Iconoclastia
Bendito buenismo
Mientras una legión de policías armados desalojaban a una anciana discapacitada de 87 años de su vivienda de toda la vida, una diputada del PP enseñaba desde su escaño un bote de gas pimienta para culpar al ministro del Interior de la indefensión de las mujeres de Ceuta.
El esperpento de esta parlamentaria gallega del Partido Popular que se llama Ana Belén Vázquez no terminó ahí. Esta mentirosa impresentable y estridente a la que le encantan los numeritos manifestó a los medios de comunicación que el espray había sido vaciado antes de llevarlo al hemiciclo. La realidad es que ella misma le dio el bote a un empleado de su partido en el Congreso para que lo vaciara en el baño.
El hombre, nervioso, lo hizo tan mal que propagó el gas por las dependencias del Congreso a través de las instalaciones del aire acondicionado y el resultado fue que una quincena de personas quedaron afectadas y tuvieron que ser atendidas médicamente, entre ellas una diputada mauritana que estaba de visita en la Cámara Baja y una trabajadora de la cocina, que fue dada de baja por la intoxicación, los vómitos y la afectación en los ojos.
Vázquez negaba que el espray pimienta fuera un arma a pesar de que así está catalogado por la legislación española. Tanto es así que esta misma semana la policía lo ha empleado contra los migrantes que llegaron a Marruecos. Lo más triste es que esta diputada popular es policía (nada que ver con el guardia civil de Podemos de la anterior legislatura) pero no conoce las propias normas del cuerpo ni la legislación española, a pesar de llevar ya unos cuantos años de parlamentaria.
El PP es ese partido que se desgañita hablando de Ceuta para sacar a la luz un patriotismo obsoleto y trasnochado y de paso (o principalmente) remover al gobierno progresista de España. Le importa un bledo lo que le ocurre a una anciana en silla de ruedas que echan de la casa en la que ha vivido 71 años como si fuera una bolsa de basura.
La policía cumple con su trabajo, son unos mandados que responden a órdenes judiciales o ejecutivas. El Gobierno no puede anular un mandamiento de un juez. En este caso la función gubernamental es sacar adelante leyes en el Parlamento que prohíban los desahucios vergonzosos como el de Maricarmen pero si el Parlamento cuenta con una oposición pertinaz que se lo impide es imposible que un juez aplique una ley que no existe.
Sin embargo, la parte mayoritaria del Gobierno no puede irse de rositas ya que recientemente tumbó una proposición de ley de Sumar contra los fondos buitre que hubiera evitado el desahucio de Maricarmen.
Es evidente que la policía cumple órdenes pero ha quedado evidenciado un vez más que su celo profesional es distinto ante los manifestantes de un bando o de otro. La policía se comportó de manera dura, expeditiva y agresiva ante los centenares de personas que intentaban impedir el desahucio de Maricarmen Abascal. Lo del apellido es pura casualidad.
La derecha extrema y la extrema derecha blanden con mucha facilidad la bandera de España pero sobre todo para dar cocotazos a sus compatriotas que piensan distinto que ellos. Esta misma semana una turba salvaje y ultra de españoles apedreó en Ceuta un coche conducido por una diputada de la ciudad autónoma y dos abogados activistas, ella de Naciones Unidas.
Por supuesto que esto no mancha a todos los habitantes de Ceuta que están pasándolo mal y tienen toda la solidaridad, sino solo a estos ultras descerebrados, pero ni siquiera la derechona ha sido capaz de condenarlo. La derechona solo condena a los migrantes de Ceuta, incluidos los 141 ahogados en el intento.
Las tres personas que ocupaban el vehículo estuvieron a punto de ser linchadas y casi no lo cuentan. Sin embargo, todos pudimos ver por televisión y en las redes sociales el comportamiento tibio de los policías frente a los agresores rojigualdos. En cambio la policía fue contundente y tajante dando porrazos a los jóvenes que se atrincheraron junto a la casa de Maricarmen para evitar su desahucio.
El Gobierno tiene responsabilidades obvias pero en este caso más aún las tiene la oposición que se ha negado sistemáticamente a resolver el problema de los desahucios en España. PP, Vox y Junts se han negado sistemáticamente a resolver el problema por las buenas en el Parlamento, quizá porque ellos prefieren hacerlo por las malas y violentamente. Parece que la oposición está más cercana a los fondos buitre que a sus compatriotas más vulnerables. Tenemos en España una oposición buitre, que es a la política lo que los fondos son a la economía. Al final todo es cuestión de dinero, avaricia y maldad. Es lo que diferencia a unas personas de otras.
Además es preciso recordar una vez más que las competencias de vivienda las tienen las comunidades autónomas, que son las primeras en desentenderse del asunto. Las competencias están transferidas desde hace muchos años. También los ayuntamientos pueden hacer algo en sus normativas municipales para luchar contra las zonas tensionadas.
Ayuso, tras demostrar de nuevo su indigencia política al llamar comunistas a los que luchan contra desahucios injustos, volvió ayer a culpar al gobierno central de la caótica situación. Al mismo tiempo no termina de explicar de forma razonable y satisfactoria por qué quiso comprar un ático de seis millones y medio de euros con dinero público de la Comunidad. Es indecente y pornográfico que haya tantos millones para los antojos de ciertos políticos mientras no hay dinero para resolver el problema básico de la vivienda de los damnificados más vulnerables.
Ojalá el martirio de Maricarmen sirva de una puñetera vez de punto de inflexión en los políticos que han mostrado dejadez y negligencia sobre el derecho a la vivienda de todos los españoles, seguramente porque con sus sueldos pueden tener una o varias en propiedad sin los problemas del común de los mortales.
El derecho a la vivienda está recogido en nuestra Constitución, esa que tanto aplauden los patriotas de hojalata cuando hablan de Cataluña pero que tanto detestan cuando se trata de defender los más fundamentales derechos humanos.
Los desalmados e insensibles compatriotas que defienden los desahucios de los fondos buitre se han deshumanizado tanto que no parecen seres humanos. Se hartan de criticar el buenísimo que aún queda en nuestra sociedad.
Si no es por estos jóvenes idealistas que han puesto su cuerpo para recibir golpes por tratar de evitar el desahucio de una anciana otro gallo habría cantado. Si a eso lo llaman buenismo, bendito buenismo.
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