vida relativamente normal?

¿Qué es relativamente normal? Normalidad es una palabra muy complicada para mí. Es complicada porque mi cuerpo no funciona en absoluto como antes de enfermarme. Yo era una persona joven, fuerte y sin dolor. Y hoy me canso al subir escalones, tengo dolores cada segundo del día, me caigo a menudo, no puedo cargar mucho peso... Pero yo lo afronto sonriendo y tratando de superarme a mí mismo. Si me caigo me levanto y sigo adelante. Si me duele, sonrío. Creo que afrontarlo así hace más felices a quienes están junto a mí. Parezco un flipado, pero soy así.

¿Qué opinión tiene sobre las vacunas?

Las vacunas son extremadamente importantes para evitar casos tan graves como el mío. Es cierto que no funcionan igual en todos. De hecho, yo estaba vacunado cuando enfermé. Pero cada organismo es diferente, tolera diferente, reacciona diferente. Y las vacunas para enfermedades de riesgo son absolutamente necesarias, aunque yo enfermara. No compro el discurso antivacunas de ninguna manera. Es más, creo que si no hubiera estado vacunado habría muerto días antes de llegar al hospital.

¿Por qué ha decidido contar su vivencia cercana a la muerte?

No lo decidí, simplemente pasó. Comencé a escribir lo que soñaba cuando estaba en coma para afrontar mi situación tras superar el paro cardiorrespiratorio de mi segundo episodio. Estaba absolutamente colapsado tras enfermar dos veces casi seguidas. Tenía que mirar el miedo de frente. Y un día, al releerlo, pensé que era una locura tan disparatada que resultaba incluso molona. Luego pensé que, quizás con algunos arreglos, podría convertirse en una historia capaz de mostrar cómo somos capaces de superar situaciones extremas. Y decidí publicarlo.

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