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De pie contra la muerte

Juan García Luján / Juan García Luján

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A Juan Gelman los militares argentinos le desaparecieron a su hijo Marcelo de 20 años y a su nuera Claudia de 19, embarazada de 8 meses. Y no paró Gelman hasta encontrar a la nieta que su nuera llevaba en sus entrañas cuando fue secuestrada. Los milicos asesinaron a Claudia dos meses después del parto y se quedaron con la niña. El poeta pudo encontrarse con su nieta cuando ya era una muchacha de 23 años. Por eso Juan Gelman entiende a los que luchan por la memoria histórica, porque las heridas no están cerradas, y ayer lo dijo en su discurso solemne: primero la memoria y luego la justicia. Así, dice Gelman, sólo es posible el olvido verdadero. Cree el poeta que quienes preconizan el olvido, la destitución del pasado en general, lo que realmente desean es la destitución de su pasado particular. Un pasado que quizá provocó las heridas de los olvidados (esto lo añado yo, pensando en Luis Mardones y reivindicando la memoria de Javier Fernández Quesada y tantos otros). Esto vale para la Argentina que sufrió Gelman o para la Canarias que vivimos y sufrimos nosotros. Y vale para otros países. Recuerda Gelman que los 200.000 civiles asesinados en Hiroshima tenían nombre propio y familias, y también los decenas de miles muertos en Irak.

Volví ayer al libro “Valer la pena”. Y me tropecé de nuevo con una poesía llena de preguntas: ¿qué hago en lo que fui?¿dónde hay un alma nueva que no sepa doler? ¿el horror es una música extrema? ¿qué hago mirando cada rostro?¿muero con ellos cada vez?¿estás ahí, país? Son preguntas que me ayudan en este navegar diario por un país que unos ven como una finca para hacer negocios y otros como un objetivo para gobernar algún día. Y abajo siguen los mismos, padeciendo las injusticias que Cervantes criticó en su época y que para Juan Gelman “ son las mismas que seguimos viviendo en este siglo XXI: la pobreza, la opresión, la corrupción arriba, la impotencia abajo”. A Cervantes le tocó hablar de aquel caballero andante que peleó contra los molinos, a Gelman lo intentaron asesinar los militares porque consideraban que un poeta guerrillero no cabía en la Argentina que querían dominar a punta de metralleta y a base de secuestrar y hacer desaparecer a los que luchaban por otro futuro. Y el poeta logró escapar de aquellos gobernantes asesinos y desde su exilio disparaba versos contra los genocidas.

Al lado de esas cosas tan grandes quizá resulta ridículo que uno se ponga a escribir hoy sobre las conversaciones telefónicas de un consejero del gobierno con un empresario que llamaba para pedir al gobernante que, por favor, las leyes no jodieran sus negocios, y allí estaba el consejero devolviendo la llamada para decirle “estamos en ello”. Por eso después de leer el profundo discurso de Juan Gelman en el acto del Premio Cervantes desistí de dedicar este artículo a valorar la estulticia en forma de discurso parlamentario que soltó ayer Domingo Berriel cuando dijo que lo malo no son las trampas a la ley, que lo grave es que exista gente que queramos contarlo. Escribió Gelman: “escribir sin contar es como vivir sin vida. Las palabras serán inocentes, pero no su relación.” Pues esto mismo vale para las conversaciones de Berriel y para este oficio de periodista. Creo que tenemos que seguir contando las trampas de los que gobiernan desde la política y de los que quieren mangonear desde la economía, tenemos que hacerlo aunque sólo sea para aliviar un poco la impotencia de los de abajo. ¿Estás ahí, país?

Juan García Luján

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