Iconoclastia
Del marrón al mojón
Una tal Ayuso, creo que presidenta de la comunidad (de Madrid), ha llamado comunistas a todos los españoles que protestan por los altos alquileres de las viviendas, sin reparar en que un alto porcentaje de ellos vota al Partido Popular y a Vox. Las encuestas, como el algodón, no engañan.
Porque la vivienda en España es un problema transversal y muy mayoritariamente de las clases más desfavorecidas económicamente. Es evidente que en la clase media y en la clase trabajadora hay un porcentaje amplio de compatriotas que votan a la derecha y a la ultraderecha y que no son precisamente ricos y cresos. También viven de alquiler.
No es un problema entre derecha e izquierda sino entre los de arriba y los de abajo, los pudientes y los menesterosos. Y muchas veces ni siquiera entre ellos porque hay ricos conscientes y pobres inconscientes. Se puede ser rico solidario y pobre egoísta
Muchas personas pobres votan a la derecha, los denominados fachapobres, y por eso resulta aún más ridículo escuchar a Ayuso diciendo tantas patujadas juntas. Si solo votaran a la derecha los ricos, no tendrían tantos votos. El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, la definió esta semana como una psicópata social. A algunos les pareció excesivo, pero luego le dieron la razón cuando consultaron el diccionario.
La indigencia intelectual de esta Heidi de pacotilla de la política hispana produce mucha vergüenza ajena, por lo que ya de sus votantes y simpatizantes ni hablo. Este es el nivel. Sin ir mucho más lejos, en Madrid hay un alcalde con muy poco carisma pero intelectualmente mucho mejor amueblado y preparado que la presidenta de la comunidad.
Es verdad que Almeida no es muy fotogénico, pero para la derecha debería ser un candidato mucho más sólido y solvente. Sin embargo, el abogado del Estado no tiene prácticamente influencia en el Partido Popular y Ayuso sí. Toma del frasco, Carrasco.
Cualquier persona medianamente informada sabe que en la propia Constitución española, esa del régimen del 78 que reivindican continuamente los partidos autodenominados constitucionalistas, ya está recogida la expropiación de viviendas. Por eso resulta doblemente ridículo escuchar las bobadas y estulticias de esta política de cascarón. Una vez roto ves que no hay nada dentro: ni yema ni clara. Clara era la amiga de Heidi.
El problema de que diga tantas tonterías seguidas es que su legión descerebrada de fans se lo cree todo a pie juntillas y arremete contra los inquilinos indignados por la progresiva conversión de la vivienda de bien necesario a mercancía de especulación. Si esta es la lideresa de la derecha española, que dios nos coja confesados, aunque fundamentalmente a los suyos.
Tiene gracia que la política que quería comprarse un ático de seis millones y medio de euros públicos sea la que insulte a los que no tienen una vivienda en propiedad y están obligados a pagar un alquiler prohibitivo o comprarse una casa pidiendo al banco una hipoteca igual de inalcanzable.
Se trata de la misma política que se fue a vivir a un hotel durante la pandemia a un precio de risa y la que disfrutó de un chalet de la sierra madrileña propiedad de la Comunidad de Madrid junto a su novio, el defraudador confeso Alberto González Amador. Con él ha estado viviendo en un ático de un millón de euros supuestamente comprado con dinero de su fraude fiscal.
Estos días la ultraderecha ha difundido por las redes sociales los pisos que tienen destacados representantes de la progresía nacional. Como si el problema fuera que Javier Bardem o el Gran Wyoming tuvieran 15 pisos en propiedad, Como si lo importante fuera el número de pisos que tenga cada uno y no el precio del alquiler. No hay ninguna objeción a la gente que tiene pisos comprados legítimamente con su dinero. Lo que es grave e inasumible es comprar un solo ático si se ha pagado con dinero negro y sucio.
Se pueden tener muchos pisos y alquilarlos a un precio razonable o se puede tener un solo piso y arrendarlo a un precio indecente por simple avaricia. La vivienda es un bien básico de consumo y no un bien especulativo. Eso tan sencillo no se lo meten en la cabeza PP y Vox, que votan en contra de todo lo que propone el gobierno por inercia. Eso sí, estos partidos no proponen ninguna alternativa habitacional que beneficiaría también a muchos de sus votantes.
Siempre será preferible un rico con conciencia social que un pobre egoísta manipulado por ultras inmorales. Coalición Canaria vota lo mismo que el PNV, o sea, en un decreto a favor y en el otro en contra. Es típico de los nacionalistas de derechas no mojarse nunca en cuestiones sociales, solo en las territoriales y puramente económicas.
Luego están PP y Vox, que se limitan a rechazar sistemáticamente todo lo que proponga el ejecutivo. Hay quien cree que la culpa de todo esto la tiene el gobierno por no sacar mucho antes las leyes para evitar desahucios en personas vulnerables, pero desgraciadamente el gobierno no tiene mayoría en el parlamento, que es el que vota las leyes y los decretos. Seguramente el gobierno, especialmente el PSOE pero también Sumar, ha podido hacer más de lo que ha hecho hasta ahora ya que el desahucio de miles de Maricarmen es un fracaso político y social. Sabemos la voluntad que tiene la izquierda para resolver este problema pero es prácticamente misión imposible poner de acuerdo a Podemos y Junts, además de a PNV y CC. Todos quieren algo a cambio.
El problema de este gobierno es que sus socios de investidura no suman una mayoría progresista. Últimamente el partido de Puigdemont vota más con PP y Vox que con el gobierno. Dios los cría y ellos se juntan. El gobierno no es el culpable de que los independentistas catalanes de derechas estén cada vez más identificados con la derecha nacional y la ultraderecha.
Esta crisis de la vivienda en España a raíz del injusto desahucio de Maricarmen le perjudica al Gobierno por su inacción, pero más aún a la oposición por su negativa permanente a resolver de cuajo este problema de fondo que afecta a toda la sociedad española de manera transversal.
Los únicos no afectados son los ricos que no tienen problemas ni con la vivienda ni con casi nada que represente un bien material o de consumo.
La derecha y la ultraderecha españolas están privadas porque creen que el problema le pasará factura al gobierno cuando en realidad a quien más pasará factura es a la oposición negacionista. A unos les ha caído un marrón, pero a otros directamente un mojón.
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